sábado, 6 de mayo de 2017

EL RETO DE BAJAR DE DOS HORAS EN MARATON: 2H 00' 25''

Foto Reuters


Ya pasó. Después de tantas semanas hablando del reto de bajar de las 2 horas en maratón, llegó el día y la hora del desafía Breaking2.

Dos horas cero minutos y veinticinco segundos. Por muy poco no se consiguió. Hasta el kilómetro treinta todo iba según lo previsto, pero a partir del 32 Kipchoge, el único de los tres corredores que mantuvo posibilidades de conseguir el desafío, perdió unos segundos que luego no fue capaz de recuperar.

Y después de todo lo que se ha hablado, mi opinión al respecto no ha variado nada respecto a lo que pensaba antes de que tuviera lugar el intento.

En primer lugar me sigue pareciendo una exageración muy propia del puro marketing hablar de “rozar los límites del ser humano” o de “odiseas de ciencia-ficción”, cuando en realidad lo que busca Nike es, además de la enorme publicidad a nivel mundial que le ha proporcionado el evento (independientemente del resultado), vender zapatillas. Por otra parte, por definición, cualquier record “está en el límite del ser humano”. Por eso es un record.

El maratón de ha convertido desde hace décadas en el reto más asequible dentro de las posibilidades de cualquier corredor popular. Más allá, los ultramaratones, los ironman, los maratones de montaña, exigen un nivel de entrenamiento y de esfuerzo mucho más elevado.

Un maratón está en la cabeza de todo aquel que termina una media sin llegar a su límite. Y por eso, actualmente es “la madre de todas las carreras”.

El desafío “breaking2” ha sido cuidadosamente diseñado para alcanzar el éxito y se han quedado muy cerca, abriendo así una nueva era en la concepción y preparación de las carreras. El empleo de la más alta tecnología, la selección de los atletas, de las liebres, del día y la hora con todos los datos disponibles en cuanto a predicción de temperaturas, humedad, viento etc, la selección del circuito, la alternancia de las liebres, el avituallamiento, el coche eléctrico señalando con un laser exactamente la línea de marca de las dos horas…. Todo, absolutamente todo bajo control.

Y precisamente por eso, me parece bien que la IAAF no homologue la marca.  ¿Qué sería del atletismo si este organismo diera validez al registro conseguido como mejor marca mundial?

Por un lado, los organizadores de competiciones tratarían de replicar estas condiciones para sus carreras, imposibilitando así la participación de muchos corredores que no harían otra cosa que “molestar” la consecución de un posible record por un determinado atleta.

Por otro lado, estas ayudas externas, situadas completamente fuera de lo permitido en el reglamento de la Federación Internacional, estarían al alcance solo de aquellos atletas seleccionados por una determinada marca (hoy Nike) o por un determinado patrocinador, desterrando así la “universalidad” del atletismo, la posibilidad de batir un record en cualquier pista, en cualquier circuito.

Y puesto así, ¿Qué ocurriría ahora si la casa Puma, patrocinador de Usain Bolt, tomara nota del desafío y lo replicara en otra prueba?

Imaginaos una carrera en altitud y con un sistema que permitiera mantener una velocidad constante de viento a favor de 1,99 metros por segundo, con una línea laser corriendo en el suelo frente a Bolt a ritmo de 9’’50 y los mejoras corredores del mundo saliendo desde 90 m o 60 m para “picarle” en su reto, con el tartán de la más alta calidad, las condiciones ideales de temperatura y humedad etc. Imaginaos.

Por último, tengo la seguridad, como la he tenido siempre desde que se habla de este asunto, que las dos horas en maratón caerán. ¿Cuándo? ¿De verdad importa tanto? En 1985 se bajó de dos horas y ocho minutos. En 1999 de dos horas y seis minutos. En 2003 de dos horas cinco minutos. En 2008 de dos horas cuatro minutos y en 2014 de dos horas y tres minutos. ¿No es mejor así?

Al final se bajará de dos horas. Seguro.

El lunes veremos en la bolsa de Nueva York a cómo estas las acciones de Nike. Y en los próximos meses a ver cuantas zapatillas del modelo usado por Kipchoge se venden en las tiendas … y a qué precio.


Por que hoy se trataba de eso … un gran escaparate para vender zapatillas.

martes, 2 de mayo de 2017

XIIICARRERA INFANTIL SAN SEGUNDO: SEMBRANDO FUTURO



Un año más el Club de Atletismo Ecosport organizó la Carrera Infantil San Segundo. Y ya van trece ediciones. En esta ocasión y por segundo año, en el parking del Centro Comercial El Bulevar. La organización estableció un número máximo de inscritos en 600 y se alcanzó la cifra de 594, muy, muy cerca del tope fijado.

