sábado, 17 de junio de 2017

DE OWENS A BOLT. DE MALLORY A JORNET

Expedición británica 1924.

 En muchas ocasiones se ha suscitado, en el ámbito del deporte en general y del atletismo en particular, comparaciones entre deportistas de diferentes generaciones. En el futbol es constante el debate sobre quién debe ser considerado como el mejor jugador de la historia: Pelé, Di Stefano, Maradona, Cruyff, Messi, Ronaldo … no faltan candidatos para un juego sin solución.

En el mundo del atletismo ocurre otro tanto, si bien aquí siempre tendremos el cronómetro de por medio para ordenar todas las comparaciones posibles en una insípida y muy deshumanizada tabla de marcas:  Jesse Owens, Carl Lewis o Usain Bolt.

Nurmi, Zatopek, Bikila, Gebreselassie…

Distintas generaciones, distintas circunstancias.

¿Qué marca hubiera podido realizar Owens en una pista de tartán con unas zapatillas de clavos de última generación, con los métodos actuales de entrenamiento, con la alimentación y los cuidados idóneos para su organismo en un ambiente de máxima competitividad y profesionalismo como el actual?
Zapatillas de clavos de Jesse Owens

Nunca lo sabremos porque nunca podremos calcularlo con exactitud. Pero…¿Importa?
 ¿El Olimpo de los dioses del deporte moderno tiene un número de escaños limitado? 
¿Tiene sentido el debate?

Por lo que a mí respecta caben todos ellos… y mucho más.

Y ¿a qué viene esto?

He seguido con mucha atención la gesta de Kilian Jornet en el Everest: sus dos ascensiones de manera directa desde las proximidades del Monasterio de Rombuk, en la vertiente norte de la montaña, sin suplemento de oxígeno, sin cuerdas fijas y sin paradas en campamentos intermedios. Subir y bajar. Dos veces en seis días. Es algo realmente increíble. La fuerza física y mental necesaria para realizar esta hazaña es un tesoro que poseen muy pocas personas en el mundo. Jornet es uno de ellos, como ya lo había demostrado en la consecución de tantos otros retos que se había propuesto. Toda la ascensión estaba perfectamente planificada y entrenada, con un equipo material absolutamente puntero en alpinismo.

Material con el que Kilian Jornet realizó la ascensión al Everest
Y de pronto buscando entre mis libros me encuentro la narración de la ascensión de Mallory e Irvine al Everest, la tercera expedición británica a la montaña más alta del planeta en su intento de alcanzar su cumbre.

Viendo las fotos que existen de aquella expedición y los relatos de la misma, me dejo llevar por la imagen de aquellos hombres que, en ausencia casi absoluta de un equipo medianamente técnico, con cuerdas de cáñamo, unos aparatos de oxígeno tan pesados como poco fiables, unas botas de cuero con clavos y ropa de algodón y lana de “andar por casa”, fueron capaces de superar todas las dificultades con tal determinación y coraje que han merecido, justamente, un lugar de honor en la historia de la exploración.
Botas de Mallory

Distintas generaciones, distintas circunstancias.

Mallory e Irvine fueron vistos por última vez tras superar el segundo escalón, en el entorno de los 8.600 metros de altitud.

En 1999 el cadaver de Mallory fue hallado por una expedición que rastreaba los cuerpos de ambos escaladores con el fin de encontrar evidencias que pusieran fin a las especulaciones sobre si fueron realmente ellos los primeros en pisar la cumbre la montaña más alta del planeta. A pesar de lo mucho que se ha investigado y escrito sobre el tema, no existe evidencia alguna acerca de si ambos alpinistas o alguno de ellos en solitario lograron pisar la cima.
Mallory y Norton en 1922

¿Es realmente la gesta de Kilian Jornet la hazaña más importante realizada en el Everest?

¿Importa? 
¿Realmente importa esa carrera por ser el primero en hacer algo distinto?

Desde luego merece todo el reconocimiento del mundo del alpinismo, incluso indirectamente también del atletismo puesto que su hazaña también, de alguna manera, está relacionada con el  de las carreras de montaña por su forma de alcanzar la cima.

Jornet acompaña ahora a Tenzing Norgay y Edmund Hillary, a Mallory e Irvine, a Apa Sherpa, a quien muy pocas personas conocen pero es el hombre que más veces ha coronado el Everest, con 21 cimas. A Reinhold Messner, Peter Habeler y tantos y tantos sherpas de nombre desconocido que año tras años se juegan la vida en las expediciones comerciales.

Caben todos y muchos más. Muchísimos más, porque el mérito depende de las circunstancias individuales. Igual que en el atletismo.


Distintas generaciones, distintas circunstancias. 

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