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sábado, 31 de diciembre de 2016

LA CARTA DE DESPEDIDA DE MI PADRE A LA SAN SILVESTRE VALLECANA



Este año mi padre no correrá la San Silvestre Vallecana. Se retira de esta carrera.

El año pasado, unos días después de que terminaran las fiestas, le pedí que escribiera algo para al blog.

Y me mandó este texto que transcribo aquí ahora, como despedida de una carrera que para mi familia es una parte más de las ceremonias de la Navidad.

Como todo el mundo conoce, en Madrid se celebran, digo celebrar porque correr es una fiesta, muchas carreras a lo largo del año, Moratalaz, Canillejas, Coslada…, pero hay una que tiene un rango especial, quizá por el recorrido, por su antigüedad, por el gran ambiente continuo que conlleva por celebrarse en una fecha tan señalada, el caso es que la San Silvestre Vallecana es la reina de las carreras de Madrid.

Para nosotros es una carrera familiar en la que hemos participado cinco miembros, entre ellos mi nieta Alicia que me acompañó toda la carrera.

Mención aparte y muy especial merecen mis amigos Guillermo y Rodrigo más dos o tres amigos de estos, todos magníficos deportistas que pertenecen al equipo de Rugby Veterinaria. No tengo palabras para calificar su comportamiento conmigo, su apoyo constante, su cariño. Su actitud supera cualquier calificativo que yo pudiera emplear.

Y vamos con la carrera.

La carrera suscita en mí sentimientos varios. Hubo una representación teatral hace unos años cuyo título es “La Hora de la Fantasía”, de Anna Bonacci. Y eso es exactamente lo que fue para mí la carrera: una fantasía maravillosa. ¿Cuál es la razón? Yo creo que los 85 años y tres meses de edad que tenía en ese momento se hicieron claramente visibles y estallaron. Decenas y decenas de fotografías, abrazos continuos, estrechamiento de manos y algunas jovencitas que vieron que el abuelito era inofensivo, se atrevieron a darme un beso que me hicieron recordar los versos de Campoamor que decían “Las hijas de las madres que amé tanto me besan ahora como si fuera un santo”.

Y así continuó toda la carrera.

Desde Cibeles a Atocha fue tremendo. Pero dicho esto tengo que dejar muy claro mi agradecimiento a todos y a todas con el que corrí rodeado.

En este momento pienso que será mi última carrera de la San Silvestre, en la que debuté en 1982 en aquellos años ya lejanos que se celebraba por la mañana. No hace falta decir que corría mucho más rápido que este año y fui acompañado por mi hija mayor. Este año, entre los magníficos deportistas que acompañaba estaba mi nieta Alicia que practica el fútbol y el hockey sobre patines.


Mucha suerte  a todos en los próximos años y quiero que sepáis que nunca olvidaré a los corredores del 31-12-2015.

sábado, 23 de enero de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA.


En 1969 Televisión Española comenzó a emitir una serie llamada “La conquista del Espacio”. … “El espacio. La última frontera. Estos son los viajes de la nave Enterprise …” Así comenzaban los capítulos de la serie y ahí estaba yo (sería algo más tarde de 1969… quiero pensar) pegado a la tele en blanco y negro del salón .

Así era entonces lo que luego se convirtió en la saga Star Trek.

Pues bien, en aquella serie yo aprendí cosas tan importantes como la existencia del  telecomunicador (lo que viene a ser ahora un teléfono móvil), el teletransportador (estamos tardando un poquito más en esto...pero el día que lo tengamos a punto ...¡cómo nos lo vamos a pasar!), la de chispas que pueden salir de la consola de mando de una nave atacada por malvados seres de otros mundos, lo muy extraños que pueden resultar estos, la infinita capacidad de supervivencia de los protagonistas de una serie por muy feas (muy muy feas) que se puedan poner las cosas y … lo mejor de todo: que las naves (las que surcaban los océanos en el pasado y las que viajan por el espacio en el futuro) anotaban sus incidencias, si es que las tenían, en su cuaderno de bitácora, una especie de diario de a bordo.

El capitán Kirk no paraba de anotar y de referirse a su cuaderno de bitácora. A mí aquello me fascinaba “cuaderno de bitácora de la nave Enterprise, año 2265…” sobre las imágenes de una nave espacial surcando el infinito …¡Ahhh!

Bueno. Y todo esta historia de nostalgia televisiva … ¿para qué?.

Para justificar que este blog no deja de ser un cuaderno de bitácora que escribe un pasajero a bordo de una nave en compañía de otros tripulantes, en la que pasan cosas… (no tantas ni tan sofisticadas como las que le ocurrían al Capitán Kirk, el comandante Spock, el oficial médico McCoy o el jefe de ingenieros Scotty, pero tampoco este blog es una serie de televisión con millones de seguidores, fans y frikis) ... y, sobre todo, que en el cuaderno de bitácora no ha quedado registrada a su debido tiempo una incidencia más de la noche de San Silvestre 2015. 

Ese día, mi padre completó una nueva edición de la carrera vallecana llevando, como queda reflejado en la foto, una guardia pretoriana de primer orden: sus compañeros del equipo de rugby de Veterinaria, portando el 85, como años anteriores llevaron el 84 y el 83 y con la novedad de la incorporación de Alicia, su nieta (mi hija) que no quiso perderse el espectáculo de la carrera y de acompañar a su abuelo.

Mi padre (que sé que me lee y espero que tome nota) debería escribir algo sobre estas carreras. Por dos motivos, primero porque lo hace muy bien: él escribe, yo solo junto palabras. Y segundo y más importante: si después de una carrera de 10 km a su edad y el cansancio que eso supone no pudo dormir esa noche de la emoción de lo vivido, entonces eso hay que contarlo.

Seguro que Kirk no era el único que anotaba cosas en el cuaderno de bitácora.


