sábado, 5 de marzo de 2016

¿ACASO NO CORRER ME ESTÁ LLEVANDO A TRASTORNOS ALUCINÓGENOS?



Pasaba yo por delante del escaparate, sin prestar mayor atención, distraído, pensando en  mis cosas, cuando de repente me detuve. Retrocedí unos pasos y leí detenidamente lo que instantes antes solo había sido captado por esa parte del cerebro que no descansa nunca.

Leí y releí … Piernas completas… Piernas completas...
Ummm. 
En realidad a mí solo me hacía falta una rodilla, pero por ese precio, no me importaría tener unas piernas completas de repuesto. 
Incluso, pensé, tal vez podría regatearles un poco y comprando dos pares me hicieran un precio.

Tampoco era cuestión de comprar por comprar. Antes tendría que comprobar la calidad del material y me tendrían que explicar claramente la forma de colocación, la durabilidad y la garantía.

 También les tendría que explicar que las quería para correr. 
Para correr … maratones, les diría, por aquello de conseguir lo mejor de lo mejor. 
Maratones  …de montaña. 
Exagerar un poco pondría a mi disposición las mejores piernas del mercado, esas que el comerciante guarda con seguridad en la trastienda, solo para aquellos clientes que buscan la mayor calidad. La excelencia.

Volví a mirar el cartel por si acaso algún asterisco me remitía a la letra pequeña, esa letra que suele transformar las mejores ofertas en algo inútil, inservible, inasequible o inalcanzable. 
No. 
No había asteriscos…. Piernas sin asteriscos… Aquello prometía…
Y crucé la puerta.

Inmediatamente comprendí que algo no iba bien.

El primer aviso me lo dio la ausencia total de ejemplares de muestra. 
Están guardadas, pensé. 
Conservadas a una cierta temperatura. Protegidas de la luz, del aire.
El segundo, la falta de estanterías, cámaras frigoríficas o algo semejante.

El tercero, los clientes que se encontraban sentados en butacas a la espera de ser atendidos. Su aspecto no era el común entre los corredores. Es más, casi todos eran chicas jóvenes, con un tupé como el de Imanol Arias en aquellas legendarias ya campanadas de nochevieja, unos pendientes de aro como canastas de baloncesto y más pintura en la cara que todo el cuadro de las meninas. El tamaño de sus faldas permitía comprobar que sus piernas no presentaban defectos a simple vista… más bien al contrario, me atreví a pensar, no sin cierto rubor.

 Todas se me quedaron mirando fijamente.
Aquello no cuadraba.

El cuarto y definitivo aviso me lo dio el alarido que salió detrás de una cortinilla, acompañado de un comentario supuestamente consolador de lo que tal vez fuera el (o la) dependiente(a), con esa voz aplumada tan de moda en las emisoras de radio y canales de televisión…” aguántate un poquito mi oso velludo que ya solo queda la mitad”


Retrocedí unos pasos sin apartar mis ojos de la cortinilla hasta que di con la puerta. La abrí con sigilo, pretendiendo, sin conseguirlo,pasar desapercibido. 
Salí. 
Volví a mirar el cartel de las piernas y … esta vez me fijé un poco más arriba… en el nombre del establecimiento …
DEPILACIÓN LASER - PIEL SATÉN

martes, 23 de febrero de 2016

NUESTRA AFICIÓN POR CORRER ESTÁ GOBERNADA POR UNA PARTE IRRACIONAL E INCORREGIBLE. NO ESCARMENTAMOS.



Se nos podría tachar de imprudentes y no sería un error. También podríamos ser catalogados como insensatos, (que es como Gandalf llama a los hobbits cuando se atolondran) y estaríamos bien definidos. Incluso podríamos ser tildados de idiotas sin poder rechistar, sin sentirnos insultados. Al menos yo no podría …porque fue lo primero que me dije yo a mi mismo … “Ángel… eres idiota”.

Y es que no escarmiento. No escarmentamos, en general. Tal vez, en toda mi vida de corredor, solo haya conocido una o dos personas con la sensatez y la prudencia suficientes como para darse cuenta a tiempo y tomar la decisión correcta.

¿Por qué a una vaca o a un caballo les basta toparse con un pastor eléctrico una vez, una sola vez, para no volver a acercarse?

¿Por qué a una rata le basta una vez, una sola vez, recibir una descarga para no volver a asomar el hocico por donde el investigador no quiere?

¿Por qué yo, que soy persona, por tanto supuestamente racional, que  incluso tengo mi experiencia, me lesiono hasta tres veces DE LA MISMA MANERA ?

Por imprudente, insensato e … idiota.

Y no soy el único. Pero no me consuela el mal de muchos.

Corremos. Corremos. Corremos más. Notamos una molestia. Nos hacemos daño. Ignoramos que nos hemos hecho daño. No queremos darnos cuenta. Corremos otra vez. Sigue doliendo… pero volvemos a correr. Y entonces ya duele tanto que hay que parar.

Más o menos fue así.

