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martes, 20 de octubre de 2015

CSIC 2015: CORRIENDO "A OSCURAS"



Me tomé la carrera del CSIC como un test serio. Quería hacer una marca en torno a la del año pasado o, al menos, bajar de 38 minutos. Así que me coloqué bien en la salida y enfilé con ganas las primeras bajadas de la calle Serrano. No vi el paso por el primer kilómetro, pero sí el del segundo: 7’09”. No me gustó. En los dos kilómetros más favorables del recorrido ya había perdido 9” respecto al pasado año. 

Y ahí tomé una decisión poco frecuente: no volver a mirar el crono. 

Lo cierto es que a mí no me obsesionan mucho (podría decir que casi nada) los tiempos de paso, pero sí me sirven de referencia para saber cómo voy y sobre todo, para no caer en un ritmo demasiado cómodo. Al final, la competición es lo que es y un poco de sacrificio siempre es necesario si se busca un determinado resultado. 

Así que comencé a correr “a oscuras”. 

Todos los que hemos corrido esta carrera sabemos que tiene cuestas, pero el Paseo de la Castellana, aunque muy ligeramente, es todo ello una cuesta, así que cuatro kilómetros pos su asfalto pueden hacerse duros. El caso es que yo me encontraba bien y con fuerza. Incluso iba recortando distancias y cazando a algunos corredores por delante, mientras que perdía muy pocas posiciones de gente más prudente que venía con más brío por detrás. 

Sin saberlo en ese momento, pasé el kilómetro 5 en 18’53”, 21” más lento que el año anterior y con muy poco margen ya para bajar de 38’. Pero yo iba a gusto. 

La segunda parte del recorrido tiene un par de tramos cuesta arriba y con alguna bajada intermedia, para terminar en un último kilómetro en un descenso muy favorable. A punto de entrar en meta oí al grandísimo Antonio Gallardo  animando “vamos que estáis en los 38 y pocooooo” . 

El poco se me quedó retumbando en la cabeza porque nada más girar para entrar en el recinto del CSIC ya se ve el crono y el “poco” no lo era tanto. Al final 38’38”, 50” más que el año pasado y, sorpresas de las carreras, casi el mismo puesto, el 81, uno menos que en la edición anterior.

Y encontrándome bien y con fuerza … ¿Por qué se me fue el tiempo  de esa manera? No lo sé, pero me ronda esta otra pregunta… Si hubiera ido mirando el paso por los kilómetros … ¿Habría terminado con un tiempo mejor?

4-5” por kilómetro.

¿Mirar el crono me hubiera dado esa motivación extra para correr a menos de 38 minutos?

No es fácil responder pero … yo casi me inclino a pensar que de haber sabido en qué tiempos iba sí hubiera tratado de forzar algo más. No sé si esos 4-5”/km pero si algo más. 

Muchas veces ese “poco más”  que tenemos que dar sale apretar la “exprimidora”, de alargar un par de centímetros más la zancada, de no perder un momento la concentración en el objetivo a conseguir, de no ceder a la tentación de “tomarte un respiro” en una bajada … en definitiva, muchas pequeñas cosas que pueden ir recortando segundos.

¿Importa mucho? No. Lo cierto es que no. No me importa. Acabé muy contento. Me sentí estupendamente. Aunque … seamos sinceros, me hubiera reforzado la moral haber bajado de esa marca.


 Así que ahora toca volver a intentarlo.


lunes, 14 de septiembre de 2015

SOLIDARIDAD EN FORMA DE CARRERA

Con Roberto y, tras la cámara, JL Arribas. Osea, "rodeado" de miles de kilómetros.


Esta mañana me han preguntado en el trabajo por qué hay tantas carreras solidarias.

“No lo sé”- He contestado. “Supongo que la sociedad de alguna manera se auto protege y trata de tapar los “agujeros” cuando la administración no es capaz de hacerlo.  Es una forma de ayudarnos entre todos. ¿No?”

Y entonces han insistido. “Si, pero por qué son carreras”. Pues … “Tampoco lo sé” “Imagino que porque somos muchas personas las que corremos, podemos juntarnos en cualquier lado, no nos hacen falta instalaciones, nos basta con la calle y … porque somos solidarios”.

Y aún me han preguntado. "¿Pero se recauda mucho?" “Nunca es mucho. En dos semanas hay otra carrera solidaria. Todavía podéis apuntaros”.

Corrí mi primera carrera solidaria hace más de treinta años, en una época en la que no existían apenas carreras populares, si lo comparamos con la actualidad, apenas existían ONG’s y las pocas que había ni siquiera eran conocidas así.

La historia que motivó aquella carrera me impresionó tanto que todavía hoy la recuerdo perfectamente.