¡Ale papá!

sábado, 2 de enero de 2016

SAN SILVESTRE VALLECANA 2015:"EL QUE NO SE EMOCIONE CON ESTO ES QUE ESTÁ MUERTO"




“El que no se emocione con esto es que está muerto”, escuché a la altura de Cibeles de boca de un corredor situado detrás de mí. Y es que … esto es … La San Silvestre.

Las siete de la tarde. Estamos saliendo del Metro en Santiago Bernabeu. Voy con Ángel. Si me hubieran preguntado hace diecinueve años si me parecía posible que en 2015 pudiera correr esta carrera con mi hijo, hubiera contestado que me encantaría que así fuera, pero que no lo consideraba posible. Y sin embargo … aquí estamos los dos.

Parece que ha pasado mucho tiempo, pero ha pasado muy deprisa. Y lo hemos hecho posible.

Nos vamos encontrando un buen grupo de abulenses, Javier Repiso, Javier Olivares, Luismi Sanchez Blanco, Jorge Hernández Rico y nosotros dos. Calentamos juntos.

Correr la prueba Internacional es como llegar tarde a una fiesta. Según rodeamos el estadio Bernabeu, cientos de personas trabajan en la limpieza, la retirada de vallas, de carpas y de todos los elementos de la organización de la carrera popular. Hay que esquivar máquinas limpiadoras, camiones, saltar por montones de ropa y de botellas. Y sin embargo nosotros no hemos empezado aún.

Nos vamos para la salida. Se nos ha hecho un poco tarde pero podemos colocarnos bastante adelante. Aún tenemos que esperar un buen rato. No entiendo muy bien a qué viene la clase de aerobic que nos están dando dos chicas sobre un escenario y menos aún el concierto de batería que le precede. Esta carrera siempre ha sido eso… una carrera. Solo una carrera. Ni más ni menos que una carrera.

Por fin suena el disparo y salimos en estampida. Los primeros 500 metros son en subida. Se me hacen muy duros. Llego arriba fundido. Me adelanta mucha gente.  Ahora vienen 7500 metros de bajada en los que es necesario mantener un ritmo fuerte. Voy “agobiao”. Por la gente, por el ritmo, por mi respiración, porque me duelen las piernas. Voy todo lo deprisa que puedo y sin embargo me parece que voy lentísimo. Me siento fatal, de esos días que “vas que no vas”. Sigo perdiendo posiciones. No soy capaz de mantener el ritmo de nadie. Me voy hacia la parte izquierda de la calle para correr más desahogado, pero allí no hay señales de los kilómetros, así que no sé cómo voy de ritmo.

La calle Serrano a nuestros pies. Las luces, las tiendas, la gente, los gritos, los flashes de las cámaras, motos de la organización, pancartas, aplausos, las pisadas de cientos de corredores,…Ya se ve al fondo la Puerta de Alcalá. Giramos hacia Cibeles. “El que no se emocione con esto es que está muerto”. Paseo de Recoletos y Atocha. Un pasillo de gente.

Paso el kilómetro 5 y miro el crono y me llevo una sorpresa: 17’54”. ¿Cómo es posible? ¿Solo dos segundos más lento que el año pasado? Hago mis cuentas: estoy por debajo de los 37’ … si sigo corriendo así.

Pero … algo pasa.

En la Avenida Ciudad de Barcelona me desconecto. Estoy más pendiente de la gente que nos anima, del ruido, del ambiente, de la gente que corre conmigo que de seguir a tope. Sigo corriendo, evidentemente, pero he dejado de pensar en la carrera. Si hasta aquí he venido exigiéndome en cada zancada, ahora me doy involuntariamente una tregua.

Y llego a Vallecas. Se acaba la bajada y empiezan los últimos dos kilómetros de carrera. Empiezan las cuestas. Y sufro. Me duelen las piernas. Me obligo a subir a tope, pero si ya en la bajada me parecía que no iba bien, ahora me siento lentísimo. En esta cuesta he hecho subidas memorables, sin que nadie me adelantara y corriendo con mucha fuerza. Hoy me pasa todo lo contrario. Llego al kilómetro 9, pero no quiero mirar el reloj. Voy a hacer el último mil con todas mis fuerzas. Me recupero un poco en la única zona llana y afronto las dos últimas cuestas sabiendo que no queda nada.

El estadio, por fin. La rampa de bajada y … ¡sorpresa! En vez de girar a la izquierda hacia el fondo del campo de futbol … seguimos rectos. Unos segundos de desconcierto… ¡No veo la meta! ¡Está en la recta de enfrente, a menos de 100 metros! Un sprint muy corto y veo el crono … 37’12”… ¡La cagué!

Me hubiera gustado bajar de 37’. Era una barrera exigente pero pensaba que podía conseguirlo.

Lo más sorprendente es …que no me sorprende. Me dejé muchos segundos en las cuestas de Vallecas. Pero a cambio, también recogí muchas sensaciones que siguen alimentando mi predilección por esta carrera. Y, además, tampoco me preocupa mucho. Podré volver al año que viene a cumplir el rito de la San Silvestre. A mi fiesta de Nochevieja.


Quedan más historias que contar; la primera San Silvestre de mi hija Alicia acompañando a mi padre, que volvió a correr y a terminar con sus 85 años, los cambios que está experimentando esta carrera, buenos y malos …

Pero las dejamos para otro día.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

SAN SILVESTRE. A OCHO DÍAS.



Cuenta la historia que un tal Silvestre nació en Roma en el año 270. De joven debió de tomar los hábitos y desde ahí comenzó una fulgurante escalada en el escalafón de la iglesia que le llevó, nada menos, que a ceñirse la tiara como sucesor de Melquiades. Y suerte que tuvo el hombre, porque gracias a un ambiente de mayor tolerancia hacia el cristianismo, resultó ser primer Papa que no murió mártir. Esto es, que no terminó sus días despiezado, quemado o comido por las bestias.