Me hice daño. Instantáneamente me detuve. Reconocí el dolor inmediatamente. Me paré y me volví a casa. Hasta ahí todo funcionó “racionalmente”. Hasta ahí hice lo correcto. Pero al día siguiente salí a correr. Dolía … pero poco. (¿Cuánto me tenía que haber dolido para estarme quieto?). Y al día siguiente otra vez. También dolía, pero se ve que no lo suficiente. Y el siguiente no solo corrí sino que forcé. ¡Zas!

Ya estoy parado.

Ahora pasarán los días entre juramentos y lamentaciones.

Me tocaré la rodilla cada hora a ver si ya me duele un poco menos.

Me pondré hielo, tomaré antiinflamatorios, iré a fisios, a médicos, atormentaré a los que me rodean con mis dolores y… dentro de unos días volveré a correr.

Y … dentro de unos meses o tal vez años volveré a hacerme el mismo daño, de la  misma manera, en el mismo sitio. Y al día siguiente volveré a salir a correr. Y el siguiente … hasta que tenga que volver a parar.

Y volveré a lamentarme  y … y …. y ….


Somos incorregibles.

viernes, 12 de febrero de 2016

¡OLÉ PARA EL AYUNTAMIENTO DE SALAMANCA! DEMOSTRACIÓN EVIDENTE QUE SI SE QUIERE, SE PUEDE




El Ayuntamiento de Salamanca firma convenios con 25 equipos de la ciudad para el uso gratuito de las instalaciones deportivas municipales.

Mediante la suscripción de dos diferentes modalidades, según que las instalaciones estén atendidas por funcionarios municipales o por los propios clubes y con una duración variable entre 1 y 4 años, el Ayuntamiento exime del pago de las cuotas a los equipos deportivos por un importe global de más de 500.000 €.

Las razones que justifican esta exención del pago de estos precios públicos se basan en la labor social que desarrollan y para ello desde el Ayuntamiento se les pide un proyecto de educación en valores deportivos, además de colaboración en actividades que lleve a cabo el Consistorio.

Los 25 clubes con los que se han firmado los convenios son: Unionistas, Avenida, Balonmano Ciudad de Salamanca, CB Tormes, Salamanca Fútbol Sala, Jai Alai, Rítmica Salamanca, Capuchinos, Aviva Sánchez-Guijo, Halterofilia Tormes, Halterofilia Salamanca, ADAS Salamanca, Esgrima Gran Capitán, Helmántica Roller Hockey, Kinkicharras, Cristo Rey, Helmántico, Hergar Camelot, Navega, Salmantino, Pizarrales, Chamberí, El Zurguén, Monterrey y Fútbol Sala San José.

Faltan clubes y parece que aún quedan problemas por resolver con algunos deportes, entre ellos el atletismo o la natación, para los que ya están buscando solución, pero ahí está la iniciativa y la demostración de que se puede apostar por el deporte de diferentes maneras entendiendo el papel que desempeñan los clubes deportivos dentro de una sociedad.

En cuanto leí la noticia pensé que tal vez el Ayuntamiento de Salamanca pudiera permitirse el lujo de prescindir de estos ingresos por tener una situación más o menos saneada en estos tiempos de crisis.
La respuesta la he encontrado en este enlace del diarioExpansión

La deuda por habitante de Salamanca asciende a 711 €; la de la ciudad de Ávila a 739€.
Es decir, están muy próximas una de otra. 

Entonces … ¿No podría el Ayuntamiento de Ávila imitar a la corporación de Salamanca y por lo menos plantear un estudio con los clubes deportivos para trabajar en ese sentido?

Si se puede en Salamanca ¿Por qué no se puede en otras ciudades? ¿Por qué no se intenta? ¿Por qué siquiera no se plantea?

Señor Alcalde, Señor Concejal de Deportes…
¿Le damos un empujoncito a este asunto? 
¿Empezamos a reconocer al deporte abulense su labor social? 
¿Se dan una vueltecita un día por las piscinas cubiertas, por la pista de atletismo, por la Multiusos, por los campos de Sancti Spiritu, por la Zona Norte, por San Antonio? 
¿Ven a toda esa gente montando en bici o corriendo por las calles?
Esos clubes de montaña, de esgrima, de kick boxing ... 

¡Venga! ¡Un empujoncito!

lunes, 8 de febrero de 2016

CAMPEONATO REGIONAL DE CROSS ABSOLUTO. CROSS DE VALLADOLID 2016: UNA CARRERA DE PERSECUCIÓN




Desde semanas antes a la carrera ya veníamos hablando de la posibilidad de tener que abandonar al ser doblados por “el negro”, dicho sea con todo el sentido admirativo de la palabra como paradigma de “el que más corre”. En realidad, en los círculos próximos al club, en los entrenamientos y en el wasap,  solo se comentaba eso: ¿nos doblarían?
Se admitían apuestas.