Se trataba de recaudar fondos para comprar una silla de ruedas. Resulta que un buen día (un mal día en realidad) un hombre se tiró por una ventana harto de la vida. A saber cuáles fueron  los motivos que le llevaron a tomar aquella terrible decisión. La mala suerte hizo que justo por debajo de aquella ventana y justo en ese fatídico instante,  pasara un corredor al que le cayó el cuerpo encima con unas terribles consecuencias. Aquél corredor era muy habitual de las carreras de Madrid. Uno de estos veteranos que no se perdían una. Duro, correoso, peleón. Yo le conocía solo de vista. Coincidíamos con frecuencia en competición.

 Aquél día quedó paralítico. Atado a una silla de ruedas para el resto de su vida. Fuimos muchos a la carrera solidaria que organizaron sus amigos. No sé si suficientes, pero la movilización de los corredores fue un verdadero gesto de solidaridad con un compañero. Tal vez todos pensáramos que nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros y solo por eso debíamos ponernos en su lugar.

Nunca más volví a verle. Sin embargo, muchos días le recuerdo. Tanto es así que en mi memoria queda una cara asociada a su figura. No sé si se parece mucho o poco, tampoco importa, pero yo le he “dibujado” un rostro que guardo en el recuerdo. Y con él un cierto pudor siempre que paso corriendo cerca de alguna persona discapacitada. Y junto a esto, un fugaz momento de agradecimiento por poder correr.

Así que, desde entonces, sé que detrás de una carrera solidaria hay una necesidad a la que hay que responder.
En dos semanas volvemos a vernos por una causa solidaria. 


domingo, 6 de septiembre de 2015

CARRERA DE LAS TRES CULTURAS 2015: HACIENDO UN "PERICO DELGADO"






Ganamos los cristianos, así que no se cambió la historia.
Si las disputas entre pueblos a lo largo de las civilizaciones se hubieran dirimido a carreras en vez de a golpes… ¿Cómo sería el mundo ahora?

En fin. El caso es que ayer se celebró la novena edición de la Carrera de las Tres Culturas en el marco del Mercado Medieval de Ávila. Con la salida en las proximidades de San Segundo, cerca del río y la llegada en el paseo del Rastro, la cosa estaba de subir cuestas.
Precisamente eso y que solo fueran 4 kilómetros de carrera me hizo dudar de mi participación. Después de lo mal que lo pasé en la Aldea del Rey niño, con un “pajarón” de espanto y de apenas haber entrenado tres o cuatro días desde entonces, no tenía muchas ganas de correr. Pero Ángel me convenció de hacerlo y ahí estuvimos.
Con el “jiji  jaja” de la salida y el despiste que estoy incubando últimamente, llegué tarde al disparo. Vamos que me hice un “Perico Delgado” en toda regla.

 Para los más jóvenes, habrá que recordar que el gran Pedro Delgado, en la etapa prólogo de la edición del Tour de Francia de 1989 en forma de contrarreloj individual, cometió el mayor despiste de su carrera deportiva al llegar 2 minutos y 40 segundos tarde a la rampa de salida, perdiendo así 2:54 que le colocaban último en la general. Por primera vez en la historia del Tour un campeón en defensa de su título comenzaba en último lugar de la clasificación. 

Yo ayer no llegué tan tarde, pero vi cómo todos los corredores enfilaban la ronda de la muralla antes de que yo llegara a la rotonda del puente Adaja.
Así que me lo tomé con calma y diversión. Incluso tuve suerte de no perderme en mitad de la carrera porque llegando a las proximidades del Chico no vi al corredor que me precedía entre la gente que ya comenzaba a transitar por las calles de Ávila y a punto estuve de meterme por donde no era. Afortunadamente un bondadoso ciudadano corrigió mi trayectoria.

Así que ganamos los cristianos, de lo que, por cierto, también me enteré tarde porque no llegué a tiempo a la entrega de premios.

¡Caramba!

¡Qué se repita la carrera! ¡Salida nula!

domingo, 2 de agosto de 2015

VII CARRERA NARRILLOS DE SAN LEONARDO: HACIENDO UN "ZIPI"





La séptima edición de la carrera de Narrillos de San Leonardo fue un éxito de participación, de ambiente y de nivel deportivo. Esta carrera ya se ha convertido en un clásico del verano atlético, así que es de justicia, en primer lugar, felicitar a la organización por su compromiso, a todos los voluntarios y a todos los colaboradores que nos permiten disfrutar de nuestra afición y compartir una tarde muy agradable. ¡Así da gusto!

Andaba yo poniéndome el dorsal de la carrera (de todo el circuito,… ¡que no se os pierda!) cuando en esto se me cayó un imperdible. Me agaché a cogerlo pero … no había manera de encontrarlo. ¡Se me ha perdido un imperdible!, pensé. Y de pronto me quedé enganchado a esta paradoja tan ridícula. ¡Valiente tontería! Tenía en la mochila otro diez o doce imperdibles y, sin embargo, era incapaz de levantar la vista del suelo rastreando en busca del dichoso alfiler como si se tratase de un tesoro. Pensé que debía encontrarlo a toda costa, aunque no sé muy bien a qué venía tanta obsesión. ¿Mal augurio? ¿Superstición? ¿Paranoia? ¿Me estaré volviendo rarito?  Afortunadamente, unos palmos más allá estaba “sonriéndome” con la boca abierta. Lo pinché en la camiseta con el dorsal y salí a calentar.