No consta en la historia de Silvestre que, ni de joven ni de veterano, se dedicara a la carrera a pie. Lo cual no quiere decir que no hiciera sus pinitos por las calzadas romanas al atardecer. Simplemente es un hecho que los libros han podido dejar pasar por alto como intrascendente, a la par que otros muchos detalles que pudieron adornar o ensombrecer la vida de nuestro protagonista. Ante la duda, nada nos impide pensar que, recogiéndose la túnica, saliera por la via apia antica camino de las murallas a perderse por los suburbios de la ciudad.

Tampoco de las imágenes o de las tallas con las que se le representa se desprende un aspecto especialmente atlético. Pero todos sabemos que el aspecto, en esto del correr, casi siempre es secundario.

Y sin embargo, la figura de Silvestre ha quedado ligada a la celebración de las carreras que se celebran ese día debido a que precisamente, su muerte se produjo un 31 de diciembre. 

San Silvestre. ¿Quién te lo iba a decir a ti? ¡¡Si tú supieras ...!!
Ignorado por tu pontificado pero famoso por las carreras.
Más conocido en el Marca que en la Hoja Parroquial.

Ocho.
Me quedan ocho días para volver a la línea de salida en la que más veces he estado. Bien es verdad que esa línea de salida ha cambiado varias veces desde mi primera participación en 1983 hasta hoy.

Dieciocho.
Será mi decimoctava participación.
Y ahí estaré de nuevo en la prueba internacional. Otro año más a intentar una prórroga para la carrera del año que viene. Este año con Ángel, que debuta en la prueba internacional. 
Y en la popular, mi padre, Mercedes y Alicia, que se estrena.
Un plantel familiar difícil de superar. 
Y aún nos queda Alberto, que participará un año de estos.

Treinta y seis treinta y ocho.
La marca del año pasado a la que pretendo acercarme. Difícil reto. Supone salir desde el primer kilómetro a correrlos, todos ellos, casi tan deprisa como hago mis mejores series.

Esa es mi fiesta de Nochevieja. Toda una fiesta antes de cenar.



¡¡¡Felices Navidades a todos!!!

viernes, 2 de enero de 2015

SAN SILVESTRE VALLECANA 2014


Foto: ABC

Son las ocho en punto de la tarde del 31 de diciembre de 2014. El último día del año. Estoy  a punto de correr mi carrera favorita. Y sin embargo … lo más importante ya ha pasado.


Hemos llegado a Madrid a las 16:30. Poco después he dejado a Mercedes y a Ángel en la Castellana, cerca de Nuevos Ministerios. Van a correr la carrera popular con otros 39.000 corredores, más otros pocos miles que lo hacen sin inscripción. Entre toda esa muchedumbre de camisetas amarillas, gorritos de papá Noel, cuernos de renos, espumillón y todos los disfraces que os podáis imaginar, está mi padre. Si no fuera por su guardia pretoriana, algunos de los jugadores del equipo de Veterinaria, mi padre estaría siendo engullido por una masa de gente que empieza la fiesta de Nochevieja con esta carrera. Pero sus guardianes protegen ese aparente frágil cuerpo de 84 años. Hace cuatro días le dio un tirón en el gemelo, de manera que le tuvieron que ayudar al llegar a casa. No podía ni caminar. Al rato me llamó por teléfono. “Ángel, no corro. Me he lesionado”. Un rato de conversación permitió posponer la decisión hasta el día anterior a la carrera.

Al final, con miedo por su gemelo, pero ahí estaba. En la línea de salida. Solo él sabe lo que sintió a lo largo de esos 10 kilómetros. Muchos aplausos, muchos ánimos de corredores anónimos que le adelantaban, muchas fotos con unos y otros… Y la línea de meta para certificar un año más que se puede hacer. Qué correr es la mejor manera de mantener el cuerpo y la cabeza en equilibrio, a pesar de la edad y los dolores. La mejor manera de mantener un espíritu joven aunque el cuerpo se empeñe en desgastarse.

Son las ocho en punto de la tarde del 31 de diciembre de 2014. Estoy en la línea de salida. La más concurrida de la historia de esta carrera. Casi mil corredores. Mi dorsal, por orden de tiempos acreditados me coloca de la mitad para atrás de la prueba, así que no peleo mucho por salir muy adelante. Ya no me corresponden esos puestos.

El disparo precede a los primeros 500 metros de subida. Si casi siempre las salidas se hacen a “toda leche”, está todavía más. Así, cuando llego al final de la cuesta se me sale el corazón por la boca y me estallan los pulmones. Afortunadamente ahora hay kilómetros de cuesta abajo para regular los latidos y la respiración. Pero, de pronto, ocurre algo inesperado. Un apagón en la parte alta de la calle Serrano nos deja completamente a oscuras. Solo se ve con la poca luz que emiten los semáforos. Hay un momento de pánico y una especie de parón general, pero todos los que estamos allí hemos venido a correr a todo lo que podamos y si toca hacerlo a oscuras, pues se correr a ciegas. Es un momento de peligro porque aún vamos muy agrupados y siempre hay cambios de trayectoria y algún tropezón, pero una especie de sexto sentido nos ampara hasta que de nuevo entramos en la zona iluminada. Ha sido algo menos de un kilómetro, pero se ha hecho largo.

Voy sin referencias. No veo los puntos kilométricos hasta el 4. Aprieto el crono pero … no distingo los números. Estamos en Cibeles y voy a todo lo que me dan las piernas. No guardo nada. Llegamos al 5 y de nuevo aprieto el crono. Intuyo que pone 17’52”. Y me hago la cuenta de toda la vida: 17’ 52” x 2 + 1= bajar de 37’.