Y unas cuantas cuentas echamos al asunto, siendo en realidad bien simples, dado el recorrido de la carrera: cinco vueltas de 2 km cada una. El planteamiento era tan sencillo como correr 8 kilómetros en lo que los primeros harían 10; o lo que es lo mismo: dar cuatro vueltas antes de que el ganador entrase en la meta.

Lo cierto es que la inscripción en la prueba nos favoreció de inicio: no había africanos inscritos, es decir, todos los etíopes y keniatas que han recorrido y dominado por completo el calendario nacional de cross no estarían en Valladolid. En este caso los mejores debían ser Lamdasem y Fifa.

Así que ahí estábamos en la salida los cinco representantes del Club Ecosport: Vivi, Alfonso, Jime, Juan Carlos y yo, entre otros conocidos de carreras más o menos recientes. Lo cierto es que yo no veía a ninguno a quien pudiera ganar, así que estaba firmemente convencido que no solo iría a la cola de la prueba, sino que además lo haría destacado. JuanCarlos no me ayudó nada confirmándome en la salida que sería …el … menos joven de entre los inscritos.

En esos términos, la prueba no era correr contra otros parejos a nuestro nivel. No. Nuestros rivales serían Lamdasem y Fifa. Directamente. Un enfrentamiento “cara a cara” en la distancia. Cara a cara … pero sin vérsela. Una carrera de persecución.

Pum y a correr.
Salimos juntos los cinco y Ángel, a quien correspondía el honor de ser el más joven de la prueba. Juntos padre e hijo en un cross de categoría. Ese premio ya me lo llevaba de antemano.
Vivi, Ángel y Alfonso un poco por delante y Jime, Juan Carlos y yo a muy pocos metros dimos a primera vuelta de dos kilómetros.

Sufriendo.

Odio el viento. Ya lo he escrito aquí más veces; si algo odio para correr es el viento. Prefiero que llueva, que nieve, que haya barro o cuestas. Pero que no sople el viento.
Pues … ¡zas!, un viento del noroeste que cada vez que enfilábamos en esa dirección me retenía como clavado al suelo.
En la segunda vuelta se estiró el grupo y yo me quedé solo. De vez en cuando miraba para atrás y veía cuatro o cinco corredores más o menos distanciados. Por delante Jime se me escapaba definitivamente.

No me cabe duda de que cada vez corría más despacio. Para correr contra el viento hay que tener fuerza y yo no soportaba tanto cambio de ritmo provocado por las ráfagas que soplaban en contra. Aún así mantenía el tipo (o lo intentaba al menos, en especial al paso de meta, llena de público) y el puesto.

Y llegó la cuarta vuelta. Mis rivales Lamdasem y Fifa no debían estar lejos … pero tampoco estaban muy cerca, porque ya habría recorrido unos 800 metros cuando escuché la campana que indicaba que ellos entraban en su quinta y última vuelta.
Tampoco podía hacer mucho más que  “oírles” venir. Seguí a mi ritmo, recortando metro a metro la distancia que me separaba del paso por mi última vuelta, que alcancé muy poco antes de que ellos salieran del circuito para disputar el sprint.

Cerca anduvieron… pero no lo consiguieron. Y así afronté los últimos dos kilómetros de carrera, con Juan Carlos muy cerca y otro par de corredores que fueron quedándose por delante, recibiendo los ánimos que, el ya escaso público, pero el más generoso, dispensa a los últimos de la competición.

Entramos en meta.

Los cinco representantes del club habíamos salvado el honor. Cinco veteranos corriendo en el Campeonato Absoluto de Cross de Castilla y León es una apuesta muy fuerte y un tanto alocada. No recomendable. Lo normal hubiera sido salir escaldados, pero nos libramos. Esta vez nos libramos. Hace falta gente más joven en el equipo para estas batallitas.

Y... en fin... se acabó la temporada de cross: Atapuerca, Alcobendas, Cantimpalos, Avila y los regionales de veteranos en Salamanca y absoluto en Valladolid. Suficiente.


Vamos a la ruta. Próxima estación: la carrera monumental de Segovia.

martes, 2 de febrero de 2016

CAMPEONATO REGIONAL DE CROSS VETERANO 2016




El camarero caminaba necesariamente despacio con el plato entre las manos. Seguro que se las estaba quemando, pero ya solo le quedaban dos o tres pasos para llegar a la mesa y depositarlo frente al hambriento corredor. Éste, al ver las dimensiones de la “palangana” repleta hasta el borde de judías, sonrió.
El comer es como el correr, todo es ponerse.

Nueve corredores del Ecosport nos pusimos en marcha en dirección a Sancti Spiritu, localidad salmantina próxima a Ciudad Rodrigo y, por tanto, muy descentrada respecto al conjunto de la región. Allí se celebraba el Campeonato Regional de Cross de veteranos, una competición en la que nos medimos entre iguales, más o menos iguales, porque un veterano de 35 años es, en realidad tan solo “medio veterano” respecto a uno de setenta. Un largo recorrido para los abulenses y mucho más para los de otras localidades, tanto que la participación se vio, sin duda, mermada por el emplazamiento del campeonato. No obstante hay que agradecer a la Delegación de Atletismo de Salamanca que año tras año mantenga su disposición a la organización del evento, porque, de otro modo, ya hubiera desaparecido.