Muchos corredores conocidos y otros de fuera con planta de atleta de los de “dar guerra”, tanto que en la salida tomé la precaución de colocarme unas filas por detrás para no molestar a nadie, porque mi intención era ir tranquilo al principio. Las cuestas de esta carrera son largas y hay que guardar algo de fuerza.
Así que, tras el disparo, estampida. Debía ir más atrás del puesto 30 pero corriendo fuerte, esperando a que el pelotón se estirase, como suele ocurrir a la salida del pueblo tras la primera vuelta por sus calles.

Me disponía a subir la primera cuesta en compañía de dos grandes del mundo atlético de Ávila, Zipi y Encabo. Precisamente Zipi, Jesús Alberto Fernández Cecilia, da nombre a una forma de correr. Ángel y yo decimos “hacer un Zipi” a salir tranquilo, atrás, e ir remontando posiciones sin que nadie te adelante. Una forma clásica y muy inteligente de correr de Jesús, para la que se precisan grandes dotes de control y conocimiento de tus propias posibilidades. Y que Zipi siempre nos hace, todo sea dicho.

Así que mientras yo intentaba “hacer un Zipi”, Zipi, como siempre, me lo estaba haciendo a mí.
En la cuesta abajo de la primera vuelta alargó la zancada y se fue a por los siguientes.
Yo tardé algo más de tiempo, pero fui remontando posiciones, una a una pero controlando el ritmo.
Así llegó la segunda vuelta y en el horizonte aparecían otros dos históricos: Oscar y Alfonso. En la cuesta arriba les recorté metro a metro la distancia que me separaba de ellos, hasta llegar juntos al punto más alto, donde superé a Oscar y me lance cuesta abajo a por Alfonso.
Je.
Je je.
Alfonso lleva retrovisor.
Fue verme en uno de los giros del recorrido y sacó a relucir un potente cambio de ritmo. Ahí te quedas majete, debió pensar.
Desde allí hasta la meta no fui capaz de recortarle un solo metro. Ya le he dicho que me va a obligar a hacer series de 200 para echarnos un sprint algún día.
Por cierto, que al final no puede completar el “Zipi”. Perdí un puesto en el último kilómetro.

Como os decía mucho nivel en la carrera, con Luismi vencedor, intratable y sin rivales esta temporada, con Arturo Mancebo y Pedro Raez completando el cajón. Por detrás Iván, David, Alfredo, Alejandro, Vicen …
En chicas igual, Teresa Cerrada, Sonsoles Pérez y Pilar Álvarez las tres mejores de la carrera.

Y para el final… lo mejor de todo. Los niños pequeños corriendo por las calles del pueblo. Sus caras de sorpresa por ver los aplausos de la gente, las de satisfacción al llegar a la meta, las caras de los premiados en el pódium… divertirse haciendo deporte. ¿Hay algo mejor?


Vamos a por la siguiente.

domingo, 5 de julio de 2015

CARRERA POPULAR ALBORNOS SE MUEVE 2015


Jorge, David y Ángel en el podium absoluto de la carrera

Jorge, David y Alfredo con una guitarra, un clarinete y una flauta en el podium de la carrera

¿Qué haríamos sin las carreras de los pueblos en verano?
Entrenar menos.

Hoy se disputaban dos carreras cerca de Ávila, en Riofrio y en Albornos. Una pena que coincidieran,  porque esta vez no quedaba más remedio de decantarse por una de las dos al ser ambas el mismo día y a la misma hora.

Angel y yo nos fuimos a Albornos, casi con pena por no repetir en Riofrio como el pasado año, pero …

Y a pesar de las inevitables ausencias, al final nos juntamos un grupo bastante majo de corredores dispuestos a superar el intenso calor de la mañana y el polvo de los caminos.

La primera vuelta por el pueblo fue extrañamente tranquila, con David y Alfonso tirando del grupo, aún sabiendo que por allí andaba Jorge. Y este, aburrido del ritmo, no tardó en marcharse antes de que lleváramos un kilómetro. Por detrás se formaron dos grupos, uno con Alfredo, David, Ángel, Alejandro, Vicente, Alfonso y Roberto, que poco a poco se va recuperando y, por detrás, otro con Oscar, Fran, Jesús y un par de corredores más, tras los cuales me encontraba yo.

Mi intención era salir tranquilo y ver cómo me iban respondiendo las piernas. Y lo cierto es que, en ausencia de cuestas -¡¡¡Gracias!!!-, no me encontraba nada mal. 