Aún queda el descenso desde Atocha hasta el Puente de Vallecas. Es donde comienza a acumularse más público y los ánimos provocan un plus de velocidad. Otros años a estas alturas ya se había formado un grupo más o menos estable. Estamos cerca del kilómetro 8 y no paro de adelantar gente mientras otros me adelantan a mi.

Comienza la subida y con ella el sufrimiento por dejar el último gramo de fuerza sin perder tiempo. Callejear por Vallecas entre un pasillo de gente es lo más emocionante de la carrera, pero no tengo mucho más en las piernas. Veo el kilómetro 9 y los últimos 1000 metros me los chupo repitiéndome constantemente eso, que solo quedan 1000 metros. La última cuesta antes de llegar al estadio es la más dura y la bajada al campo algo peligrosa. Una vez dentro entrego mi último esfuerzo para parar el crono en 36’ 38’’, es decir, 45” menos que en la carrera del año pasado.

Me he ganado el derecho a repetir el año que viene.

Una prórroga más. 

RESULTADOS

lunes, 29 de diciembre de 2014

SAN SILVESTRE VALLECANA 2014. CUANDO OTRAS COSAS SON MÁS IMPORTANTES QUE UNA MARCA



Esta breve historia la escribí hace unos años después de correr una San Silvestre. 
Y cada año, antes de salir vuelvo a acordarme de ella. Este año no puede ser menos.
Y ...No. 
No siempre las marcas son lo más importante de una carrera. 


UN PEQUEÑO COPO DE NIEVE

Juanito aceptó bajar a ver la San Silvestre Vallecana. No era fácil tomar la decisión, pero con 10 años ya era consciente que en Navidades hay que portarse bien por si las moscas. Además su padre, vallecano hasta la médula, le había contado tantas historias de la carrera que tenía cierta curiosidad por ver a esos africanos. El año anterior también bajó, pero apenas les vio pasar y por supuesto, cuando quiso accionar su spray de nieve artificial lo único que consiguió fue una mancha en el asfalto. Este año sería diferente. Su padre le había repetido miles de veces que solo enchufase a las piernas: “Juanito, solo a las piernas ¿eh?” “si papá, solo a las piernas”. Y allí estaba, en la acera de su calle, esperando a que su padre le avisara de la llegada de los corredores. Éste charlaba con los vecinos “¿otro año más ¿eh?” “Y que sean muchos, Juan” ¿Quién gana este año, Juan?, ¿Otro africano?” “Ya veremos. Chema está muy fuerte” “¡Por lo menos ya ha parado de llover!”.

En la otra punta del recorrido, Ángel está preparado. Advierte en la salida que tal vez está un poco adelante para lo que puede hacer este año. Se nota más tranquilo que años anteriores, la ausencia en la pasada edición le ha hecho cambiar las prioridades y ahora, la marca ya no es lo primero, le basta con estar ahí, en la salida un año más. Lleva los guantes negros de la San Silvestre de 1999. Al ver las caras de sus compañeros de carrera advierte que hace 10 años alguno estaba jugando con los playmobil a estas horas.

Disparo de salida. La estrategia de siempre en esta carrera: “A tope desde el primer metro”, se dice Ángel para sus adentros, “son solo 10.000 metros. Solo 10.000 metros… ¡a disfrutar!”. 

La carrera se estira. Los primeros ganan terreno velozmente y, a pesar de ser subida, se corre muy deprisa. Ángel no se entera por donde va, pero los pasos por los kilómetros le dan seguridad y tranquilidad. “Voy más deprisa de lo que debía”. "No pasa nada. Siempre pienso lo mismo y al final aguanto. Vamos!!!

Juanito está impaciente. Sabe que la carrera ya ha empezado, son las 20:15 y los primeros van a pasar por su calle dentro de 7 u 8 minutos. Está preparado. Ha hecho una prueba con el spray. “Juanito, solo a las piernas ¿eh?” “si papá, solo a las piernas”. Lo tiene todo calculado. Si aprieta el botón cuando el primero pase a la altura de Jacinto, el vecino del cuarto, seguro que le da de lleno. Una moto pasa a toda velocidad. ”¡Ya están aquí!”, grita su padre. 
Todo el mundo avanza un paso hacia el centro de la calle. Por un momento Juanito se ve perdido, pero su padre le rescata de entre la gente y le coloca delante de él. Se asoma y ve al fondo un corredor corriendo a toda velocidad cuesta arriba. Alguien comenta “¡qué bestia, como va!”. Juanito no tiene ojos más que para su marca ficticia en la calle y justo cuando el corredor pasa por delante aprieta el botón… “¡Toma! ¡Le he dado papá!”. Un chorro de espuma blanca adorna las piernas del atleta africano. Juanito repite la acción una y otra vez con los siguientes corredores. “Juanito, solo a las piernas ¿eh?” “si papá, solo a las piernas”. Agita el bote una y otra vez y rocía a los atletas de espuma blanca.

Ángel está entrando en Vallecas. Kilómetro 8 y un tiempo por debajo de lo previsto. “Queda la cuesta, aquí no me puede adelantar nadie”, se repite como un mantra. “Vamos, ¡Vamos!”. 

En ese instante Juanito agita por última vez el spray. “Ya no puede quedar nada, yo creo que se me acabado. Un último apretón”. Pulsa el botón y unos cuantos copos de nieve artificial, salen al exterior desperdigándose por el viento entre corredores. 

Un pequeño copo queda atrapado en el guante negro de Ángel. Cuando éste lo ve se dibuja en su cara una enorme sonrisa. Lo mira de nuevo. La carrera adquiere otra dimensión, el tiempo se para, se hace un silencio absoluto. Solo existe ese copo de nieve, en su guante. No presta atención a la gente, ni a los corredores. Por supuesto sigue corriendo a todo lo que puede, pero ya sabe que ha conseguido volver a impregnarse de la nieve artificial de la San Silvestre Vallecana un año más. 