Y lo cierto es que de eso se trata, de que corra el mayor número posible de niños, que se acerquen al deporte en general y al atletismo en particular.

A lo largo de estas trece ediciones muchos niños han corrido esta prueba. Algunos ya practicaban atletismo. Otros comenzaron a hacerlo viendo sus posibilidades. Y muchos más lo hicieron simplemente porque les gustaba correr. Y con eso basta.

Algunos de ellos, ya desde muy pequeños, daban muestras de todo el potencial que atesoraban. No puedo citar aquí a todos ellos porque quedaría muy feo dejarme alguno, pero quien haya visto correr por los paseos del Parque San Antonio a Ana Isabel Gutiérrez o a Sonsoles Barba, por poner un par de ejemplos de entre los muchos posibles, sabrán a qué me refiero.

Y además otros muchos chavales que se acercaron al atletismo a partir de esta carrera y han mantenido la actividad incluso ya lejos de Ávila, allí donde continúan sus estudios.

Y de eso se trata. De hacer deporte. Ayer escuchaba una entrevista en la que un actor reconocía la ayuda que le había prestado practicar deporte para superar un momento complicado de su vida.

No hace falta competir, no hace falta ganar, no es necesario “matarse” a entrenar. Basta con intentarlo, superar con paciencia esos primeros días de inadaptación que tenemos siempre que empezamos algo nuevo hasta que creamos el hábito y, a partir de ahí, hacerlo parte de nuestra vida.

Y a correr. 

Una edición más, una carrera más y otra muestra de la gran organización del Club de Atletismo Ecosport. Una magnifica mañana de atletismo.


Sembrando futuro.

martes, 18 de abril de 2017

LAS CARRERAS Y ESA PARTE DE NUESTRA MENTE QUE MEZCLA, SAZONA Y COCINA INGREDIENTES DE ALTO CONTENIDO RADIACTIVO-EMOCIONAL





¿Por qué nos ponemos nerviosos antes de una carrera?
¿Por qué nos ponemos malos antes de una carrera?
¿Por qué notamos dolores o molestias antes de una carrera?

Si somos capaces de entrenar a los mismos ritmos, o casi, a los que competimos, incluso en el colmo de lo incomprensible ¡a ritmos superiores al de competición!, y en los entrenamientos no nos ponemos nerviosos, entonces… ¿por qué sí antes de una carrera?

Respuesta: porque tenemos miedo.

¿Tenemos miedo? ¿A qué tenemos miedo? ¿Y por qué tenemos miedo?

1. Porque pensamos que no vamos a cumplir nuestras expectativas.
2. Porque pensamos que no vamos a cumplir las expectativas de los demás.

Si lo primero es un error, lo segundo es, además de un error, una solemne idiotez.

Las expectativas.
Pon unas expectativas en un platito. Déjalas reposar unos días o unas semanas y te florecerá un jardín de excusas.

Me duele esto, me duele lo otro, he dormido mal, he entrenado mucho, he entrenado poco, he tenido mucho trabajo, los niños no me dejan dormir, he comido mucho, he comido poco, me ha sentado mal la comida, hacía calor y yo corro mejor con frío, hacía frío y yo corro mejor con calor, no hacía ni frío ni calor y yo prefiero que haga algo aunque me da igual que sea frío o calor… algo pero no tanto…

En realidad no les contamos nada a los demás. Nos lo contamos a nosotros mismos. Nos estamos poniendo excusas a nosotros mismos.

Conozco corredores capaces de poner todas las excusas imaginables y muchísimas inimaginables. Y además les he visto repetirlas una y otra vez antes de las carreras a todo aquel que osaba preguntarle, cándidamente, qué tal estaba.

De sobra sabes , y si no lo sabes te lo digo yo, que a los demás les importa poco, muy poco o nada en absoluto lo que te pase a tí. Bastante tienen ellos con lo suyo. Pero nosotros, cada uno de nosotros, necesitamos repetírnoslo una y otra vez. Necesitamos oírnoslo decir. Por si acaso. Solo por si acaso no cumplimos …las expectativas.

¿Qué hacer para evitar entonces tener miedo?