No éramos los únicos abulenses porque del Puente Romanillos también acudieron tres corredores y otras tantas corredoras.

Un calentamiento, confirmación de dorsales en la cámara de llamadas, unas risas, unos pocos nervios –unos más que otros- y disparo de salida.

Unos 80 corredores en un recorrido llano, amplio y bien trazado, con algún pequeño badén y zonas encharcadas que dificultaban algo la carrera. Sigo echando de menos los croses “de antes” con cuestas, con barro y con cuestas llenas de barro, todo junto, de las de correr con clavos del 12.
Seis vueltas, dos a un trazado de 1 km y otras cuatro a otro de 1,5 km.
Una salida sencilla y sin agobios nos coloca en fila a Alfonso, Vivi, Juan Carlos y a mí y por detrás Pepe, Carlos, Mariano, Félix y Guille.
A medida que pasan los kilómetros Vivi y Alfonso se van distanciando, aunque Juan Carlos y yo nos mantenemos cerca uno del otro a lo largo de toda la carrera. Pocos cambios, porque aquí cada uno se conoce muy bien y sabe el ritmo al que puede correr. A media carrera advierten a Juan Carlos que no lleva el dorsal puesto. ¡Ay cabecitas! ¡En qué estaríamos pensando! A poco del final doblamos algunos corredores y vemos a Félix retirado, con molestias en su cadera.

Al final David termina en el puesto 37 (16º en M35), Alfonso el 38 (7º en M45), Juan Carlos el 45 (18º en M35), yo el 46 (5º en M50), Pepe el 71 (11º en M50), Carlos el 76 (14º en M45), Mariano el 78 (1º en M65),  y Guillermo el 85 (15º en M45).

Por equipos quintos en M45-50 y novenos en M35-40.

Destacada actuación de las chicas del Puente Romanillos terceras por equipos y primer puesto para Yolanda y tercero para Nuria en su categoría.

En resumen un podium del brillante primer puesto de Mariano, que en una semana se ha proclamado campeón de España de media maratón  y campeón de Castilla y León de cross. El resto, lo de hablar de cosas que pudieron ser y no fueron, no trae cuenta. Si hay lesionados y ausencias, seguro que en todos los equipos se daría una circunstancia semejante. Fuimos los que pudimos y lo hicimos de la mejor manera posible.
Lo que es indudable es que el club Ecosport tiene potencial de sobra para subir al podium por equipos en las dos categorías y seguramente para algún individual más.
Es cuestión de organización y de objetivos.

Y después … nos fuimos a comer.

Si el plato de judías era como ya os habéis imaginado, el de macarrones era de ración familiar y los entremeses, un plato de embutido para hacernos un bocadillo para todos y cada uno de los miembros del equipo.
Y tras los primeros, llegaron los segundos. Vivi y Alfonso hicieron doble sesión. Si el plato de judías había dejado algo de hueco, ahí estaban  los huevos fritos con panceta (si yo no soy runner, la panceta no es bacon) y patatas. Cuatro lonchas de unos 8 mm de grosos cada una (4 x 8 mm = 3,2 cm de grosor x 18 cm de longitud y 5 cm de anchura, es decir, 288 cm3  de panceta), postre, café y orujo.

Y olé.

Eso es una restauración completa de la musculatura afectada por el cross. ¿Fatiga? ¿Cansancio? ¿Estrés post-competición? Métete una comida de esas características y ya me dirás.


Total:  Fenomenal.



sábado, 23 de enero de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA.


En 1969 Televisión Española comenzó a emitir una serie llamada “La conquista del Espacio”. … “El espacio. La última frontera. Estos son los viajes de la nave Enterprise …” Así comenzaban los capítulos de la serie y ahí estaba yo (sería algo más tarde de 1969… quiero pensar) pegado a la tele en blanco y negro del salón .

Así era entonces lo que luego se convirtió en la saga Star Trek.

Pues bien, en aquella serie yo aprendí cosas tan importantes como la existencia del  telecomunicador (lo que viene a ser ahora un teléfono móvil), el teletransportador (estamos tardando un poquito más en esto...pero el día que lo tengamos a punto ...¡cómo nos lo vamos a pasar!), la de chispas que pueden salir de la consola de mando de una nave atacada por malvados seres de otros mundos, lo muy extraños que pueden resultar estos, la infinita capacidad de supervivencia de los protagonistas de una serie por muy feas (muy muy feas) que se puedan poner las cosas y … lo mejor de todo: que las naves (las que surcaban los océanos en el pasado y las que viajan por el espacio en el futuro) anotaban sus incidencias, si es que las tenían, en su cuaderno de bitácora, una especie de diario de a bordo.

