miércoles, 24 de enero de 2018

HISTORIAS DEL X CROSS DE ÁVILA. MEMORIAL JOSÉ SORIANO.




A las doce en punto se dio la salida. Con ciento sesenta y ocho horas de retraso sobre el horario previsto. Es lo que tienen las inclemencias del tiempo. Es que se pone a caer nieve y le da por helar y no hay manera.

Igual que hubo corredores a los que no les encajaba la carrera siete días después de lo previsto, por su planificación de la temporada, porque coincidía con otras carreras o por circunstancias familiares o profesionales, la organización también sufrió las consecuencias del retraso. Y sin embargo no se notó.

Yo creo que la carrera resultó un éxito. Aun no siendo imparcial, que no lo soy, creo que no habrá mucha gente que discrepe de este juicio. Es verdad que siempre, o casi siempre, pasa algo que puede desagradar a alguien, cosas puntuales que tal vez sean evitables, pero la mayor parte de las veces son fortuitas.
Encontré cosas muy destacables: primero el buen ambiente que existe en la organización, entre los voluntarios; segundo el hecho de que a medida que pasan los años todo el montaje sea más automático, más rodado, más fluido y tercero que cada vez se incorpore más gente a echar una mano, en particular de los recién llegados al club. 

A las doce en punto se dio el disparo de salida de la carrera absoluta, pero antes volvieron a correr los pequeños, incorporando a esta fiesta atlética a los chavalillos que se inician. 

Vi la carrera a través del objetivo de mi cámara. Y eso cambia un poco la perspectiva. Pero a pesar de la lente que mediaba entre los corredores y yo, a través vuestro volví a sentir lo que solo se siente corriendo.

Os ví disfrutar, sonreír y sufrir. Sentí vuestras ganas, vuestro esfuerzo, la ilusión, la superación.

Ganó Sergio Sánchez. Bien. Solo ganó porque  fue el que más deprisa corrió. Que me perdone, o no, pero entre los más de cuatrocientos cincuenta corredores que llegaron a meta detrás de él hay muchos cuya historia merece más aplausos que los que recibió él como ganador. Él se llevó el premio. Otros tienen mi reconocimiento. Sé que entre 250 € y mi reconocimiento es mejor lo primero. Aún así. Lo tenéis.

Yo solo conozco algunas, pocas, de esas historias … y bien que lo siento, porque seguro muchas merecen ser contadas.
Por eso tal vez este blog empiece a resultar aburrido. Pero a medida que pasa el tiempo,  a medida que voy escribiendo y según voy publicando, son las historias de superación de la gente más sencilla las que me resultan más meritorias, más motivadoras, más elogiables. En definitiva son nuestras historias. De corredores y de no corredores. También de la gente que nos acompaña. Personas que remontan enfermedades graves, accidentes, lesiones duras y prolongadas, recaídas, reveses personales … los golpes de la vida.

Y por eso me emocionó ver a Luis entre el público. Llevaba tiempo sin verle. Pregunté por él hasta que le encontré cerca de la salida. Casi como siempre. En su sitio habitual, solo que esta vez sin chaleco de la organización, más delgado (se le está poniendo tipín de atleta) y bien abrigado. Pero con su sonrisa de siempre y con buen aspecto. Quizá sea una de las primeras personas que yo conociera de las carreras desde que vine a vivir a esta ciudad. Luis ha colocado vallas, cintas, arcos de salida y repartido avituallamiento en todas las carreras que se han celebrado en Ávila y algunos pueblos de alrededor. Y además lo ha hecho independientemente del club que organizara la prueba, lo cual le da un valor importante, sobre todo en esta época en la que parece que cada vez hay más tontería entre gente de distintos equipos o de diferentes grupos de entrenamiento. Algún día me gustaría saber por qué. Luís está corriendo otra carrera más dura y más difícil. Pero le vi fuerte, con ganas y remontando.

Y también me llevé una enorme alegría de ver a Gaspar con un dorsal en la carrera. Gaspar estuvo en el filo. Su corazón aguantó lo justo, pero después de la reparación vuelve a funcionar. Un ejemplo de constancia.

Vi a gente que el año pasado no pudo correr por diferentes problemas (¿Por qué nos lesionamos tanto? … otro día habrá que dedicarle unas líneas) pero que este año estaba de vuelta. Y viceversa. Muchos estábamos al otro lado de la cinta. Muchos. Pero todos con la ilusión de volver a estar dentro de un circuito cuanto antes.

Enorme esfuerzo de Luismi por renovar su triunfo del pasado año. No puedo ser en un año difícil para él y su familia. Enorme la carrera de Borja, de Adrián Bascuñana, de Angel, aunque esté un poco feo que lo diga yo, pero tengo mi derecho a dejar un poco de baba sobre el teclado y de José, rindiendo un año más en el homenaje a su añorado padre. También de Juan, otro chaval del Puente que viene muy deprisa hacia la élite del atletismo abulense a pesar de su juventud.

Mi más absoluta admiración a Jesús “Zipi” por su estilo, por su clase y porque nunca tiene un solo gesto de fatiga en su cara. Podría cruzar Europa corriendo, en lugar de en la moto y no tendría un solo momento que desvelase debilidad.

Para Jime solo tengo elogios. Ganó clavando piquetas y poniendo cinta por tercer año consecutivo. Ganó la apuesta en la que nos retamos en un ejercicio de memoria (nos ganó a los seis que le desafiamos) aún así él pagó  la apuesta y después terminó haciendo un carrerón. No subió al pódium por 22 segundos. Los que se deja uno levantándose cinco horas antes de la carrera para montar el circuito. Y tal vez,por comerse un churro.