Haz una prueba. Busca una carrera cualquiera y no pienses en ella hasta el mismo momento de la salida. No piensas en el ritmo, en los tiempos de paso, en las marcas. No pienses en nada. Haz tu vida normal. Entrena, trabaja, duerme, come sin pensar en la carrera. No pongas expectativa alguna en ella. Intenta hasta las últimas consecuencias que no te importe nada esa carrera. Simplemente ve y corre.
Y verás.

¿Qué hacer para evitar tener miedo?

Ser sinceros con nosotros mismos. Reconocernos como somos y saber hasta dónde podemos llegar. Admitir que no todos los días podemos estar al máximo, que no todos los días sale la carrera perfecta y que no todos los días vamos a ganar a Nuestro Rival ( así, con mayúsculas, con su nombre y apellido, ese corredor que siempre entra veinte metros por delante de nosotros al que un día, una vez, ganamos y eso nos basta para exigirnos ganarle siempre).

¿Qué hacer para evitar tener miedo?

Olvidarnos de lo que dirán y lo que pensarán los demás porque os puedo asegurar que nadie, nadie, nadie, le dedica más de un rápido vistazo a la clasificación para ver dónde han quedado los demás, a qué ritmo han ido, en qué tiempo han pasado por el kilómetro X.

Y si eso ocurre, si alguien revisa con atención la clasificación, la gran mayoría de las ocasiones lo hacen con benevolencia: “hoy fulanito ha tenido mal día”, “a este le ha pasado algo, no es normal que le saque un minuto”, “menganito no anda fino”… y cosas así.

Y nada más.

Cuando corría en pista, en Madrid, en mi club de juventud, el A.R. Concepción, mi amigo Serafín y yo competíamos en la distancia de 5000 m. Serafín era un gran corredor y lo sigue siendo aunque su tendón de Aquiles es su talón de Aquiles (me perdonáis el jueguecito de palabras). Serafín y yo entrenábamos juntos a diario, especialmente las series. Y yo, sencillamente, no podía seguirle. Daba igual que fueran de 200 o de 1000 metros. Siempre tiraba él y de paso, me dejaba tirado a mí. Y sin embargo en la competición no me sacaba la distancia que, a tenor de los entrenamientos, debería sacarme. Incluso a veces, yo conseguía ganarle.

Eran los nervios. Sus nervios.

Durante muchos años perseguí una marca en maratón. Entrenaba todos los días con esa marca en la cabeza. Hacía cuentas, programaba tiempos de paso, comparaba test realizados años anteriores para ver mi estado real. Y competía. Y no alcanzaba esa marca. Y entonces, lejos de relajarme, me fijaba un nuevo objetivo. Y entrenaba más. Y volvía a hacer cuentas y más cuentas y tiempos de paso y comparaba los test de años anteriores. Y competía. Y una vez más, no lo conseguía. Y vuelta a empezar. Corrí quince o dieciséis maratones así. Siempre con una marca en la cabeza. Siempre con la presión de mis expectativas sobrevolando cada una de las carreras.

Ahora recuerdo aquella época y también la entrada en la meta de muchos de aquellos maratones. ¡Cuánta frustración por algo tan inútil!

Ahora siento que me quité a mi mismo la posibilidad de disfrutar plenamente de aquellas carreras a cambio de algo, de unas marcas, que con el tiempo acaban resultando completamente marginales.


Eran las expectativas. Mis expectativas. Mis errores.

domingo, 9 de abril de 2017

10 KM MEDINA DEL CAMPO



Medina del Campo. Con la cantidad de veces que he pasado por su costado y no haber corrido nunca alguna de las carreras que se celebran allí …

Llevaba algunos días entrenando poco y bastante regular. Me encontraba cansado, con fatiga en las piernas  y un poco desmotivado. Estos días de repentino calor y mucho trabajo no ayudaban a convencerme para salir. Así que la carrera de Medina era una buena oportunidad de retomar la actividad con un  poco más de orden y seriedad. Otro diezmil después de Mejorada, de Laredo, de Pinto ... Podía correrlo, pero sin estrujarme mucho.

Me inscribí allí mismo y regresaba al coche cuando, al doblar una esquina, me encontré con mis compañeros de carrera: Rilo, Miguel, Jesús, Nano, Fran, Adrián M. Moreta y Repi. ¡Vaya grupo!

Antes de empezar a correr ya había cumplido con creces el objetivo: estar entre amigos.

Calentamos juntos reconociendo el terreno y comprobando que, por esta vez, la dureza vendría de un elemento inesperado: los 24º de temperatura a estas alturas  de año. El calor y las cuestas pondrían las cosas difíciles.