Poco a poco los grupos se fueron estirando. Por delante Jorge se marchaba del todo. David y Alfredo le seguían y, algo más atrás, el resto. Y mientras, nuestro grupo también se fraccionaba. Fran tirando fuerte y yo intentando seguirlo a duras penas. Cerca del kilómetro 7 conseguíamos dar alcance a Alfonso, Fran superándolo con fuerza y yo quedándome con él.

Al final victoria de Jorge, seguido de David y Alfredo. Más atrás entraban Ángel y Roberto y tras ellos, Alejandro, Vicente, Fran, Alfonso y yo … mirando para atrás con poquita gasolina, por detrás -esta vez, que en otras me pasarán sin piedad- Raúl, Jesús y Oscar, contribuyendo a la victoria del Ecosport al ser el equipo más numeroso .

En chicas Pilar ganó seguida de Celia y Gema.

Y hacía mucho calor … pero ahí estaba medio pueblo dando agua en la meta y en los avituallamientos, acuarius, cocacolas, plátanos y bollos preñaos bien ricos. El otro medio aplaudiendo por las calles. Y una sombrita con una fuente bajo la que me metí no menos de cinco veces antes y después de la carrera para refrescarme.
Y de remate un sorteo con premios para casi todos.

Los que no habéis venido ... apuntadla para el año que viene.

Así que … ¿Qué haríamos sin las carreras de los pueblos en verano?

Aburrirnos.

Gracias por organizarlas.



lunes, 22 de junio de 2015

CROSS VILLAFLOR 2015



Hubo una época, que en este blog se ha dado en llamar “el pleistoceno” en la que no eran raros los fines de semana en los que disputaba dos competiciones. En invierno, los sábado por la tarde había cross universitario y los domingos, los crosses de la Federación. En primavera, con las competiciones de pista de la Liga de Madrid, corría el 5000 los sábados por la tarde y, a pesar de mi condición de suplente de mi equipo en 1500, era frecuente la ausencia de alguno de los dos titulares, con lo que me tocaba volver a salir a la pista.
Pero de aquello ya hace mucho tiempo.
Y sin embargo llevo un par de fines de semana “doblando” como un profesional.
Después de la carrera de Navalacruz el sábado, nos fuimos a correr a Villaflor el domingo. ¿Alguien dijo cansancio? Y aún hay quien a estas dos sumó la Media de Hoyos del Espino.

Esta es otra de esas “matinales” en las que la carrera es solo una parte de la diversión. El después, comiendo las pastas del panadero de Santo Tomé de Zabarcos, el yogur de Alta Moraña y  el agua puesta a enfriar horas antes más la charla con los colegas de afición, es la otra parte, no menos atractiva.
La carrera este año era dos kilómetros más larga que la del año anterior. Y con sorpresas no desveladas en la salida por los corredores de Villaflor, cada año más numerosos y mejor preparados, … aunque alguno prefirió quedarse en la cama. Conociendo un poco la zona, las sorpresas solo podían ser de un tipo … ¡cuestas!
La salida dejó bien claro que Luismi venía a ganar sin dar opciones a Borja, que apenas le siguió un par de kilómetros. Por detrás se formó un grupo con Roberto, aún no recuperado de su lesión, Ángel, Alejandro, Olivares, Alfredo Becerril, Eduardo Moreno, Luis ”Laister”, Alfonso, Raul….
Yo me quedé aún algo más retrasado, dispuesto a seguir un ritmo cómodo para no sufrir mucho al final.
Un fallo de señalización hizo perderse a los primeros en el inicio de la zona de cuestas, lo que apretó al grupo de cabeza. Esas rampas, ya conocidas del año anterior dieron lugar a la primera sorpresa: allí donde otras veces enfilábamos hacia el pueblo, esta vez teníamos que girar a la izquierda y seguir subiendo un tramo más. Y justo ahí fue el momento en el que más cerca estuve de cazar a alguno de mis predecesores. A menos de 50 metros de distancia contemplé la posibilidad de forzar la máquina a ver que pasaba hasta que, ya bajando… llegó otra cuesta arriba, una pequeña puñalada, que dio al traste con mi escasa ambición. En seguida mi cabeza maquinó un par de excusas para no forzar mucho más y entré en el pueblo sin las apreturas de otras ediciones, en las que uno se siente obligado a esprintar para pelear una posición. Esta vez no fue así.
La entrega de premios, tan suculenta como siempre, el sorteo y una última visita a la mesa de las pastas y dimos por terminada la mañana.

Recordad: El próximo “finde” el sábado Piedralaves y el domingo Martiherrero … para los que quieran continuar la gira de los pueblos.

domingo, 21 de junio de 2015

CARRERA DE NAVALACRUZ 2015. ...LAS COSAS HECHAS CON SENCILLEZ Y CARIÑO



Cuatro años después volvía a Navalacruz. El tiempo pasa muy deprisa.

