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Con Roberto y, tras la cámara, JL Arribas. Osea, "rodeado" de miles de kilómetros. |
Esta mañana me han preguntado en
el trabajo por qué hay tantas carreras solidarias.
“No lo sé”- He contestado. “Supongo
que la sociedad de alguna manera se auto protege y trata de tapar los “agujeros”
cuando la administración no es capaz de hacerlo. Es una forma de ayudarnos entre todos. ¿No?”
Y entonces han insistido. “Si,
pero por qué son carreras”. Pues … “Tampoco lo sé” “Imagino que porque somos
muchas personas las que corremos, podemos juntarnos en cualquier lado, no nos
hacen falta instalaciones, nos basta con la calle y … porque somos solidarios”.
Y aún me han preguntado. "¿Pero se
recauda mucho?" “Nunca es mucho. En dos semanas hay otra carrera solidaria.
Todavía podéis apuntaros”.
Corrí mi primera carrera solidaria
hace más de treinta años, en una época en la que no existían apenas carreras
populares, si lo comparamos con la actualidad, apenas existían ONG’s y las
pocas que había ni siquiera eran conocidas así.
La historia que motivó aquella
carrera me impresionó tanto que todavía hoy la recuerdo perfectamente.
Se trataba de recaudar fondos
para comprar una silla de ruedas. Resulta que un buen día (un mal día en
realidad) un hombre se tiró por una ventana harto de la vida. A saber cuáles
fueron los motivos que le llevaron a
tomar aquella terrible decisión. La mala suerte hizo que justo por debajo de
aquella ventana y justo en ese fatídico instante, pasara un corredor al que le cayó el cuerpo
encima con unas terribles consecuencias. Aquél corredor era muy habitual de las
carreras de Madrid. Uno de estos veteranos que no se perdían una. Duro, correoso,
peleón. Yo le conocía solo de vista. Coincidíamos con frecuencia en
competición.
Aquél día quedó paralítico. Atado a una silla
de ruedas para el resto de su vida. Fuimos muchos a la carrera solidaria que
organizaron sus amigos. No sé si suficientes, pero la movilización de los
corredores fue un verdadero gesto de solidaridad con un compañero. Tal vez
todos pensáramos que nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros y solo
por eso debíamos ponernos en su lugar.
Nunca más volví a verle. Sin
embargo, muchos días le recuerdo. Tanto es así que en mi memoria queda una cara
asociada a su figura. No sé si se parece mucho o poco, tampoco importa, pero yo
le he “dibujado” un rostro que guardo en el recuerdo. Y con él un cierto pudor
siempre que paso corriendo cerca de alguna persona discapacitada. Y junto a
esto, un fugaz momento de agradecimiento por poder correr.
Así que, desde entonces, sé que
detrás de una carrera solidaria hay una necesidad a la que hay que responder.
En dos semanas volvemos a vernos
por una causa solidaria.
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