Casi 400 corredores en la línea de salida, la mitad para la prueba de 5 km y la otra mitad para los 10 km. Los ocho abulenses juntos en la salida, en un ambiente bastante festivo y con mucho público expectante. Tras el disparo, en seguida dejé de verles. Me concentré en mi carrera, tratando de buscar un ritmo fuerte pero cómodo.

Lo encontré una vez terminada la primera y más exigente cuesta y busqué compañía, algún grupo que me permitiera ir pasando kilómetros sin preocuparme mucho de mantener la cadencia de carrera. Bien poquito me duró. Todos se pararon al completar la primera vuelta. Así que emprendí la segunda en solitario, a más de treinta metros del corredor que me precedía y mucho más de los que venían por detrás de mí. Dificil situación para forzar un poco la máquina. 
Otra vez la subida, la bajada, las afueras, la plaza, … con dolor de piernas y una falta de fuerza que empieza a resultar preocupante.

Llegué. Miré el crono para comprobar, otra vez, que mi segunda vuelta resultó mucho peor que la primera. 
Allí estaban los chicos de Ávila. Unos más contentos que otros, pero después de ver los resultados de la carrera sin motivos para quejarse. Rilo, fantástico, séptimo de la general y primero de su categoría y entrando con él Nano, octavo y cuarto senior, se le escapó el pódium por muy poco. Jesús Arribas el 15º progresando mucho en cada carrera, Adrián el 19º, recién llegado a las carrera y con un futuro muy prometedor por delante, Javi Repiso el 21º con muchos problemas estomacales que le impidieron correr mejor, igual que Miguel Hernando, el 28º y muy perjudicado por el calor. Y para cerrar el grupo, entré yo el 39º y resulta que además fui el primer veterano E.

Me estoy comiendo el abecedario.

Y después vino lo mejor: esas cervecitas (la mía con limón) sentados a la orilla del circuito en el que seguían las carreras de los pequeños, compitiendo con un altavoz que atronaba a nuestro lado, compartiendo charla con estos chicos fue lo mejor de la tarde.


Mereció la pena la carrera de Medina. Volví a comprobar que lo mejor del atletismo es … la gente que lo practica.

viernes, 7 de abril de 2017

10 K MEJORADA DEL CAMPO. PARTE 2:LA CATEDRAL DE JUSTO









Cuando entré en aquel lugar y mientras se me abrían los ojos y la boca, se me encogían la vanidad y la suficiencia.

Hay muchas referencias sobre el esfuerzo en numerosos y diferentes ámbitos de las ciencias, desde la pura física o la ingeniería hasta la psicología. También, lógicamente en el deporte.

¿No es un ingrediente básico el esfuerzo en el deporte? Por muchas cualidades que atesore una persona ¿Es capaz de alcanzar el éxito sin esfuerzo? Los grandes héroes del deporte saben que es así, pero de igual forma, cualquiera de nosotros también lo sabemos. El esfuerzo es nuestro compañero diario de entrenamientos, de carreras y también lo es en cualquier otra dimensión de la vida.

Conocía la existencia de la llamada “Catedral de Justo” en Mejorada del Campo desde hace mucho tiempo. Había leído algo al respecto y probablemente también había escuchado algo en programas de radio. Algún resto de información anidaba en mi memoria.

Así que cuando pasé por delante, en la carrera, no dudé que, al terminar, daría una vuelta por allí a curiosear. No pensé que estuviera abierta y visitable y mucho menos que Justo estuviera en su interior.

Así que cuando entré se me vino encima un torrente de sensaciones.

La primera impresión es de incredulidad. ¿Qué es esto?

Esa pregunta tiene una respuesta inmediata. Nada más traspasar la puerta de entrada hay un panel en español e inglés que cuanta la historia de Justo, un joven expulsado por padecer tuberculosis de un monasterio soriano que regresa a su pueblo en 1961 y comienza la obra de su vida: construir una catedral para mayor gloria de Dios en un terreno propiedad de su familia con materiales que va adquiriendo, recogiendo de vertederos, reciclando o que le son cedidos de fábricas próximas.