Aunque Pepe sí subió y estaba cinco horas y media antes …
Sería por lo del churro.

David, Dani, Rilo, Encabo, Oscar, Teresa, Julio, Alfonso, Pepe, Jorge, Rubén, Maite, Cesar, Alberto, José María, Carlos, Cristina… (en estos puntos suspensivos estáis todos) ¡es que no daba abasto! Seguid así. Seguid corriendo. Luchando cada metro y cada segundo. Esto es lo que nos gusta.


Ya van diez ediciones. Que nadie piense que es fácil alcanzar esa cifra. Supone un esfuerzo para mucha gente, mucho trabajo, mucha coordinación. Por eso creo que, al menos una vez, el mayor aplauso de la carrera se lo merecen los que están detrás de todo este tinglado. Podría dejar aquí sus nombres, pero seguro que me dejaría alguno y sería injusto, así que el aplauso  es para el Club Ecosport y para todas esas otras personas que no son del club pero ayudan como si lo fueran.

domingo, 21 de enero de 2018

CROSS DE ÁVILA. MEMORIAL JOSÉ SORIANO 2018


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Fue una mañana esplendida, de las que uno vive atletismo por todos lados, alegría, compañerismo, trabajo en equipo y una gran carrera de Cross. Yo me lo pasé en grande, tengo que reconocerlo, aunque me hubiera gustado correr por encima de todo, pero cuando no se puede, solo queda tener paciencia. Por cierto que me encontré con muchos corredores en mi misma situación: vivimos una plaga de lesiones.
Tengo mucho que escribir sobre este Cross y poco tiempo para hacerlo. Espero sacar un rato para contar la carrera y que quede constancia de ella. De momento os dejo un enlace con las fotos. 
Como siempre intenté haceros al menos una a cada uno ... no sé si lo he logrado. Pido disculpas a los que no os encontréis. 

viernes, 12 de enero de 2018

LAS CHAPAS: LAS OTRAS CARRERAS DE MI VIDA

Foto:todocoleccion.net



Cuando era pequeño me pasaba el día jugando a las chapas.

Jugaba a las chapas en el recreo, al salir de clase, por las tardes en casa de mis amigos o en la mía y después, en mi habitación o en la cocina de mi casa, terminaba jugando yo solo.

Mis chapas favoritas eran las de las botellas de leche CLESA, doradas, con las letras en negro y un corcho en su parte interior que les confería un peso adicional que las hacía muy estables, abiertas cuidadosamente para que no quedasen dobladas. Nada que ver con las de otras bebidas, como las de Coca Cola, Fanta o mi añorada Mirinda, que incluían un círculo de plástico.

Todas y cada una de las botellas de leche que entraban en casa, una vez abiertas, algo así como una al día, aumentaban mi nunca completa colección de chapas.

Tenía chapas con casi todo el pelotón ciclista y también varios equipos de fútbol.

El proceso de elaboración de uno de aquellos equipos era laborioso. Primero tenía que hacerme con una lista en la que se recogiesen los nombres de los componentes del equipo. Eso que ahora se resuelve con una sencilla búsqueda en Google, entonces no era tan fácil. Tenía que ir buscando en los periódicos las alineaciones o las clasificaciones de las carreras, para completar un listado que me permitiera  reunir un equipo digno.

Después en un hoja de papel trazaba tantos círculos como chapas fueran a componer el equipo y en cada uno de ellos dos líneas paralelas bien centradas en las que se anotaba con letra bien clarita y en mayúsculas el nombre del deportista. La parte superior se pintaba del color de la camiseta del equipo y la inferior como el pantalón. Después se recortaba cuidadosamente para que encajase bien en la chapa y... listo. Formación completa. Con los años, muchas de esas camisetas fueron sustituidas por las caras recortadas de cromos de jugadores, de los “repes” de alguna colección de futbol. Y lo mismo con los ciclistas: el Kas con Galdós, Fuente, Lopez Carril, El Ti-Raleigh, con Kuipers, el Bic o el La Casera…

Y a jugar.

En el patio del colegio se disputaban las carreras. Entre un grupo de compañeros de clase, todo el que apuntase a la carrera, diseñábamos el circuito y con ambas manos unidas por los dedos trazábamos el recorrido que quedaba bien limpio de tierra. Por regla general contenía alguna dificultad: agujeros en los que no se podía caer, piedras en las que tropezar o algún montículo que hiciera las veces de “puerto de montaña”. Cada jugador presentaba un equipo de cuatro o cinco corredores, dependiendo de cuántos fuéramos… y comenzaba la carrera.

“Chapas a la cuneta”, “trasquilón”, “manga”… cada lance tenía su vocablo. De rodillas o en cuclillas, con el bocadillo en una mano y la otra libre para cuando tocase el turno de alguno de nuestro equipo.Así hasta que daba la hora de volver a clase y la carrera terminaba apresuradamente. Muy pocas veces había un ganador. Nunca nos daba tiempo a completar las vueltas previstas.

Por las tardes, en casa era la hora de los partidos de fútbol. Las porterías se fabricaban con cajas de cartón y el balón con el que jugábamos, una esfera cortada en su tercio inferior, era el que daban con algunos productos de Bimbo, junto a unos jugadores de cartón cuya parte inferior se incrustaba en una peana circular de plástico.

Mi primer equipo fue el Atlético de Madrid. Todavía recuerdo la alineación: Reina, Melo, Jayo Calleja, Adelardo, Iglesias, Ufarte, Luis, Gárate, Alberto y Salcedo.