El capitán Kirk no paraba de anotar y de referirse a su cuaderno de bitácora. A mí aquello me fascinaba “cuaderno de bitácora de la nave Enterprise, año 2265…” sobre las imágenes de una nave espacial surcando el infinito …¡Ahhh!

Bueno. Y todo esta historia de nostalgia televisiva … ¿para qué?.

Para justificar que este blog no deja de ser un cuaderno de bitácora que escribe un pasajero a bordo de una nave en compañía de otros tripulantes, en la que pasan cosas… (no tantas ni tan sofisticadas como las que le ocurrían al Capitán Kirk, el comandante Spock, el oficial médico McCoy o el jefe de ingenieros Scotty, pero tampoco este blog es una serie de televisión con millones de seguidores, fans y frikis) ... y, sobre todo, que en el cuaderno de bitácora no ha quedado registrada a su debido tiempo una incidencia más de la noche de San Silvestre 2015. 

Ese día, mi padre completó una nueva edición de la carrera vallecana llevando, como queda reflejado en la foto, una guardia pretoriana de primer orden: sus compañeros del equipo de rugby de Veterinaria, portando el 85, como años anteriores llevaron el 84 y el 83 y con la novedad de la incorporación de Alicia, su nieta (mi hija) que no quiso perderse el espectáculo de la carrera y de acompañar a su abuelo.

Mi padre (que sé que me lee y espero que tome nota) debería escribir algo sobre estas carreras. Por dos motivos, primero porque lo hace muy bien: él escribe, yo solo junto palabras. Y segundo y más importante: si después de una carrera de 10 km a su edad y el cansancio que eso supone no pudo dormir esa noche de la emoción de lo vivido, entonces eso hay que contarlo.

Seguro que Kirk no era el único que anotaba cosas en el cuaderno de bitácora.


¡Ale papá!

viernes, 15 de enero de 2016

ME DUELE EL RELOJ




Cuando mis hijos eran pequeños veían Barrio Sésamo. Todos hemos visto el Barrio Sésamo de nuestra época menos los niños de ahora. Ahora no hay Barrio Sésamo. ¿Qué podemos esperar de las generaciones futuras si no han pasado por el imprescindible aprendizaje de Barrio Sésamo? Ahí lo dejo.

Pues bien, en el Barrio Sésamo de hace quince o veinte años, además de las estrellas Epi, Blas, Coco o Triki, existía Bluki, un personaje grandote, inocentón hasta rozar la tontería y de color azul, y cuya única vestimenta consistía en un chaleco, un reloj y un gorro con una hélice.

A mis hijos les hacía mucha gracia que Bluki dijera que “le dolía el sombrero”. Papá, me decían, ¿A que no le puede doler el sombrero?. No. Les contestaba yo. No le puede doler el sombrero. El sombrero es una cosa y no duele. Le puede doler una mano o un pie, pero no el sombrero. (Atentos,… podría haber profundizado un poco más y haberles dicho que le podía doler el tensor de la fascia lata o la inserción del peroneo… pero un padre debe ser prudente y no anticipar acontecimientos).

Pues bien. Vengo pensando últimamente que podría estar equivocado. Qué pudiera ser que a Bluki, su sombrero le produjera una suerte de dolor no contemplada en el ámbito médico en todo su extensión, física, química o sicológica.

Y ¿por qué pienso eso? ¿Chocheo? Tal vez os preguntareis con cierta pena, sorna o condescendencia. ¿Disfunción sensorial? ¿Pérdida de consciencia sobre la realidad? ¿Alteración cognitiva? ¿Me he dado a la bebida?
No.
 Nada de eso.

Lo pienso porque … a mi me pasa lo mismo con mi reloj.

Si. 
Me duele el reloj.

Ahora sí pensareis que, o bien he perdido el juicio, o me estoy burlando de vosotros. Respecto a lo primero… todo llegará, pero todavía no. 
En cuanto a lo segundo … ¡JAMAS!. Nada hay más sagrado que un lector y mucho más cuanto peor escritor es quien escribe, así que lo que cuento es cierto y verídico. Tal cual lo siento.

Me duele el reloj. Mi reloj. Mi único reloj. En estos tiempos en los que hay quien tiene un reloj para cada cosa, para cada día, para el trabajo, para salir de fiesta, para correr o para ir a la montaña, yo solo tengo un reloj. Y lo tengo desde hace 17 años. 17 años acompañándome en todas mis actividades y sobre todo corriendo conmigo.

Con este reloj he hecho más de 30.000 kilómetros de carrera, unos cuantos cientos de competiciones, miles de series, rodajes, cambios de ritmo … Su cronómetro me ha dado la medida de mi estado de forma. He luchado contra él a brazo partido, como dos titanes, él, implacable, sin ceder una sola décima. Yo intentado correr más para demostrarle que aún podía ganarle.

Hace ya tiempo que este reloj, esta pequeña máquina de la ingeniería japonesa, empieza a fallar. Nada diferente a lo que me pasa a mí. He aquí algunos ejemplos de lo que digo.