Como hace veinte años cuando corría mucho más adelante. 

Como cuando corría mucho más deprisa.

lunes, 6 de enero de 2014

SAN SILVESTRE VALLECANA 2013: ...Y ASÍ RESULTÓ MI CARRERA

Autor de la foto : Kiko Huesca EFE

Las 17.25 de la tarde. 40.000 personas a punto de tomar la salida de la San Silvestre Vallecana. No hace frío y tampoco llueve. La animación es enorme. Una pantalla gigante bajo el arco de salida proyecta la imagen de miles de corredores, unos haciéndose fotos, otros disfrazados, los menos concentrados en la carrera. Esto es una fiesta. La fiesta de la San Silvestre.
Estoy en la parte delantera del “box” de menos de 42 minutos. Justo detrás de los que han acreditado correr en menos de 38 minutos. He sido testigo de cómo en la entrada de los boxes se comprobaba con bastante seriedad el estar en posesión de la pulsera correspondiente a la marca acreditada. Y sin embargo me produce bastante intranquilidad ver por delante de mi algunos corredores que no tienen precisamente la pinta de poder correr muy deprisa. Además hay centenares de corredores sin dorsal apostados en los laterales de la salida para incorporarse en cuanto suene el disparo.
Comienza la marcha atrás. Pasan unos segundos hasta que cruzo la línea de salida. Comienzo a trotar y unas decenas de metros después, a correr. No me he equivocado. Aquí hay gente que no ha corrido diez kilómetros en menos de una hora en su vida … y hoy tampoco lo van  a hacer. (El hombre de la camiseta blanca de la foto es un ejemplo). Voy esquivando corredores mientras subo lo cuesta inicial. Cuando llego arriba me duelen las piernas y los pulmones. El calentamiento no ha sido muy bueno y los veinte minutos de espera en la salida tampoco ayudan a estar en las mejores condiciones. El giro en la Calle Serrano está flanqueado por otros cientos de corredores que arrancan a correr al paso de la cabeza. El peligro de una caída es grande. No consigo correr más o menos cómodo hasta casi el kilómetro 2. Solo entonces me pongo a ritmo. Sigo adelantando a muchos corredores, pero ya puedo ir por un lateral sin agobios. Termina Serrano y la carrera enfila la Calle Alcalá y el Paseo de la Castellana. Kilómetro 5, miro el crono … intuyo  que pone 18’26’’. Si es así, voy en el límite de mis predicciones. Mi objetivo es bajar de 38 minutos, 18’30’’ en la primera mitad y 19’30’’ en la segunda. Así que voy algo justo. La salida me ha hecho perder más tiempo del que tenía previsto. Sigo corriendo a toda la velocidad que puedo. No me duelen los pies. No me duelen las rodillas. ¡Fantástico! Kilómetro 6: 22’ 06’’. Me quedan 4 kilómetros y algo menos de 16 minutos para alcanzar la meta en el tiempo previsto. A poco menos de 4 el mil … Creo que lo voy a conseguir. Me relajo un poco. La Avenida Ciudad de Barcelona es el último tramo cuesta abajo antes de comenzar la subida por la Avenida de la Albufera. La animación es grande pero no es como en la prueba internacional en la que, en esta zona comienza un pasillo de público que no deja un hueco hasta la entrada en el campo de fútbol de Vallecas. Kilómetro 8 … ya no distingo los números del cronómetro, pero se que voy a cumplir mi objetivo. La cuesta arriba se me hace muy larga, pero queda muy poco para alcanzar la meta. Kilómetro 9… 33’ 42’’. Ahora ¡a tope!. Corro todo cuanto puedo, la entrada es en ligera cuesta arriba, pero aún puedo exprimir un poco más las piernas. Paro el crono en 37’37’’, que luego resultan ser 37’25’’ por los segundo perdidos hasta cruzar la alfombra de salida.
Me paro. Tengo una alegría inmensa. Y entonces me acuerdo de los dos últimos años. De mi dolor de pies, de los tratamientos, de las personas que me han ayudado a superar la lesión. Es un momento de emoción que solo pueden entender los corredores. He vuelto a correr tan deprisa como he podido. He vuelto a la San Silvestre Vallecana y, por decimosexta vez, la he terminado. Y para la próxima edición podré volver a correr la prueba internacional si todas las partes de mi cuerpo se ponen de acuerdo para ello.

37’ 25’’. El 232º de la prueba. El 16º en la categoría de veteranos >45 años.

sábado, 4 de enero de 2014

SAN SILVESTRE VALLECANA 2013: ESE HOMBRE DE LA FOTO

Autor de la foto : Kiko Huesca EFE

El fotógrafo apretó una vez más el disparador de la cámara. Llevaba mucho tiempo y sospechaba que la batería no duraría mucho más, pero también sabía que ahí, en la parte de atrás de la carrera, hay tanto material como en la cabeza. Imágenes que cuentan una historia por si mismas.
Clic. Apenas miró en la pantalla el encuadre y pasó a la siguiente.
Clic. Una más.
Clic. Otra.
Y ahí quedó.
En la foto se ve a un hombre mayor y tres corpulentos jóvenes escoltándole. Uno de ellos lleva un globo confeccionado en plástico dorado con un 83. Lo levanta con ambas manos, pero su mirada pretende llamar la atención sobre el significado que las cifras. “¡Ojo!. Atentos” Parece decir. “!83!”.
El encuadre del fotógrafo ha dejado a algún miembro de ese grupo fuera. Es necesario el recorte para focalizar la atención en los tres objetos clave de la fotografía: ese hombre mayor, esos tres jóvenes acompañantes y ese misterioso 83 que se alza por encima de ellos.
Estas son las claves de la fotografía.
Los tres jóvenes. Tres jugadores de rugby del equipo de Veterinaria. Tres del grupo que acompañan a ese hombre mayor. Chavales que disfrutan acompañando a ese atleta veterano en su cita con la San Silvestre Vallecana. Podían quedarse en casa. Podían irse de juerga antes de cenar para continuar después. Podían correr ellos a su ritmo. Podían hacer esas u otras muchas cosas. Pero no. Prefieren cumplir con una cita un año más. Correr con Ángel. Y ahí están. Si él corre, ellos también.
El hombre mayor. Ángel. La camiseta reglamentaria talla S. Unos pantalones de chandal que tienen muchos entrenamientos y una gorra con el escudo del Marathón de Berlín 2006. No se aprecia, pero es así. Ya había decidido no correr este año la San Silvestre. Pero cambió de opinión. Se inscribió y continuó entrenando. Tres días por semana. Cuidándose para llegar en las mejores condiciones posibles a la carrera. También podía haberse quedado en casa, pero … hay algo que tira de los corredores que no se pierde con la edad …si la edad te deja. Y Ángel, rebelde, se empeñó en que la edad le dejara un año más.