Me duró poco. Mi amigo y vecino Julio decidió que él debía jugar con el Atleti o si no, no habría más partidos. En aras de una pacífica convivencia y de mi afán por seguir jugando, me pasé al Real Madrid. Pido perdón a los atléticos, ya sé que eso no se hace, pero tenía 10 años y mucho tiempo libre.
 Así que cambié a García Remón, Touriño, Benito, Verdugo, Pirri, Zoco, Amancio, Velazquez, Santillana, Netzer y Aguilar.

¿Por qué me acuerdo de las alineaciones? No lo sé. Debí jugar tanto que las tengo grabadas en lo más profundo del cortex cerebral. Allí donde las cosas no se borran y en las que debería almacenar otras cosas tal vez más importantes.

Durante muchos meses mi madre, paciencia infinita como solo la tiene una madre, tuvo que soportar todo un estadio en una esquina de la cocina. Con sus gradas incluidas.

Partido va, partido viene, carrera en el patio del cole o en el Parque Calero, entre medias un día me hice unas chapas de atletismo. ¿Premonición? ¿Un contacto paranormal? ¿Era rarito? ¿Seres de otro planeta? ¿Atletismo? ¿Quién sabía algo de eso entonces?

Recuerdo un verano en el que me pasaba la hora de la siesta (la de  los demás) haciendo correr a mis atletas-chapas. Miu memoria no alcanza a todos ellos pero había dos españoles que destacaban en sus prestaciones sobre por encima del resto: Mariano Haro y Javier Álvarez Salgado. Además estaban Putemans el belga, el británico Bedford, Lasse Viren el finlandes, el americano Shorter... Mis españoles ganaron muchas carreras ...fruto de una sospechosa y bien calcula presión del dedo índice sobre el pulgar.

Por cierto que sobre esto hay variantes que deberían haber sido tratadas en tesis doctorales: el uso del dedo índice o del dedo corazón en el juego de chapas. 

En un armario de mi habitación de casa de mis padres hay una caja verde. En su interior hay más de ciento cincuenta chapas de aquella época. Alguna vez la he sacado, la he abierto y he metido la mano entre las chapas. He sacado un puñado y las he dejado caer una a  una otra vez en su interior, Amancio, Ufarte, Asensi, Mariano Haro, Fuente, Galdós, … mientras se me hacía un nudo en el pecho.

Casi como ahora que lo recuerdo.


martes, 9 de enero de 2018

FASCITIS PLANTAR. UN NUEVO CAPÍTULO: CUANDO UN DOLOR DE PIES NO ES UNA FASCITIS


Los corredores, imagino que todos los deportistas en general, tenemos la imperiosa necesidad de ponerle un nombre a las cosas que nos pasan, a los dolores que tenemos, a las lesiones que nos apartan de nuestra necesidad de correr.

Y los que no tenemos conocimiento alguno o muy escaso de anatomía, fisiología, fisioterapia, medicina, etc, entonces etiquetamos “de oídas”.

Para nosotros las tendinitis, fascitis, bursitis, trocanteritis, periostitis,… itis, itis, itis son un nombre que nos permite indagar en internet a ver qué significa, qué tratamientos hay, qué cuenta la gente sobre ello… También es la forma de compartir con otros corredores que padecen los mismos o similares dolores qué sentimos, qué tratamientos nos han puesto, que médico nos ha dicho esto o aquello, que nos tomamos, qué ejercicios hacemos, que fisio ha obrado maravillas y nos ha puesto como nuevos… y así vamos compartiendo esta parte tenebrosa de nuestro mundo de corredores.

De mi dolor de pies ¿qué os voy a contar que no sepáis? Las entradas más visitadas de este blog giran en torno a ellos. Mi fascitis me ha llevado a conocer un montón de gente que padece esta lesión y a compartir con ellos el sufrimiento de no poder correr. A conocer profesionales de la medicina, de la fisioterapia y hasta casi, casi, de las ciencias ocultas.

Y como mis pies me siguen llevando por “la calle de la amargura” y yo sigo buscando la forma de volverles a reclutar para la causa, resulta que no paro de profundizar sobre mi lesión.

Y lo que ahora me aqueja no es una fascitis. Mi dolor de pies no tiene nada que ver con ello. Es otra cosa. Hace unos días, en la meta de la San Silvestre que no corrí, me encontré con unos cuantos corredores de mi generación. Estábamos todos “en la orilla”, cuando hace años volábamos por la calle Serrano. (Ya lo sé… cosas de edad, me diréis algunos. No entremos en ello otra vez).

Compartiendo dolores, cuando me preguntaron qué me pasaba les describí mi dolor de pies, un malestar que comenzaba en las vértebras lumbares y que descendía por ambas piernas hasta alcanzar los talones y prolongarse por la planta del pie. Resultó que no era el único que padecía de lo mismo. En seguida comenzaron a referirme casos semejantes de gente cuyas vértebras, por el exceso de kilómetros, por la edad o por la razón que fuera, les provocaba dolores semejantes a distintas alturas de las piernas.

Ese es mi actual problema. Un dolor de talones cuyo origen está en la columna.

Me duelen los pies, pero la causa está muy por encima de ellos y, por tanto, el tratamiento también. Es curioso cómo al observar nuestro cuerpo podemos ir relacionando las causas y las consecuencias. Mis pies no soportan que esté parado mucho tiempo  sobre ellos, pero no lo soportan porque la espalda no lo soporta y genera una tensión que se transmite por el sistema nervioso hasta allí, hasta los talones.

