miércoles, 10 de febrero de 2010

NO SIEMPRE FUE FÁCIL


Foto: parte de la leyenda del AR Concepción. Algunos de mis mejores amigos.

Hubo una época en la que correr no estaba tan bien visto como lo está ahora. Hace unas décadas, correr se interpretaba de muchas maneras: si corrías por un parque ponías en peligro a los niños que jugaban. Si corrías por las aceras los peatones te increpaban porque pasabas demasiado cerca. En el polideportivo molestabas a los futbolistas (los reyes del deporte). En definitiva: éramos un estorbo.
Los fondistas del AR Concepción solíamos entrenar en la Avenida de Arcentales, en el Parque Conde Orgaz o en la Fuente del Berro. Precisamente en este parque ocurrió esta historia. Salimos del “poli”, ya de noche. Era invierno. Enfilamos por el Parque de la Concepción, el Mercado de Ventas y llegamos a la Fuente del Berro. Allí solíamos dar dos o tres vueltas por la parte más externa del mismo para hacer el recorrido más largo posible. Comenzábamos por el tramo más cercano a la M-30 y subíamos por una de sus innumerables cuestas hasta la fuente para desandar el camino por la parte superior del parque. Estábamos dando la segunda vuelta cuando repentinamente todos los corredores, un grupo de 8 o 10 nos caímos unos encima de otros. Alguien, no recuerdo quien, que encabezaba el pelotón se había trabado en un alambre cruzado de lado a lado del camino, atado a sendos árboles. El resto de corredores caímos bien por tropezar con el propio alambre o bien por la caída del compañero que nos precedía. Resultado: múltiples golpes y magulladuras. Tardamos unos minutos en reaccionar, pero no vimos a nadie merodeando por la zona para ver el resultado de su “hazaña”.

A la semana siguiente volvimos por el mismo recorrido. Como ya estábamos prevenidos de la “gracia” íbamos muy atentos por si veíamos el alambre, pero el cazador fue otra vez más listo que nosotros: esta vez lo había atado en una zona muy oscura del parque. Resultado: múltiples golpes, magulladuras y no volver por el parque en meses, hasta que pudiéramos correr con luz diurna.

He vuelto muchas veces a ese parque a correr, es un oasis en una zona de Madrid un poco “árida”. Imagino que nuestro “cazador” se habrá cansado de sus prácticas anti-corredor, porque actualmente hay muchas personas que disfrutan de esas cuestas para hacer deporte.

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