El globo dorado. 83. ¿Qué diferencia a ese hombre mayor del resto de corredores? ¿Por qué alguien le escolta sosteniendo en alto esa cifra? No es fácil correr con los brazos en alto. Sin embargo ese jugador de rugby está dispuesto a llegar a Vallecas sosteniendo el globo para advertir a la gente que contempla la carrera que ahí hay algo especial.
83 años. 
Gracias, fotógrafo. Esta foto es un tesoro.

viernes, 3 de enero de 2014

SAN SILVESTRE VALLECANA 2013: TRES GENERACIONES EN LA LÍNEA DE META

Autor de la foto : Kiko Huesca EFE

Cuatro de cuarenta mil. Cada uno a una altura de la salida. Mercedes y tres generaciones de “Ángeles”. Los que dan nombre a este blog. Cada uno con sus objetivos, el confesable y el inconfesable, ese resultado que no decimos a nadie pero que nos gustaría conseguir para dar satisfacción a ese irrefrenable deseo de ir un poco más allá.
“¿Has ganado?” Nos preguntarán mañana.
Ganar.
¿Cuántos de los 40.000 corredores que estamos aquí vamos a ganar? Ganar la carrera, lo que se dice ganar, conseguir la victoria, gana uno.
Ganar en el sentido más amplio de vencer las limitaciones de cada uno… probablemente más de la mitad. Quizá 25.000 o 30.000. Incluso es posible que más. Ganamos todos aquellos que alcanzamos a cumplir nuestro objetivo. Aunque el tiempo en la meta nos coloque en el puesto 32.521. ¿Qué más da? Ganar es disfrutar de lo que haces. Ganar es compartir esa última tarde del año con otros miles de corredores que les gusta disfrutar de la misma manera que tú. Ganar es superar el reto.
Si. Este año hemos ganado. Hemos ganado los cuatro. Ganó mi padre, que acabó la carrera a sus 83 años. Emocionado por las infinitas muestras de cariño de cientos de corredores que le reconocen el mérito, no solo de correr, sino del mero hecho de estar ahí, en vez de sentado en su casa. El mérito de dar ejemplo de constancia y de rebeldía contra el paso de los años. Un año más pudo hacerlo. Mirando el tiempo en la meta y recordando tiempos en los que lo hacía mucho más deprisa.
Ganó Mercedes. Que volvió a bajar un año más el tiempo realizado el anterior. Y así un año tras otro. Olvidando lesiones y problemas. Otro golpe al crono: 45’57’’. La 19º de su categoría y 3777 de la general.
Ganó Ángel, mi hijo. Saliendo desde muy atrás, voló por la Castellana para bajar cinco minutos su marca del año anterior. Terminó en 38’06’’. Muy cerca del límite establecido para correr en la Internacional. El 11º de categoría junior y el 339 de la clasificación general.
Y gané yo. Gané por muchas cosas. La más grande es poder compartir una carrera con tu padre, tu mujer y tu hijo. Eso … hay pocas personas en disposición de conseguirlo y a mí me hizo mucha ilusión. Gané porque no me dolieron los pies… después  de dos años sufriendo a cada paso. Gané porque corrí mi carrera favorita de nuevo. Treinta años después de hacerlo por primera vez. Sumando sensaciones y experiencias. Sumando ediciones. Van 16. Hasta ahora siempre la prueba internacional. Ahora ya puedo presumir de haber corrido también una popular.

Así que … si. Ganamos los cuatro.

lunes, 30 de diciembre de 2013

SAN SILVESTRE VALLECANA 2013: TRES GENERACIONES EN LA LÍNEA DE SALIDA


Apenas quedan 24 horas para que se de la salida a la San Silvestre Vallecana.
Hace ya 30 años que corrí por primera vez esta carrera. En mi memoria se mezclan muchos recuerdos, pero no soy capaz de discernir a qué edición corresponde cada una de las muchas sensaciones que he vivido.
Esta será la decimosexta vez que tomo la salida. La primera en la prueba popular. Antes siempre corrí la internacional, así que me veo como un novato. 
Los dos últimos años la fascitis me impidió correr. Este año mis pies han dado el visto bueno.
 Las dimensiones de esta prueba no las he vivido antes, ni siquiera en los maratones más populosos que he corrido, en Londres o Berlín. Además no tiene nada que ver un marathón con una carrera de 10 km. Me resulta difícil saber cómo podré calentar, cuanto tiempo antes deberé dejar la ropa en el ropero, cuanto tiempo tardaré en desplazarme de un lugar a otro, cuanto tiempo tendré que estar antes en la salida, cómo hacer para no quedarme frío durante ese tiempo, cómo saldrá la gente que me preceda… Situaciones que otros años, en la prueba internacional, eran mucho más sencillas de resolver. Todo el mundo sale a correr desde el primer metro y no hay aglomeraciones que lo impidan.