Mi espalda a la que nunca he hecho caso. ¿Quién corre con las espalda?

Así que mi fisiotarapeuta  (a quién otro día dedicaré una entrada) está tratándome la espalda. Mis lumbares.

Y esto es lo que me lleva a afirmar una y otra vez cada vez que nos vemos y charlamos, que el cuerpo es una máquina perfecta, la máquina más compleja, fantástica y puñetera que existe en el mundo y que cuando entrenamos, debemos entrenarlo todo, desde la cabeza a los pies, porque todo corre, todo funciona como un perfecto engranaje y si algo falla, el error se transmite. “Por algún lado sale”.

No todos los dolores de pies son fascitis y aunque lo sean, no todas las fascitis tienen las mismas causas y, por tanto, lo primero es conocerlas y después tratarlas, pero tratarlas por un experto, no porque lo diga un video de internet.

Y ahora que lo sé me doy cuenta qué poquito caso le he hecho a mi cuerpo y cuántos kilómetros de más he hecho en lugar de estirar, fortalecer y cuidar esas otras partes que no son las piernas.

Por cierto. Ya he empezado a correr. He empezado mi recuperación.

Un minuto.

Puede parecer poco, pero de 0 a 1 hay mucha más diferencia que de 1 a 2.


Nos vemos pronto en una carrera.

sábado, 30 de diciembre de 2017

ENTRENADOR



Creo que ha llegado el momento.

Hace unos meses tomé una decisión: no volvería a correr hasta que  remitiesen todos los dolores de mi cuerpo. Después de tantos años entrenando con molestias, ahora en las rodillas, ahora en los pies,… llegó un momento en que me planteé no seguir forzando la máquina.

Tengo la certeza absoluta de que volveré a correr, porque lo he hecho siempre y las lesiones que me apartan ahora de la carrera no son terriblemente graves. Tengo la seguridad de que volveré.

Pero entre medias siento que ha llegado el momento de ayudar a otros corredores. Además de seguir corriendo… cuando pueda.

No me atrevo a llamarme entrenador. Sé que es solo una etiqueta, una identificación. Solo si sirve para entendernos, entonces me vale.

Quiero ayudar a otros corredores igual que mis entrenadores me ayudaron a mí.

Voy a resumir brevemente mi filosofía del entrenamiento, mis principios. Decía Groucho Marx: “estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros”. Pues bien, yo solo tengo estos.

Entiendo el deporte en general y el atletismo en particular como una parte más de la formación de las personas a todos los niveles, no solo el físico, sino también a nivel emocional y social, un enriquecimiento integral de la persona.

Entiendo el atletismo como una manera personal de proponerse retos y tratar de alcanzarlos, pero desde la más absoluta limpieza, sin trampas, sin atajos. Nunca he entendido el dopaje en el deporte aficionado, tampoco en el profesional, aunque ahí hay personas alrededor del deportista que se encargan de confundirlo. Nunca he comprendido a quienes atajan en las carreras ni a los que cierran premeditadamente el paso a otros corredores. Corro para alcanzar mis objetivos, mi satisfacción personal, pero compito con otras personas que buscan lo mismo. Hagámoslo juntos, sin perjudicarnos.

Entiendo el atletismo como una ilusión, no como una obsesión. Son dos conceptos diferentes, pero tienen  una frontera común que no debe traspasarse. Hay que mantener la ilusión por conseguir un objetivo, una marca, una clasificación, un campeonato…. Pero no hay que cruzar la línea y obsesionarse con ello. Ahí comienza el peligro. El riesgo de lesiones, de decepciones y de abandono.

Hay que entrenar en función de objetivos. Hay que plantearse objetivos realistas, adaptar un entrenamiento a ese objetivo y tratar de cumplirlo. Y cada atleta decide. No es lo mismo entrenar para bajar de 35’ en 10 km, que para bajar de 40’ o de 50’. El entrenamiento es diferente. La exigencia es diferente. El atleta debe decidir cuánto está dispuesto a dar a cambio de conseguir ese objetivo. Y si hay que entrenar duro, se entrena duro. Pero si no hace falta entrenar duro, entonces se guardan fuerzas, se evitan desgastes, se conservan energías. En definitiva: se cuida el cuerpo para que nos dure más.

El entrenamiento no solo es el medio para alcanzar el objetivo. Salimos a correr porque nos gusta correr. Así que hay que salir a entrenar para disfrutar de ese rato diario de carrera. Esto es muy importante entenderlo, porque si nos gusta correr, entrenamos casi todos los días del año, pero solo se compite unos pocos. Así que hay que sumarlo todo, la ilusión por alcanzar un objetivo con la satisfacción de entrenar día a día, sin que lo primero acabe con lo segundo.
Antes de que haya empezado siquiera a entrenar a nadie ya alguien ha dicho que voy a ser un entrenador flojo.

Bien. Me gusta. Si por flojo se entiende que voy a cuidar a mis atletas, que no les voy a machacar, que voy procurar evitarles lesiones, que no voy a forzarles hasta límites que no tienen sentido… entonces, sí, soy flojo. Serán los propios corredores los que me dirán cuáles son sus límites, hasta donde están dispuestos a llegar para lograr los objetivos.

Hay quien piensa que entrenar de la misma manera que entrenan los atletas profesionales les va a llevar a conseguir sus mismos, o parecidos, resultados. ¡Ojalá fuera así de sencillo! El entrenamiento es un largo proceso en el que el cuerpo va adquiriendo destreza, aprendizaje, habilidad, conocimiento… y ese conjunto de cualidades es lo que nos permite alcanzar nuestros objetivos. No hay atajos.