Muchos corredores y toda la gente del pueblo  volcada con la carrera proporcionaban a la tarde un atractivo especial. Y calor. Mucho calor, como suele ser costumbre en cuanto empieza la temporada de carreras por los pueblos. Calenté con José María ¿Quién mejor para contarme cosas de la carrera y del lugar que uno de sus más ilustres lugareños? La subida, dura hasta haciéndola despacito y la bajada….“Fíjate”, me dijo. “Una cuadrilla de jubilados la ha barrido entera esta mañana para que no tengamos problemas”. Me pareció el mejor ejemplo de lo que son estas carreras… hacer las cosas sencillas y con cariño. Como debería ser todo en nuestra vida.

Nos vamos a la salida. Aquí no hay codazos ni nervios. Salgo tranquilo y en seguida se marchan los primeros a disputar la victoria. En el recorrido hay gente animando y repartiendo agua. Llego a la bajada y recupero algunas posiciones. Cruzamos el pueblo, un zigzag por las calles con la gente sentada a la puerta y en zonas concretas aplaudiendo el paso de los corredores. Segunda vuelta. Otra vez a subir. No tengo mucha fuerza así que otra dosis más de tranquilidad. Y de nuevo, en la bajada, recuperando sensaciones, con calma.

En la meta nos volvemos a juntar todos poco a poco. Las cuestas, el calor, las curvas, la bajada,  … los comentarios habituales. Y la bebida … fresquita. ¡¡¡Cómo se agradece!!!. Ángel ha terminado octavo y sufriendo. Yo he debido andar por el puesto 15.

Esperamos la entrega de premios y el sorteo en compañía de la gente de Navalacruz que sabe pasarlo bien. Música, baile y bocadillos para todos. No sé si he tenido una suerte especial o tengo mucho hambre, pero el mío está de muerte… Las cosas hechas con cariño…


Nos vamos de Navalacruz a eso de las 22:30. La hemos echado bien larga, pero lo hemos pasado bien. En el coche vengo pensando que cada vez corro menos y cada carrera me esfuerzo menos. Lo primero es inevitable. Lo segundo … debe ser consecuencia de no tener muchas ganas de sufrir. El caso es que cuando llego a casa miro a ver qué tiempo hice en 2011, la vez anterior que corrí: 21’ 09’’. Hoy he hecho 21’ 05´´ … ¡¡¡Pues tan contento!!! ¿Qué es eso de que cada vez corro menos?. 

domingo, 31 de mayo de 2015

TRES GENERACIONES


Esta es la foto que necesitaba el blog. 
No hacen falta palabras.  

domingo, 26 de abril de 2015

MARATON BAJO TIETAR 2015… EL DESAFÍO



Estoy en el kilómetro 70. En el Hornillo. Justo enfrente de mí un par de colaboradores indican… “la corta a la izquierda. La larga a la derecha”. Son las tres de la tarde. Media hora justo antes del cierre del control por este punto. Llevo seis horas y media de pedaleo.

Atrás han quedado las localidades de Mombeltrán, Santa Cruz, San Esteban, Villarejo y Cuevas. El barranco de las Cinco Villas. Setenta kilómetros y más de 2000 metros de desnivel acumulado. Llevadera la subida al puerto de Pedro Bernardo, una pendiente mantenida y una pista en buen estado. Muy dura la del Alto de la Centenera. Conozco bien esta zona y sé lo que me esperaba. Además, unas bajadas demasiado técnicas para mis escasos conocimientos… y la lluvia.

Todo eso queda a mis espaldas.

Ahora es el momento de decidir.

Corta … a la izquierda. Llegar, ducharme, comer y compartir con el resto de ciclistas la carrera. Reconocer el extraordinario trabajo de la organización y disfrutar en el Castillo de Arenas de lo que queda de tarde. Una pocas agujetas, algo de dolor de piernas y a casa.

Larga… a la derecha. 60 kilómetros más de pedaladas. Solo, porque nadie detrás de mí continuará y porque los que decidieron seguir pasaron hace más de media hora.

En realidad no tengo dudas. No las tuve en ningún momento de los setenta kilómetros anteriores en los que el objetivo era llegar con el control abierto. Así que … la elección está clara: derecha.

¿Por qué? Hay personas que nos alimentamos de retos. Otras, en cambio, no los necesitan para nada. ¿Es una cuestión de reafirmación personal? No acabo de saberlo. Ni me alegra someterme constantemente a cualquier tipo de desafíos, no solo deportivos, también académicos o profesionales, ni envidio a los que no lo hacen. Somos como somos y vivimos como creemos que debemos hacerlo, condimentando el día a día de los elementos que nos pueden hacer más felices.

¿Feliz? Tampoco lo estoy. Pero sé que eso es ahora. Cuando termine lo estaré.

Lo que estoy es empapado, cansado y dolorido. 

Tengo que bajarme de la bici otra vez. No me compensa subir esta cuesta que se empina delante de mi a 5 km/h si andando lo puedo hacer a la misma velocidad y con menos esfuerzo. Un 25% de pendiente a estas alturas es un muro. 