Hemos llegado al día antes de la prueba sin percances, así que estaremos mi padre, Ángel, mi mujer, Mercedes, mi hijo mayor Ángel y yo mismo, otro Ángel más. Cada uno saldremos desde un box diferente, fruto de las diferentes marcas que hemos acreditado en la inscripción, pero en algún momento de la prueba, los cuatro estaremos sobre el asfalto de Madrid recorriendo sus calles para despedir el año y para convertir esta edición en una cita histórica para nuestra familia de corredores. Espero, sobre todo, que disfrutemos de la carrera.

lunes, 9 de diciembre de 2013

SAN SILVESTRE VALLECANA 2013: TRES GENERACIONES


Este año batimos un record en la familia. Vamos a correr cuatro miembros la San Silvestre Vallecana.
Bueno … vamos a intentarlo. De momento hemos dado el primer paso: nos hemos inscrito.
Además vamos a correr los cuatro la misma carrera puesto que yo no he conseguido hacer la marca mínima para la carrera internacional a tiempo y a estas alturas ya no voy a intentarlo. Quizá si no me hubiera caído de la bici en el duatlón de Humanes de Madrid, lo hubiera logrado, pero las cosas son como son. En realidad no me importa mucho porque poder correr la popular nos permite estar en la línea de salida de la carrera a tres generaciones y eso es muy grande. No dudo que haya más gente que lo consiga. Seguramente habrá más casos, pero es difícil que se trate de tres generaciones de corredores. Entre los cuatro habremos hecho más de 1000 competiciones y entre ellas, muchos maratones, carreras de 100 km, crosses, casi todas las pruebas de pista al aire libre o cubierta, carreras de montaña, triatlones, duatlones, carreras nocturnas… en fin, casi de todo.
Por si fuera poco, contamos, probablemente,  con el corredor de más edad inscrito en la carrera, mi padre, que con 83 años sigue entrenando tres o cuatro días por semana para estar a punto el próximo 31 de diciembre. Mercedes, Ángel y yo completamos el cuarteto.

Nos quedan 22 días. Espero que nos respeten las lesiones a los cuatro y podamos disfrutar de la fiesta de Nochevieja con el dolor de piernas de otros años.

miércoles, 9 de enero de 2013

SAN SILVESTRE VALLECANA 2012: DESDE EL OTRO LADO



Foto marca.com
Este año viví otra San Silvestre Vallecana diferente. Ni de corredor como tantos años, ni de espectador como algún otro, ni de “mochilero”. Este año me volví a quedar sin correr, así que otra vez estaría “en la orilla”. La huelga de los trabajadores del Metro de Madrid modificó todos los planes así que no tuve más remedio que improvisar sobre la marcha. El plan era acercarme lo más posible hasta la zona del Puente de Vallecas para ver pasar por allí (para intentar ver pasar por allí) a Mercedes y mi hijo debutante. El plan incluía a mi padre, la estrella anónima de la San Silvestre, que con sus 82 años volvía a estar inscrito, pero un inoportuno catarro le dejó en casa.
Así pues, armado de paciencia me fui acercando a mi objetivo. Mi conocimiento del callejero de Madrid no me garantizaba una aproximación sencilla. Mi proverbial sentido de la orientación no colaboraba en la tarea. Mi criticado esmero en buscar un aparcamiento legal sin pisar vados, aceras, carrilesbus y el propio tamaño del coche no permitía aparcar en “cualquier sitio”. La hora prevista del paso de mis corredores se acercaba y yo no paraba de dar vueltas y vueltas y más vueltas.
Cuarenta minutos después encontré aparcamiento. Me apresuré (dentro de mis actuales limitaciones) a la Avenida Ciudad de Barcelona … sin posibilidad alguna de verlos. Por allí ya habían pasado hacía un buen rato.
Entonces me di cuenta que detrás de la San Silvestre de los corredores hay otras San Silvestres: la de los conductores, la de los peatones, la de los trabajadores de los servicios públicos municipales …
Así, vi una pareja de la Policía Municipal junto a las vallas situadas para evitar el paso de vehículos en una calle que, con una paciencia infinita, una y otra vez explicaban a los conductores por qué estaba cortada la calle y qué alternativas tenían. Les vi retirar las vallas tantas veces como fue necesario para que pasaran vehículos que iban a los garajes de las calles próximas. Les vi aplacar las iras de algún conductor que debía de haber intentado cruzar la zona por algún otro lugar sin éxito.
Qué deciros de aquella mujer mayor, con un bolso colgado del brazo y una bolsa de la otra mano,  que salió del portal de su casa y no pudo dar más allá de dos pasos  antes de darse cuenta que, no solo la calzada, sino también la acera estaba invadida de una horda de alienígenas de color naranja (el color de las camisetas de este año). La pobre mujer, muerta del susto, tuvo el tiempo justo de retroceder de nuevo hasta el portal sin atreverse a poner un pie en la calle hasta muchos minutos más tarde.
O aquél papá con un niño cogido a cada mano intentando cruzar por un semáforo en mitad de la carrera cuando más corredores pasan, sin conseguirlo por más que el semáforo, ajeno a las circunstancias, tornase alternativamente del rojo al verde con puntualidad suiza. Ni la impaciencia del padre ni el desconsuelo o el aburrimiento de los niños eran herramientas suficientemente poderosas para abrir el rio de corredores como Moisés las aguas del Mar Rojo.
Y así … cuantas historias no se contarían en la cena de Nochevieja sobre esa maldita carrera “que me hizo llegar tarde a casa de mis suegros y que ya no me aguantan”, o “a casa de mi novia que me dijo que no admite la falta de puntualidad”, o “al trabajo, vaya día para tener guardia y encima llagar tarde”.
Y es que corriendo no nos damos cuenta de las que liamos…

viernes, 12 de marzo de 2010

EL ABUELO DE LA SAN SILVESTRE


Esta es una entrevista que se publicó en el diario El Mundo el 31 de diciembre de 2007. El año siguiente mi padre no pudo correr, pero el último día del año 2009 volvió a la linea de salida de la San Silvestre popular y, con 79 años, volvió a ser el más veterano de entre todos los corredores. Lo que pasó entre medias es una historia de superación que será contada en otro momento.