Todo el cuerpo corre. Cuando entrenamos, focalizamos casi toda nuestra atención en las piernas, en la idea de que son estas las que corren. Y no es así. Toda la musculatura, todo el esqueleto, todos nuestros sistemas están implicados en la carrera. Cualquier disfunción se traslada al conjunto. Somos una máquina perfectamente diseñada para que actúe en armonía y así hay que entrenarla, alimentarla, hacerla descansar y pasar sus revisiones.

Y hay que saber correr. Con demasiada frecuencia nos lanzamos a una actividad sin saber exactamente cómo hacerlo. Correr es lo más natural para los seres humanos, cada uno de nosotros sabemos hacerlo y lo ponemos en práctica de una forma personal, pero eso no significa que lo hagamos bien, con economía de carrera, con un estilo que nos permita minimizar el esfuerzo y maximizar el rendimiento.

Pues bien, aquí estoy. Si puedo aportar algo podemos intentarlo juntos. No soy un experto en la materia. No pretendo ir de listo. Pero creo que después de tantos años en el mundo del atletismo, he aprendido lo suficiente como para tratar de ayudar, tanto a los que empiezan desde coero como a los que llevan ya tiempo corriendo.

Unas cuestiones prácticas.

Si te animas, basta con que me envíes un mensaje por correo electrónico y yo me podré en contacto contigo.


Ve pensando en tus objetivos, es la base de la planificación. El objetivo puede ser sencillamente empezar a correr sin más pretensiones que las de iniciarse en esta actividad y de ahí para arriba, lo que te plantees.

Yo elaboraré un plan e iremos hablando a medida que lo realizas. Tendremos que buscar momentos para, juntos, desarrollar sesiones de técnica, de estiramientos, fortalecimiento, etc, pero eso lo iremos hablando.

martes, 5 de diciembre de 2017

EN EL CAMINO

Imagen relacionada
"ENCINAS Y ESPLIEGO". 2010 ACUARELA DE ANTÓN HURTADO

Brilla el Sol, pero no calienta.
La luz es intensa. Aún queda nieve, casi hielo y la luz es intensa.
Camino concentrado en el ruido de mis pasos, un crujir seco y áspero, rítmico, acompasado con una nubecilla de vaho que sale de mi boca a cada respiración.
Así era también corriendo.
Y basta este fugaz recuerdo para que saque las manos de los bolsillos y sume los brazos al compás de mis piernas y de mis pulmones.
Entonces, casi sin querer, incremento el ritmo. Los brazos, las piernas, los pulmones.
Ahora también siento los latidos.
Así era también corriendo.
Y entonces me obligo a mirar al frente. Allí, a lo lejos, están las montañas. Desde donde estoy puedo ver el camino que recorre los campos hasta acercarse a sus pies, donde se pierde.
Conozco cada tramo, cada recta, cada curva, cada rampa. Los árboles, los cultivos. Reconocería los animales si volviera a cruzarme con ellos. Como aquél lobo. Salió por mi izquierda, a unas decenas de metros y cruzó mi camino al trote sin apartar los ojos de mí, desconfiado, desafiante, hasta desaparecer en el bosquecillo de encinas, no lejos de donde estoy ahora. O aquél jabalí enorme que salió corriendo temiendo de mí, sin detenerse a pensar quién hubiera ganado en una eventual disputa. O las vacas, siempre presentes, las urracas, esperando al último instante para levantar el vuelo escasos metros a mi paso…y las hormigas a las que observaba y con las que me entretenía en las fugaces recuperaciones entre series.
Cruzo un montón de piedras situado al borde del camino. Nadie sabe qué significa. Yo lo puse ahí hace más de veinticinco años ya. Una marca. Una señal. Desde la encina de la entrada  hasta aquí, las series largas. Un día medí la distancia con la bici. Mis series largas no lo eran tanto. Aquellos registros no eran tan buenos. Lo cierto es que nunca me importó.
Llego a la piedra de la curva. Cerca de allí fue donde cayó el rayo. Nunca pasé más miedo corriendo. Todavía queda un rastro en la encina sobre la que descargó. Recuerdo el dolor de oídos y el miedo que me llevó de regreso al coche. El granizo golpeándome en la cabeza, en las manos.
Me siento sobre la piedra.
Así era también corriendo.
Había días en los que no tenía muchas ganas de seguir y esta piedra era el lugar. Una parada y una reflexión. ¿Sigo? ¿Vuelvo? Las más de las veces, esa ridícula obligación de terminar el entrenamiento me forzaba a continuar. Entonces no sabía entender que mi cuerpo me hablaba. Dame un descanso .Para. Vuelve.
Casi nunca entendí el significado de esas palabras casi suplicantes de mi propio organismo.
Hoy sí. Regreso por el mismo camino. Al girar contemplo la otra mitad del paisaje. Aquella parte recorrida de vuelta, sabiendo que el final estaba cercano, que el entrenamiento concluía en veinte, diez, cinco minutos. La encina torcida, el estrechamiento, el montón del dos, la bifurcación, la rodera…
Todo está en su sitio. Entonces me invade una sensación que trato de evitar.
Todo está en su sitio. Todo continúa igual. Ni las piedras, ni los árboles ni los animales encuentran diferencia alguna. Solo yo sé qué falta.