La luz. Esa pequeña, pequeñísima bombillita que en tiempos iluminaba toda la pantalla, hace tiempo que dejó de hacerlo. Poco a poco fue extinguiéndose hasta dejar de funcionar. Por su parte, mi vista, otrora potente, empezó a “cansarse” hace unos años. La muy vaga. De manera que tengo que hacer un esfuerzo escrutador por ver qué números pone la pantalla. De hecho tengo que alargar tanto el brazo que no me da de sí, de lo pequeños que quedan los números.

El despertador. ¿Es posible que de tanto llevarlo en la muñeca mi reloj haya acabado por saber de mí cosas que tal vez ni siquiera yo conozca? Si pongo el despertador y no suena (no suena seguro, que nadie piense que no lo oigo) … ¿no será que mi reloj ha decidido que debo descansar un poco más?

El cronómetro. Estoy haciendo series. Pulso para comenzar, arranco, corro y pulso para terminar. Miro (bajo una farola) el cronómetro. Bien.

Segunda serie. Pulso para comenzar, arranco, corro y pulso para terminar. Miro (otra vez bajo una farola) el cronómetro. Bien.

Tercera serie. Pulso para comenzar, arranco … y tengo que parar. El cronometro no ha empezado a contar. Lo manipulo. Pulso una vez, dos, tres … diez, cambio de función, pulso. Pulso. PULSO. PULSOOOOO!!!. Nada. De pronto vuelve a funcionar. Misteriosamente, vuelve a funcionar. Corro y pulso al terminar. Miro (… bajo una farola, ya sabéis) y … horrible, fatal. ¿Por qué? ¿Quería el cronómetro darme un poco más de tiempo de recuperación? ¿Sabía el cronómetro que esa serie iba a salirme fatal y se negaba a colaborar en ese momento de frustración?


Antes o después este reloj dejará de funcionar. Y entonces tendré que buscarle un sustituto. Un reloj con los números grandes, con luz potente, con un despertador consecuente con sus obligaciones y un cronómetro que, inevitablemente, tomará unos tiempos en las series cada vez más alejados de los de su predecesor. ¿Llegará a comprenderme? ¿Será benévolo conmigo? O por el contrario se comportará con la arrogancia de los jovencitos, cruel, despiadado y alejado de toda humanidad como, por otra parte, debería caracterizar a las cosas.


domingo, 10 de enero de 2016

CROSS CIUDAD DE AVILA 2016 MEMORIAL JOSÉ SORIANO



Son muchas las cosas que tengo que contar hoy de esta carrera. Muchas. Pero si hay que empezar por alguna es por Antonio Alonso “Toño”, un corredor del Club Ecosport que está pasando momentos difíciles por una enfermedad. Toño estuvo esta mañana en el cross, porque no podía faltar y porque sus compañeros del club querían demostrarle el cariño y la cercanía que las personas necesitamos en ciertos momentos. Algunos corrieron con su nombre en el dorsal y otros muchos le saludaron y animaron en la meta. Nos dio el disparo de salida, corrió los últimos metros y subió al pódium con los campeones de la carrera. Todos esperamos que el año que viene esté en la línea de salida compartiendo el esfuerzo y en la meta la satisfacción de haber terminado.

¡Animo Toño!.

Este año, orgulloso de pertenecer a este Club, quise participar desde el principio, así que ahí estuve a las ocho de la mañana a ver qué mandaban los que de esto entienden. A poner piquetas, a tirar cinta y a colocar vallas. Si me lo planteo fríamente no se en que parte lo pasé mejor, si en esta primera del montaje o en la propia carrera.

El caso es que a eso de las 11 ya estaba todo preparado (casi todo, que siempre hay algún fleco que rematar)  y era hora de saludar a los amigos y calentar. Y aquí no se me va a escapar esta vez hacer una mención especial a Javier Hernandez y a su blog lasdiezymedia.

Javier … he cumplido. Igual que tú, animando y haciendo fotos como siempre.

Pero si hablo de Javier… tendría que hablar también de toda la gente que me ha animado. Y realmente es mucha. A lo largo de todo el recorrido he escuchado muchos gritos de ánimo de muchas personas y os aseguro que, cuando uno corre en casa, eso es muy bonito. A todos vosotros muchas gracias. Y ya que estamos blanditos, pues vamos a rematar con todos los que me habéis dicho que leéis este blog y ¡que os gusta! … esto si que me hincha de satisfacción.

Y vamos a la carrera. Unos 650 atletas en la salida (y digo ATLETAS con todas las letras porque estoy empezando a aborrecer lo de “runner”, aunque de eso habrá tiempo de escribir en otra ocasión), en un circuito duro, muy duro. No hace falta que tenga cuestas, hay recorridos que las tienen y no son tan duros como este, pero en el Soto, la zona de “la tirolina” es realmente complicada, la hierba alta, terreno blando, irregular, curvas cerradas, badenes … y este año un viento del sur horrible.