A sus 77 años, y con más de 10 maratones en sus piernas, será hoy el corredor más veterano de la carrera madrileña





ALFREDO MERINOMADRID.- «No, la verdad es que eso a mí me deja frío». A las 10 de la mañana del último domingo de diciembre y mientras se da unas carreritas por el parque del Calero, Angel Iglesias Pérez comenta, a sus 77 años que juegos como la petanca y el chito, muy populares entre los jubilados madrileños, no le gustan nada, que lo suyo es la carrera pedestre. Y así ha sido durante toda su vida.
Incapaz de recordar cuándo empezó a correr, sí que es capaz de volver al colegio, donde tenía un «buen profesor» que animaba a los alumnos a correr, sin ninguna exigencia ni obligación, sólo por el placer de hacerlo.
Entonces Angel triunfaba. «Mis compañeros se iban sentando todos, primero los gorditos, luego los demás; al final sólo quedábamos otro y yo».
Eran tiempos de posguerra, momentos más duros, según admite, que el propio asedio sufrido por Madrid durante la Guerra Civil y que él padeció con seis años. Entonces el deporte popular sencillamente no existía. «Fueron años muy difíciles y el deporte que practicaban los españoles era buscarse los garbanzos. Nada que ver con ahora, que todo es más fácil, aunque también más caro, por mucho que digan lo contrario», polemiza.
Lo recuerda mientras corretea, estira o se ajusta el chip que le dirá su tiempo esta tarde en la San Silvestre. «Esto es una maravilla, pero que nadie se engañe, no hace ninguna falta para hacer deporte. Sólo hay que tener ganas, como yo las he tenido siempre. Sin importarme que me preguntasen que a dónde iba tan loco y en calzoncillos por la calle». Y al venerable abuelo le vienen a la mente los tremendos tiempos de su juventud, cuando en un Madrid provinciano, se iba en compañía de un amigo farmacéutico hasta la Casa de Campo a practicar su afición. «Pero un día estalló un obús de la guerra y mi madre me prohibió salir de casa, porque sabía que, si lo hacía, me iría allí».
Tiempo después, ya en los años 60, pudo estudiar Filosofía y Letras en el mismo curso que Fernando Savater. «Cuando salía de clase, ya de noche, pues trabajaba, me iba a entrenar», recuerda este empleado de una empresa petrolífera que también tuvo tiempo para ejercer como periodista, crítico de teatro y escritor.
El primer Maratón Popular de Madrid, fue una revolución en la vida de Angel Iglesias. «No me había enterado, pues estaba muy enfrascado en mi mundo, pero cuando lo vi, supe que aquello estaba hecho para mí». Dicho y hecho; al año siguiente corrió el primero de sus 10 maratones, con unos tiempos cercanos a las tres horas. Junto a la de Madrid, ha corrido Londres, Nueva York, Estocolmo y Amsterdam. Aparte medias maratones y otras carreras más cortas, hasta más de cien pruebas, cien medallas y diplomas, cien maneras de sentirse vivo.
«Tengo vecinos de mi edad, incluso más jóvenes, que a lo sumo se dan un paseíto por el pasillo del bloque. Yo, aunque cada vez tengo más achaques [este año anda algo fastidiado, pues lleva con una lesión desde el mes de abril, cuando corrió el último maratón de Madrid], pero aparte de alguna lesión como la que he tenido en los gemelos, no cojo ni un catarro». Lo dice con el mismo ímpetu con que disputa las carreras.
«Seguiré hasta que el cuerpo aguante», comenta. Cuando le ves trotar, con el frío que pela de estas primeras mañanas invernales, ataviado sólo con una tenue sudadera, te das cuenta de que le queda cuerda para rato. Aunque eso no le inquieta al abuelo de la San Silvestre. Lo suyo es disfrutar del goce adictivo de la carrera, y de paso cuidar la salud física y mental. Angel ha hecho del footing una forma de vida, una terapia que le permite moverse con admirable comodidad en una edad que empieza a ser delicada.
Competir nunca le inquietó demasiado, más allá del desafío que uno establece frente a sí mismo y ante el reloj. Ni tan siquiera le preocupa en exceso cómo terminará esta noche la carrera. «Hace tiempo que dejó de preocuparme. Si no puedo acabar corriendo, pues andando y si no, me retiro. Es lo que tiene cumplir años, que todo es más relativo», advierte el patriarca de una dinastía de corredores cuyo ejemplo ha cundido entre los de su estirpe.
Y esto sí que le emociona. Cuando Angel Iglesias habla de sus nietos, tres de ellos corredores, igual que sus hijos y que su nuera, se le cae la baba. «Siempre me acordaré del día en que mi nieto mayor hizo su primera Canillejas infantil con cuatro años».
LO DICHO Y HECHO
«El deporte más practicado por los españoles en la posguerra era buscarse los garbanzos»
1930: Nace en Valladolid, en «una familia trabajadora». 1932: Su padre encuentra trabajo en Madrid y se traslada con la familia. 1942: Destaca como corredor en el colegio, donde no encuentra rival. 1979: Corre en Madrid su primer maratón. 1981: Corre el Maratón de Nueva York. 2000: Uno de sus nietos, de cuatro años, participa en la Popular de Canillejas. 2002: Con 72 años corre los 10 kilómetros de la San Silvestre vallecana en 52 minutos.