Solo falto yo.

domingo, 6 de agosto de 2017

CARRERA NARRILLOS DE SAN LEONARDO 2017





Tengo en mi estantería una hucha. Es un cerdito-hucha que me tocó hace unos años en el sorteo de la Carrera de Narrillos. Uno de esos regalos que de pronto llegan a tus manos y tú decides si guardarlos, tirarlos, darlos o usarlos. Lo cierto es que pasaron meses hasta que al cerdito le cayó la primera moneda, que tampoco sería de las gordas. Cobre más que níquel.

Pero al poco, según llegaba a casa, esas monedas que las prisas no permitían que entraran en el monedero y acababan saltando en el bolsillo, pasaban a alimentar al cerdito.

Cuando era pequeño solía guardar el dinero en una hucha, pero no tardé en aprender a sacar con un cuchillo las monedas por la ranura. Incluso aún guardo una de ellas (con monedas de 50 céntimos, pesetas y duros) a la que directamente le practiqué un agujero suficiente para que todo lo que entrase pudiera salir en caso de necesidad, cosa inevitable cuando se pretende acabar una colección de cromos.

Ayer fue la carrera de Narrillos de San Leonardo. Muchos niños en las carreras infantiles, cada año más diría yo y unos 150 corredores en la absoluta para recorrer el ya clásico circuito por el pueblo y las cuestas de sus alrededores.

Dominio absoluto de Jorge Blazquez con Hugo Tardón y Luis Miguel Martín completando el pódium y gran carrera de Pedrito y Fran, cuarto y quinto respectivamente. Entre las chicas, Pilar, Longi y Virginia. Por detrás ilustres incombustibles como Zipi, Alejandro, Rilo, Roberto, David, Oscar, Alfonso, Rafa, Raúl… y Vicente.

Ayer reaparecía. Después de muchos meses, tal vez un año sin competir, ayer se volvió a colocar un dorsal. Vicente es de esos corredores que no engaña, que no se esconde, que si está bien y entrenando a tope te lo dice y si está mal y sin entrenar, también. No responde a ese extendido y cansino estereotipo de corredor “ay es que me duele aquí, ay es que no he dormido”. Para lo poco que lleva entrenando ayer consiguió terminar en el puesto 19. “El primero de los gordos”, me dijo en la meta.
Ja.
Ja Ja.

También estaba por allí Alberto, otros años en el pódium y esta vez de obligado espectador pero con la pierna con mejor aspecto. Muchas sesiones de rehabilitación desde hace un mes que le vi. Mucho trabajo y mucho esfuerzo, pero en el camino.

Y también estaba Guille Buenadicha. Correrá más o correrá menos, que hasta ahora siempre es más según su rigurosa contabilidad de marcas, medias, distancias y ritmos (asco de ingenieros), pero Guille tiene el mundo conquistado porque es de esas personas para los que las cosas de la vida solo tienen una cara: la positiva. El resto no entra en la ecuación. Cumplió su programa como quien resuelve la matriz de un endomorfismo de un espacio vectorial en cierta base asociada a la descomposición en suma directa de subespacios invariantes bajo dicho endomorfismo
Plis plas. "A 4’24’’ y además he ganado a XXX". (XXX es su gran y secreto rival). A por la siguiente.

Y me marché de los últimos porque a esa hora en la que ya se va escondiendo el sol, resulta muy agradable charlar con los amigos.

He de añadir un par de cosas. Magnífica organización, como todos los años y muy buen ambiente en el pueblo, volcado con la carrera. Muchas gracias a todos.


¿Y la hucha? Creo que fue hace cuatro años cuando la gané. Lo cierto es que la hucha es bastante fea pero cuando me la dieron me dijeron que era una colaboración con la carrera de una asociación de personas con algún tipo de discapacidad. La voy cebando. Es grande así que tardaré en llenarla. La he cogido cariño así que tendré que darle un destino digno a la fortuna que atesora. De momento no la he profanado, que ya es mucho. 

domingo, 2 de julio de 2017

V CARRERA POPULAR DE MARTIHERRERO


Foto de Avila Runners Team


Había que elegir una. Martiherrero o Riofrio. Y esta vez tocó Martiherrero. Solo fue cuestión de valorar fuerzas y de recordar las cuestas que hay en una y otra carrera.

No fue la carrera en sí lo que más me llenó el ánimo, el espíritu, el alma o el corazón. O como quiera que se llame esa parte que tenemos dentro. Fue algo que ocurrió después.

A pesar de tener que repartirnos entre las dos pruebas, a la misma hora del mismo día, resultó que en ambas hubo una buena participación y buen nivel.

En Martiherrero tomamos la salida en torno a  120 corredores, en un circuito de dos vueltas que no alcanza los seis kilómetros (5,6 según la media los gps de quienes pregunté) y que entre caminos y calles tiene su punto de personalidad. La salida, muy rápida, definió en seguida el grupo de los más fuertes, con Diego López, Luis Miguel Martín, Borja, Ángel y  Alejandro. Un poco más atrás Nano, Sergio y un extraordinario Rafa Comesaña, fortísimo desde el principio lideraban el grupo del resto de corredores.

Encabo, Roberto Moreno y yo fuimos remontando posiciones en plan diesel hasta la última cuesta camino de meta, completando una carrera bastante regular.

Ángel, después de muchos meses sin venir a correr a Ávila terminó cuarto, el puesto que más veces ha repetido y yo el 18º, con mejores sensaciones que semanas atrás aunque las cuestas arriba aún me dejan vacío.

Al llegar, como siempre en estos casos, un refresco un bocado y una charla.

Entonces por delante de mí, a unos metros, entre los corredores pasó Alberto en una silla de ruedas. La pierna estirada sobre un soporte, con la chaqueta de su equipo puesta porque empezaba a refrescar y gafas de sol.