Para correr con viento hay que tener fuerza. Sencillamente eso. Fuerza. El viento a favor nunca ayuda tanto como entorpece en contra. El viento arruina el ritmo, descompone la figura del corredor, te “achepas”, acortas la zancada … incluso sicológicamente te afecta saber que vas quince o veinte segundos por debajo del ritmo planteado de inicio.

Y hoy soplaba mucho viento.

Yo salí tranquilo y fui remontando algunas posición, muy cerca de los corredores con los que habitualmente compito, incluso sorprendentemente por delante de alguno de los que nunca gano. Podría decir que hice una primera vuelta decente. En las partes donde nos cruzábamos veía a Angel bien colocado y a muchos otros corredores abulenses en muy buena forma, con Luismi Sanchez Blanco peleando en las primeras posiciones, Diego muy cerca, Eduardo Moreno, José Soriano que hizo una carrera de menos a más espectacular, Diego Nañez, Alfonso, Raúl, Jime … haciendo una carrera muy buena.

Lo malo llegó hacia el kilómetro cinco cuanto me quedé rezagado de mi grupo y solo. Ahí comencé a sufrir más de lo debido y me vine un poco abajo. Perdí algunas posiciones que ya no pude recuperar en el último tramo de carrera. Flojo. Me sentí flojo. Sin la fuerza necesaria para superar la dureza del recorrido.

Aún así acabé contento. Han sido cuatro carreras muy seguidas, desde la de Navidad el día 26, la San Silvestre Vallecana, 88 torreones y este cross. Ahora hay que parar un poco para afinar en las siguientes semanas.

Otra cosa más: Mariano Rodriguez, 82 años y terminando un año más los 8,5 km del cross. Una carrera tiene muchos campeones y este es uno de los grandes.

Y por último hay que volver a los agradecimientos. Este cross lo organiza un club, el Club de Atletismo Ecosport, pero en realidad lo organizan unas cuantas personas del club. Unas personas como cualquiera de nosotros que dejan un rato sus ocupaciones y dedican un tiempo a pensar, a traer, a llevar, a montar, a pedir, a resolver, a ingeniar, a imaginar y a soñar. Y gracias a ellos corremos todos los demás.

Y  en contra de lo que ocurre en muchos clubes, que organizan carreras y lo hacen para sacar un dinero para ellos mismos- para licencias, para material, para viajes o para entrenadores- este club invierte todo ese esfuerzo y todo el dinero de patrocinios en la propia carrera, para que todo el mundo se vaya satisfecho y feliz y que puedan volver al año siguiente. A beneficio cero. A cuadrar gastos … o a minimizar pérdidas.

Compañeros corredores, esas personas se merecen nuestro agradecimiento.


Se terminó la octava edición. Queda bautizada como “la del viento”.



lunes, 4 de enero de 2016

CARRERA 88 TORREONES UNICEF 2016


Tercer año de esta carrera que cada vez atrae más gente y se consolida por una buena causa en el calendario abulense. Y fue una gran carrera.

Podría escribir sobre cómo se desarrolló, el buen ambiente que hubo o el nivel de la prueba.

Podría escribir que fue la primera vez en mi vida de corredor, en casi cuarenta años compitiendo, que nos enfrentamos a un rebaño de ovejas en dirección contraria, un rebaño pequeño, pero todos sabemos cómo son las ovejas: tercas e indecisas y se pueden cruzarse de lado en el último momento, no lo dudan, se cruzan.

Podría escribir sobre esa cuesta que es casi la seña de identidad de la carrera y recoloca y define la clasificación por su dureza.

Podría escribir de muchas cosas más pero …

Resulta que cuando llegué a la meta mi amiga Mar me contó que había corrido un hombre invidente con su perro guía. 
Había corrido la carrera entera conducido por su perro. 
Y que llegó.
Llegó el último. 
Y desde ese momento estoy dando vueltas a que, al menos esta vez, habría que darle la vuelta a la clasificación y empezarla por abajo.

Volví a visualizar el recorrido: los bordillos, los charcos, los baches, las roderas, las piedras, … la cuesta arriba… ¡ la cuesta abajo!, esa bajada en la que hay que poner el pie en el sitio justo porque te juegas el tobillo entre tanto canalillo abierto por el agua…

Ese corredor y su perro han encontrado un rendido admirador. Esas son las cosas que tienen verdadero mérito, sobreponerse a la adversidad y mantener las ganas de salir adelante. Una lección.

Creo que estaréis de acuerdo conmigo que, de haberlo sabido, deberíamos haberle hecho el pasillo de los campeones a su entrada en meta.


Lo dejamos pendiente.


sábado, 2 de enero de 2016

SAN SILVESTRE VALLECANA 2015:"EL QUE NO SE EMOCIONE CON ESTO ES QUE ESTÁ MUERTO"




“El que no se emocione con esto es que está muerto”, escuché a la altura de Cibeles de boca de un corredor situado detrás de mí. Y es que … esto es … La San Silvestre.