Llevo solo más una hora. No es que no haya visto a nadie de la carrera. Es que no he visto a nadie. Afortunadamente la señalización no ha dejado una sola posibilidad de error. Pero debo ir atento a no pasarme ninguna flecha o una cinta.

Voy camino de Candeleda. Aún me quedan 40 kilómetros. Hace tiempo dimensioné el esfuerzo sobre algo que me resultara conocido: cada tres kilómetros cuenta como uno de un maratón. Estoy en el 90, así que… más o menos en el 30. Recuerdo las sensaciones en los maratones que he corrido. Pero sé que queda mucha carrera. Todavía no es momento de pensar en la meta.

Llueve. Y hasta ahora no me ha importado. A pesar de ir mojado, no hace frio y, además, no he sido consciente de lo que podía significar que lloviera. Pero de pronto me doy cuenta: la pista que lleva a Candeleda es un barrizal. Veo las roderas de los que han pasado antes por aquí. Patinazos y cambios bruscos de dirección. El barro hace más difícil avanzar. No hay un momento de descanso porque tengo que pedalear hasta en las bajadas. La bici “se pega” al camino.

Por fin llego a Candeleda. Me duelen terriblemente los brazos de la última bajada, larga, deslizante, llena de “cortaderos” para desaguar el agua que no escurre ni drena. Bailando sobre la bici. Varios patinazos. “Controla”. Me digo en alto varias veces. “Si te la pegas te quedas aquí “tirao” un buen rato”. “Atento a lo que haces”.

Me quedan 20 kilómetros. Kilómetro 35 de un maratón. Sé lo que significa.

Caminos llanos y un barro que sencillamente me impide avanzar. Tengo que parar en un par de ocasiones a limpiar con un palo el desviador, los platos y la cadena.

Pero ya me da igual. Solo pienso en llegar. Vine a hacer la ruta larga y ya no puedo hacer otra cosa que llegar a Arenas de San Pedro sobre mi bici. No me he caído, no he tenido averías y no he pinchado. Nunca había estado sobre una bici más de 70 kilómetros y llevo 120. Nunca había subido más de 870 metros de desnivel y he subido y bajado tanto que lo he multiplicado por cuatro. Y, ¡Caramba! no soy ciclista.

“Sigue” “Sigue” “Sigue”.

Subida a Poyales. Es de asfalto. Podría hacerla a 12 o 14 km/h y, sin embargo, no alcanzo a subir a más de 7 km/h. No me quedan piernas. Desde aquí casi todo será bajada.

Un coche de la organización me indica el camino. Estoy llegando. De pronto veo Arenas y muy poco después la torre del castillo. Última curva. 10 metros. 5 metros.

Y, por primera vez, recibo el premio que se le brinda al último. Más de cien personas me aplauden y me saludan. Han estado esperando al último corredor. Se lo agradezco. No saben ellos cúanto.

Y ahora ya sí. Me bajo de la bici. Me dan de comer y de beber. Me siento.

Lo he hecho.

Todavía no estoy para disfrutarlo… eso queda para dentro de unos días o unas semanas.


No soy ciclista…Pero ¡Caramba! lo he hecho.

lunes, 20 de abril de 2015

MARATON BAJO TIETAR 2015... PREPARADOS ... LISTOS...¿QUE HAGO YO AQUÍ?




132 kilómetros de recorrido y 3200 metros de desnivel  positivo acumulado.

¿Dónde me he metido?

El sábado 25 se celebra la primera edición del Maraton  Bajo Tietar de bicicleta de montaña. Arenas de San Pedro, Mombeltrán, Santa Cruz del Valle, San Esteban del Valle, Villarejo del Valle, Cuevas del Valle, El Arenal, El Hornillo, Guisando, Candeleda y Poyales del Hoyo, en un  recorrido por todos sus montes, sus pinares, sus robledales, castañares, campos de higueras cerezos, olivares y praderas. Sus pistas, sus caminos y sus veredas. Sus pueblos.

El lugar de mi trabajo.

A cinco días de la prueba… ¿Qué puedo pensar?

Ya no hay tiempo para entrenar. Ni para dominar la bici como los habituales practicantes. Ni mucho tiempo para pensar en ello. Tampoco hay tácticas ni planes.

¿Qué hago yo aquí?

No lo sé. Pero no es la primera vez que estoy en la antesala de la incertidumbre que acompaña un nuevo reto. Si con 14 años me apunté al primer Maratón de Madrid, está claro que la insensatez no se cura con la edad. Y entre aquello y esto no han sido pocas en las que me he metido sin saber dónde estaba la salida.

132 kilómetros de recorrido y 3200 metros de desnivel  positivo acumulado.

Mi mayor “tirada” ha sido de 70 km. Y la vez que más desnivel he acumulado, 870 m. Así que estoy en algo más de la mitad del recorrido y hacia la cuarta parte de las cuestas que tengo que subir. 