Durante muchos días, desde que me contaron de él, he estado acordándome de Alberto. Y muchas veces he buscado palabras para escribir en este blog algo que poder decirle. Nunca llegué a encontrarlas. Así que ayer cuando tuve oportunidad hablé un rato con él.

Alberto es un chaval corredor y ciclista. Una de esas personas que, como tantos otros hacemos,  encuentran en el deporte una forma de vida: entrenar, salir a competir, tiradas largas de bici, carreras en un rato libre … llegar al límite para ver cómo el cuerpo responde cada vez mejor, exigirse y comprobar que los resultados van llegando.

Hace unas semanas sufrió un accidente con la bici. Bajando Hornos Caleros un coche se le cruzó. Le provocó un destrozo enorme.

Yo no conocía a Alberto. No era capaz de ponerle cara a quien me lo describía, aunque seguro que hemos coincidido en más de una ocasión. Afortunadamente cada vez somos  más  corredores en Ávila y esto aumenta de forma imparable. A pesar de ello, desde que me contaron su accidente traté de tener información sobre su evolución.

Por eso ayer, cuando le vi, me llevé una alegría y aún más cuando charlé con él unos minutos.

A las personas se nos puede clasificar de muchas maneras diferentes. Una de ellas es la forma en que encaramos las adversidades. Hay quien se hunde con ellas y hay quien flota y resurge … a pesar de ellas.

Ayer Alberto vino a ver una carrera en la que hubiera podido correr de no haber sufrido ese accidente. Hay que tener una fuerza mental para hacer eso muy grande, porque le quedan muchos meses de recuperación, de rehabilitación, de esfuerzo para volver al punto donde estaba.

Hay que tener coraje.

Siempre he tenido la certeza de que uno se recupera de las lesiones comenzando por la cabeza. El cuerpo, después, hace su trabajo. La cabeza de Alberto ya está trabajando en su recuperación. Por eso vino a vernos correr.

Fueron tres o cuatro minutos de charla. Fue una enorme lección para mí. Esta fue mi recompensa de esta carrera. Haberle conocido personalmente. El jamón de los ganadores está bien, está muy bien, pero os aseguro que este otro premio alimenta más.

Sigo sin encontrar las palabras que me permitan expresar lo que siento. Pero espero con toda mi alma que llegue el día en que vuelva a ver a Alberto vestido de corredor junto a nosotros en la salida de una carrera. Mientras tanto, en el día a día, que sepa que, además de todos sus amigos y de los compañeros de equipo, hay mucha más gente que estamos con él.


domingo, 25 de junio de 2017

V CROSS DE VILLAFLOR




Faltó el panadero de Santo Tomé de Zabarcos. Podéis pensar que es simplemente una manera de empezar esta crónica. Lo es. Pero no es solo eso. El panadero de Santo Tomé de Zabarcos venía poniendo , en las cuatro ediciones anteriores, unas cajas de dulces artesanos de su mejor trabajo, dulces que alguien como yo, de naturaleza golosa por encima de cualquier otra cosa, atacaba al terminar la carrera con inicial precaución y posterior desvergüenza viendo que, una vez satisfechas las necesidades de todos los asistentes, aún sobraban existencias. 
Así que este año, finalizada la carrera me acerqué a esa bien surtida mesa. No viendo mi verdadero premio de esta carrera, pregunté a las mujeres que con tanta atención nos surtían de comida y bebida (¡ojo!… bebida fría y de poco en poco sacada del arcón para que no se calentase, todo un detalle) y fue cuando me contaron que ha cerrado la panadería.

Lo siento de veras por él, porque imagino que no le habrá quedado más remedio, por vosotros, aquellos que no habéis probado el producto de su horno y … por mí, que me he quedado sin uno de los alicientes de las carreras del verano.

¡Ah! ¡La carrera!

El mismo recorrido de años anteriores, un primer tercio casi llano, el segundo con unas cuestas serias que dejan a cada uno en su sitio y un tercio final casi todo en bajada para los que saben alargar zancada e imprimir ritmo a las piernas.

Lo mejor de todo lo encontré nada más llegar a la plaza de Villaflor: un montón de amigos. A estas alturas, con cuarenta años de carreras en las piernas (…tendría que hacer una fiesta …¿no?), lo mejor es encontrarse con la gente con la que compartes entrenamientos, competiciones, viajes,… 
Y entre ellos estaba Quique. Hacia muchos meses (más de veinte) que no nos veíamos en la salida de una carrera. Así que me llevé una enorme alegría al verle vestido de corto y mucho más intentando seguirle en la primera parte de la carrera, viendo que poco a poco va recuperando la forma y que la lesión de la rodilla ya está casi totalmente superada.

Aún hay gente parada, lesionada o en recuperación, gente a la que aprecio mucho, muy cercana, como Vicente o Chapi, que llevan mucho tiempo luchando por recuperase, a los que me encantaría tener pronto otra vez en las carreras.

Los que me habéis seguido desde el blog sabéis que llevo una temporada de competiciones en las que no he conseguido encontrarme bien en ninguna de ellas y por tanto, no he alcanzado los resultados que perseguía. 
De la última carrera que hice, la Madrid Norte Sur ni siquiera escribí nada. 
Fue otro fiasco. 
El asunto, como vosotros bien sabéis, es tener buenas sensaciones o no tenerlas. Luego las marcas o los puestos vienen como una consecuencia de aquello. Si te encuentras bien, fuerte y con confianza, corres bien. Y si corres bien, haces buenas marcas. Es así de sencillo. 
Tan sencillo como el enunciado en contrario… si no tienes buenas sensaciones …

Y en esta carrera me encontré algo mejor. No viene mal para la moral. Entré en compañía de Luis Carlos y de Roberto. Después de hacer cada uno la carrera por separado, en el último kilómetro acabamos por coincidir  y gentilmente me esperaron para que llegáramos a meta los tres juntos.