Las siete de la tarde. Estamos saliendo del Metro en Santiago Bernabeu. Voy con Ángel. Si me hubieran preguntado hace diecinueve años si me parecía posible que en 2015 pudiera correr esta carrera con mi hijo, hubiera contestado que me encantaría que así fuera, pero que no lo consideraba posible. Y sin embargo … aquí estamos los dos.

Parece que ha pasado mucho tiempo, pero ha pasado muy deprisa. Y lo hemos hecho posible.

Nos vamos encontrando un buen grupo de abulenses, Javier Repiso, Javier Olivares, Luismi Sanchez Blanco, Jorge Hernández Rico y nosotros dos. Calentamos juntos.

Correr la prueba Internacional es como llegar tarde a una fiesta. Según rodeamos el estadio Bernabeu, cientos de personas trabajan en la limpieza, la retirada de vallas, de carpas y de todos los elementos de la organización de la carrera popular. Hay que esquivar máquinas limpiadoras, camiones, saltar por montones de ropa y de botellas. Y sin embargo nosotros no hemos empezado aún.

Nos vamos para la salida. Se nos ha hecho un poco tarde pero podemos colocarnos bastante adelante. Aún tenemos que esperar un buen rato. No entiendo muy bien a qué viene la clase de aerobic que nos están dando dos chicas sobre un escenario y menos aún el concierto de batería que le precede. Esta carrera siempre ha sido eso… una carrera. Solo una carrera. Ni más ni menos que una carrera.

Por fin suena el disparo y salimos en estampida. Los primeros 500 metros son en subida. Se me hacen muy duros. Llego arriba fundido. Me adelanta mucha gente.  Ahora vienen 7500 metros de bajada en los que es necesario mantener un ritmo fuerte. Voy “agobiao”. Por la gente, por el ritmo, por mi respiración, porque me duelen las piernas. Voy todo lo deprisa que puedo y sin embargo me parece que voy lentísimo. Me siento fatal, de esos días que “vas que no vas”. Sigo perdiendo posiciones. No soy capaz de mantener el ritmo de nadie. Me voy hacia la parte izquierda de la calle para correr más desahogado, pero allí no hay señales de los kilómetros, así que no sé cómo voy de ritmo.

La calle Serrano a nuestros pies. Las luces, las tiendas, la gente, los gritos, los flashes de las cámaras, motos de la organización, pancartas, aplausos, las pisadas de cientos de corredores,…Ya se ve al fondo la Puerta de Alcalá. Giramos hacia Cibeles. “El que no se emocione con esto es que está muerto”. Paseo de Recoletos y Atocha. Un pasillo de gente.

Paso el kilómetro 5 y miro el crono y me llevo una sorpresa: 17’54”. ¿Cómo es posible? ¿Solo dos segundos más lento que el año pasado? Hago mis cuentas: estoy por debajo de los 37’ … si sigo corriendo así.

Pero … algo pasa.

En la Avenida Ciudad de Barcelona me desconecto. Estoy más pendiente de la gente que nos anima, del ruido, del ambiente, de la gente que corre conmigo que de seguir a tope. Sigo corriendo, evidentemente, pero he dejado de pensar en la carrera. Si hasta aquí he venido exigiéndome en cada zancada, ahora me doy involuntariamente una tregua.

Y llego a Vallecas. Se acaba la bajada y empiezan los últimos dos kilómetros de carrera. Empiezan las cuestas. Y sufro. Me duelen las piernas. Me obligo a subir a tope, pero si ya en la bajada me parecía que no iba bien, ahora me siento lentísimo. En esta cuesta he hecho subidas memorables, sin que nadie me adelantara y corriendo con mucha fuerza. Hoy me pasa todo lo contrario. Llego al kilómetro 9, pero no quiero mirar el reloj. Voy a hacer el último mil con todas mis fuerzas. Me recupero un poco en la única zona llana y afronto las dos últimas cuestas sabiendo que no queda nada.

El estadio, por fin. La rampa de bajada y … ¡sorpresa! En vez de girar a la izquierda hacia el fondo del campo de futbol … seguimos rectos. Unos segundos de desconcierto… ¡No veo la meta! ¡Está en la recta de enfrente, a menos de 100 metros! Un sprint muy corto y veo el crono … 37’12”… ¡La cagué!

Me hubiera gustado bajar de 37’. Era una barrera exigente pero pensaba que podía conseguirlo.

Lo más sorprendente es …que no me sorprende. Me dejé muchos segundos en las cuestas de Vallecas. Pero a cambio, también recogí muchas sensaciones que siguen alimentando mi predilección por esta carrera. Y, además, tampoco me preocupa mucho. Podré volver al año que viene a cumplir el rito de la San Silvestre. A mi fiesta de Nochevieja.


Quedan más historias que contar; la primera San Silvestre de mi hija Alicia acompañando a mi padre, que volvió a correr y a terminar con sus 85 años, los cambios que está experimentando esta carrera, buenos y malos …

Pero las dejamos para otro día.