¿Suficiente? Si mi entrenamiento más largo para correr un maratón fue de 23 km… entonces no debería estar intranquilo… si es que lo del correr y la bici son semejantes.

Sin embargo, lo del desnivel me tiene un poco más … tenso. Las cuestas son las cuestas, duelen las piernas, metes todos los piñones, no te quedan platos, tiras de riñones, de brazos, de hígado, de páncreas… y sigues subiendo. Luego bajas y … empiezas otra vez el mismo calvario.

132 kilómetros de recorrido y 3200 metros de desnivel  positivo acumulado.

Un reto nuevo para descubrir hasta dónde puedo aguantar. El sábado a las 8:30 en Arenas de San Pedro comienza la prueba. Límite: pasar por el kilómetro 70 antes de las 15:30. A partir de ahí la cabeza decidirá hasta donde llegamos la bici, las piernas, el corazón, el hígado y el páncreas y yo.

Esta es la sonrisa del perfil de la prueba…¡vaya dentadura!





jueves, 16 de abril de 2015

III CARRERA DEL HORNAZO. PEÑARANDA DE BRACAMONTE 2015

Foto:Nacho Plaza

El domingo pasado corrí en Peñaranda de Bracamonte.

El año anterior corrí la segunda edición de esta prueba y me gustó el ambiente, la organización, pasar por la plaza de toros a ritmo del pasodoble de la megafonía, el hornazo y los pasteles de Gil. Así que este año, sin mucho plan de carreras para las semanas venideras, decidí volver a probar.

En realidad tenía ganas de volver a repetir las carreras de 10 km del pasado año. Una especie de … “ a ver qué tal estoy”. Después de repetir el Memorial de Nuria Jimenez en el que hice 40” más que en 2014, esta sería la segunda prueba a repetir.

En la línea de salida, menos corredores que el pasado año. Aún así buen nivel de los corredores salmantinos, muchos triatletas y muchos clubes de diferentes localidades de la provincia. Menos abulenses que el año pasado, aunque no podían faltar los hermanos Moreno y otros atletas del Ecosport, Javier Repiso, Pakele …

Desde el mismo momento de la salida me integré en un grupo a buen ritmo. Me encontraba a gusto pero pronto comprobé que no estaban marcados los kilómetros. Para muchos corredores eso ha dejado de ser un problema porque sus GPS les “cantan” los miles con precisión. Para los más rústicos, no contábamos con esa ayuda para conocer el ritmo real de carrera… 

Y así pasó.

Cómodo, cómodo nos plantamos en el primer paso por meta, en los primeros 5 km al filo de los 19 minutos. Y las segundas vueltas tienen lo que tienen, que te vas quedando solo, que estás más cansado… hasta que llega el último 500 e intentas arreglar lo que no has hecho los 9,5 anteriores.

Total, que terminé la carrera en 38´ 32”, en el puesto 18 y 4º entre los veteranos B.

Es decir, otros 42´´ más que en la carrera del año anterior. Y ya van dos diezmiles “empeorando”.

Y la verdad es que no me extraña mucho. ¿Por qué? Porque se compite según se entrena, como siempre he defendido desde este blog y yo no estoy entrenando para correr más deprisa. 40 días sin hacer una sola serie y rodando 45´ todo lo más no es mucho para presentarse en una carrera a correr rápido.

Y aún así … estoy encantado con mi rendimiento.


El próximo capítulo … es más gordo. Ya os contaré.

lunes, 23 de marzo de 2015

10 KM DE LAREDO: IMPRESIONANTE EN TODOS LOS SENTIDOS

Foto: http://www.vamosacorrer.com/


Los 10 km de Laredo se anuncian como el circuito probablemente más rápido del mundo. Pues bien, es posible que haya otros circuitos con estas mismas características, es posible que tengan menos curvas, que tengan mejor firme o que sean más resguardados del viento, pero desde luego lo que no es posible es que sean tan llanos como lo este recorrido: absolutamente plano como una tabla.
En un entorno así, a 0 metros sobre el nivel del mar y en una tarde se sábado, las condiciones son las ideales, salvo que el tiempo atmosférico se empeñe en estropearlas.

En esta edición las cosas se pusieron un poco adversas cuando a eso de las cuatro de la tarde comenzó a llover. Sin que el agua resultara muy molesta, lo cierto es la temperatura, en torno a 9-10 grados,  contribuía a un estado algo desapacible.

Aún así, en la línea de salida no se hablaba más que de ritmos y marcas.

Tendría más de 300 corredores por delante y todavía los de mi alrededor hablaban de ritmos de 3’35’’- 3’40’’/km y tiempo de 36’30”-37’. Y desde luego las “pintas” certificaban las intenciones. Camisetas de clubes de todas partes de España, gente fina fina y concentrada en hacer el “carrerón del siglo”. Ya desde los cajones de salida te das cuenta que a esta carrera viene mucho corredor a hacer marca casi como único objetivo. Y que hay mucha gente buena, muy buena. No solo unos cuantos profesionales de la élite, también lo más selecto de los atletas de cada provincia de todas las categorías.