Además el calor nos dio una tregua. ¿Imagináis subir esa cuesta con la temperatura del domingo pasado?

La victoria se la llevó Juan Francisco Rodríguez, segundo fue Alejandro García y tercero Roberto López Mayorga. En chicas la primera fue Pilar Álvarez. Hicieron una gran carrera, como Diego Nañez, Rilo, Alvaro, Oscar …

Y después me fui a tomar unas mirindas con mis amigos. ¿Alguien tiene alguna duda del tema de conversación?


Nos vemos en la próxima.

sábado, 17 de junio de 2017

DE OWENS A BOLT. DE MALLORY A JORNET

Expedición británica 1924.

 En muchas ocasiones se ha suscitado, en el ámbito del deporte en general y del atletismo en particular, comparaciones entre deportistas de diferentes generaciones. En el futbol es constante el debate sobre quién debe ser considerado como el mejor jugador de la historia: Pelé, Di Stefano, Maradona, Cruyff, Messi, Ronaldo … no faltan candidatos para un juego sin solución.

En el mundo del atletismo ocurre otro tanto, si bien aquí siempre tendremos el cronómetro de por medio para ordenar todas las comparaciones posibles en una insípida y muy deshumanizada tabla de marcas:  Jesse Owens, Carl Lewis o Usain Bolt.

Nurmi, Zatopek, Bikila, Gebreselassie…

Distintas generaciones, distintas circunstancias.

¿Qué marca hubiera podido realizar Owens en una pista de tartán con unas zapatillas de clavos de última generación, con los métodos actuales de entrenamiento, con la alimentación y los cuidados idóneos para su organismo en un ambiente de máxima competitividad y profesionalismo como el actual?
Zapatillas de clavos de Jesse Owens

Nunca lo sabremos porque nunca podremos calcularlo con exactitud. Pero…¿Importa?
 ¿El Olimpo de los dioses del deporte moderno tiene un número de escaños limitado? 
¿Tiene sentido el debate?

Por lo que a mí respecta caben todos ellos… y mucho más.

Y ¿a qué viene esto?

He seguido con mucha atención la gesta de Kilian Jornet en el Everest: sus dos ascensiones de manera directa desde las proximidades del Monasterio de Rombuk, en la vertiente norte de la montaña, sin suplemento de oxígeno, sin cuerdas fijas y sin paradas en campamentos intermedios. Subir y bajar. Dos veces en seis días. Es algo realmente increíble. La fuerza física y mental necesaria para realizar esta hazaña es un tesoro que poseen muy pocas personas en el mundo. Jornet es uno de ellos, como ya lo había demostrado en la consecución de tantos otros retos que se había propuesto. Toda la ascensión estaba perfectamente planificada y entrenada, con un equipo material absolutamente puntero en alpinismo.

Material con el que Kilian Jornet realizó la ascensión al Everest
Y de pronto buscando entre mis libros me encuentro la narración de la ascensión de Mallory e Irvine al Everest, la tercera expedición británica a la montaña más alta del planeta en su intento de alcanzar su cumbre.

Viendo las fotos que existen de aquella expedición y los relatos de la misma, me dejo llevar por la imagen de aquellos hombres que, en ausencia casi absoluta de un equipo medianamente técnico, con cuerdas de cáñamo, unos aparatos de oxígeno tan pesados como poco fiables, unas botas de cuero con clavos y ropa de algodón y lana de “andar por casa”, fueron capaces de superar todas las dificultades con tal determinación y coraje que han merecido, justamente, un lugar de honor en la historia de la exploración.
Botas de Mallory

Distintas generaciones, distintas circunstancias.

Mallory e Irvine fueron vistos por última vez tras superar el segundo escalón, en el entorno de los 8.600 metros de altitud.

En 1999 el cadaver de Mallory fue hallado por una expedición que rastreaba los cuerpos de ambos escaladores con el fin de encontrar evidencias que pusieran fin a las especulaciones sobre si fueron realmente ellos los primeros en pisar la cumbre la montaña más alta del planeta. A pesar de lo mucho que se ha investigado y escrito sobre el tema, no existe evidencia alguna acerca de si ambos alpinistas o alguno de ellos en solitario lograron pisar la cima.
Mallory y Norton en 1922

¿Es realmente la gesta de Kilian Jornet la hazaña más importante realizada en el Everest?

¿Importa? 
¿Realmente importa esa carrera por ser el primero en hacer algo distinto?

Desde luego merece todo el reconocimiento del mundo del alpinismo, incluso indirectamente también del atletismo puesto que su hazaña también, de alguna manera, está relacionada con el  de las carreras de montaña por su forma de alcanzar la cima.

Jornet acompaña ahora a Tenzing Norgay y Edmund Hillary, a Mallory e Irvine, a Apa Sherpa, a quien muy pocas personas conocen pero es el hombre que más veces ha coronado el Everest, con 21 cimas. A Reinhold Messner, Peter Habeler y tantos y tantos sherpas de nombre desconocido que año tras años se juegan la vida en las expediciones comerciales.

Caben todos y muchos más. Muchísimos más, porque el mérito depende de las circunstancias individuales. Igual que en el atletismo.


Distintas generaciones, distintas circunstancias.