Por fin se da la salida. Tardo unos segundos en pasar la alfombra de inicio de control de tiempos. Unos pocos centenares de metros más adelante ya puedes ponerte a velocidad de crucero porque, efectivamente, aquí se ha venido a correr a tope, a hacer marca.

Km 1 : 3’35’’. Ya he perdido de vista a Ángel y a Jorge Hernandez. Los dos salen a recortar sus marcas significativamente y dejan que su fogosidad y su ilusión por alcanzar ese tiempo deseado les marque el ritmo.

Llueve. A estas alturas de carrera ya tengo toda la ropa mojada. Los pies los conservo secos hasta que pasamos por una rotonda donde unos grandes charcos cubren toda la parte interior. A pesar de que yo los eludo, todos los corredores del lado izquierdo del grupo en el que me encuentro chapotean en el agua y me calan. A partir de ahí me acompañará un chof chof bastante incómodo.

Km 2: 7’15’’ (3’ 40”). Voy con un numeroso grupo en el que marcan el ritmo varios corredores del Canguro, del Marathon y del Páris de Madrid. Me dejo llevar. Tengo que recordarme a mi mismo que he venido aquí a correr a tope y no dejarme nada en el esfuerzo. También me recuerdo que quedan 8 km y las alegrías las puedo dejar para más tarde.

Km 3: 10’55’’ (3’ 40”). Bien. Buen ritmo. Vamos en el camino de regreso a completar la primera vuelta. Me cuesta seguir el ritmo del grupo, pero si no es con unos iré con otros. Hay mucha gente alrededor.

Km 4: 14’35’’ (3’ 40”). Miro el crono por costumbre pero no veo lo que pone. Está tan mojada la pantalla y los números son tan pequeños que solo adivino algunas cifras. No importa. Nos cruzamos con la cabeza de carrera. Cuatro africanos a pleno rendimiento. Solo verles impresiona. Detrás un rosario de corredores. Distingo a Luismi Sanchez Blanco muy bien colocado, entre los 30 primeros corredores. No veo a Pablo Rodriguez, pero no debe andar muy lejos. La representación abulense es destacable: Luismi, Pablo, Ivan, Ángel, Jorge, Repi, Blanca…

Km 5: 18’16’’ (3’ 41”). Más o menos lo esperado para estar en el tiempo final al que aspiro: bajar de 37’. La carrera se ha estirado más y me quedo algo solo. Aprovecho el refubo de los corredores que me adelantan.

Km 6; 21’ 58’’ (3’ 42”). ¡Ay que me estoy durmiendo!. Me adelanta Repi como un tiro. No soy capaz de seguirle ni un metro. Me encuentro bien pero no tengo capacidad de meter una velocidad más.
Km 7: 25’ 43” (3’ 45”). Alerta roja. He venido a correr a tope y este ritmo no es correr a tope. Me quedan 3 km y me obligo a hacerlos al menos como los tres primeros.

Km 8: 29’28’’ (3’ 45”).  Pero … ¿De qué vas? ¿Quieres ponerte a correr de una vez?. Me regaño a mi mismo. El público anima y me resulta curioso escuchar lo que dicen… ¡¡¡venga a por la marca!!!. Ya saben ellos a lo que se viene aquí.

Km 9: 33’ 15’’ (3’ 47’’). Pero … ¿será posible? ¿Quieres cambiar de ritmo de una vez y correr?. Cambio de ritmo. Al fin y al cabo es el último kilómetro. He esperado demasiado. Tengo fuerza para tirar y entro en el último tramo con toda la que me queda.

Km 10 36’ 51” (3’ 36”). Calado hasta los huesos y tieso de frio un minuto después de entrar en meta me encuentro a Ángel. Ha estado en los 35’ “pelaos”.

Después, al ver la clasificación aparecen los tiempos netos, descontado el tiempo de demora en la salida:

Pablo Rodriguez 30’ 32’’ puesto 19.

Luismi Sanchez Blanco 30’ 39’’ puesto 25.

Ivan Carmona 33’ 25” puesto 131.

Jorge Hernandez 34’ 02” puesto 161.

Ángel Iglesias Fontan 34’ 56” puesto 222.

Vicente García 35’40’’ puesto 255

Javier Repiso 36’ 06’’puesto 298

Angel Iglesias 36’ 42” puesto 343

Blanca 43’10’’ puesto 842

Por si alguien tenía alguna duda, estos datos sirven para certificar que esta carrera es muy rápida, no solo por el circuito, sino por los participantes: el corredor 500 ha terminado en 38’28’’. Cerca de 630 corredores han bajado de 40’; 100 corredores por debajo de 32’ 45”…

Y la presencia de Martin Fiz, Fabian Roncero, Juan Carlos de la Ossa, Sergio Fernandez …

Una carrera impresionante.

Volveremos.