Una vez leído el breve cartel uno se gira y comienza a recorrer la nave central. La vista se eleva hacia esa cúpula de tubos inacabada a 35 metros de altura, a los muros laterales jalonados de vidrieras, las columnas, el coro, el ábside, el altar mayor … y una vez establecida la primera impresión, entonces comienzan los detalles, hierros retorcidos, plásticos, latas, ladrillos, piedra, cemento…

Y en medio de esa construcción inacabada, tosca, áspera, ruda, caótica, complicada de entender y de imaginar, entonces es cuando surge un abrumador sentimiento de incredulidad: ¿Todo esto lo ha hecho una persona? ¿Una sola persona? ¿Cómo es posible? Y vuelves a mirar hacia arriba, hacia esa cúpula que ahora parece más simétrica que hace unos minutos, y hacia los muros sobre cuya solidez existen más que dudas, pero que se mantienen en pie desde hace décadas sin asomo de deterioro, a esas torres elevadas a base de ladrillos deformes, desechados, pero en cuya unión solidaria se consolidan los contrafuertes necesarios para la resistencia de la edificación.

El patio, la cripta, la sacristía… varias personas recorren la estancia. Escucho sus comentarios. En ningún caso existe una sola crítica hacia la obra, los materiales, las formas, los acabados… al contrario. Todo lo que se percibe, en un susurro, como si el templo ya estuviera consagrado, es la incredulidad, la admiración, el asombro o la sorpresa del visitante.

Entre los muros aparece Justo. Le miro de lejos. Es un hombre mayor, más de noventa años, pero ni mucho menos es un anciano. Enjuto, nervioso, demacrado, se mueve de un lado a otro con una vitalidad sorprendente.

Pide ayuda. Sabe que no le queda mucho tiempo y para terminar la catedral hace falta mucha ayuda. Ya no es solo el dinero. También hace falta mano de obra. Y ya no esa esporádica de sus amigos o de voluntarios. Queda mucho por hacer, por rematar. Y todo está en la cabeza de Justo. Como desde el primer día.

El esfuerzo. Ladrillos, cemento, hierros, piedra, vidrio, plástico …

El esfuerzo. Kilómetros, series, abdominales, pesas, vallas…

El esfuerzo. La fuerza de voluntad empleada para conseguir un fin.

Un fin.

Un maratón, un ultra, un ironman… una catedral.


¡Una catedral!

martes, 4 de abril de 2017

10 KM MEJORADA DEL CAMPO 2017. PARTE 1: LA CARRERA



FOTO: Runonline


Me fui a Mejorada del Campo a correr un diez mil.

Camino de Madrid por la carretera de El Espinar a las 7:15 de la mañana me pregunte ¿A qué vas a Mejorada del Campo a correr una carrera de diez kilómetros? ¿No tienes otra cosa mejor que hacer?
Pasé sobre el embalse del Voltoya. La luz del amanecer se filtraba por las columnas de vapor que emanaba del agua. Si no hubiera pasado por aquí no lo habría visto. Seguí adelante.

Crucé Madrid y me perdí. Siempre me pierdo porque la chica del GPS de mi móvil se suele distraer con el paisaje. No quise importunarla, así que la pedí un minuto de atención y me llevó hasta una señal. “Mejorada 9”.

Gracias”, la dije. “Puedes seguir a lo tuyo. Ya me apaño yo”.

El GPS ha perdido la señal”, me contestó dedicándome una cautivadora sonrisa.

Llegué con tiempo suficiente para aparcar cerca de la meta, coger el dorsal y calentar tranquilo. Hacía bueno, sol y un aire fresquito que haría la carrera agradable.

Sin atascos en la salida fue fácil coger ritmo. Esta carrera en otro tiempo era muy populosa, en la época del circuito de carreras Joma, donde venía a correr un numeroso grupo de atletas de lo mejor de Madrid y alrededores.

Salí fuerte, aunque en realidad el crono, en el kilometro 1, ya me sugería que no era para tanto. En el 2 y en el 3 me lo volvió a dejar claro: “no vas tan bien como tú te crees, majete”. Mi crono tiene demasiada confianza conmigo. Lleva 17 años poniéndome nota en cada serie, en cada competición. Nunca me ha regalado un solo segundo. Los japoneses son así.

Al poco de empezar a recorrer el kilómetro 4 la calle se empinó. Se empinó mucho. Yo llevaba una cantidad de fuerza suficiente para 10 km llanos, lo llano que puede ser una carrera en Madrid y alrededores. En mil metros de subida la consumí casi toda.

Eran las 10:12 de la mañana. Entonces me pregunté. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te paras? Venías a hacer una carrera formidable, a aumentar tu autoestima, a demostrarte que eres la leche y que vas recuperando ritmo de competición a toda velocidad … y no lo vas a hacer. Estás cagándola.

Miré el crono … “igual ni bajas de 40 minutos, majete”, me dijo para corroborar el razonamiento.

19’30” en el cincomil. Y me queda otra vuelta con su cuesta incluida. Y eso por no hablar de las sensaciones.

Me dolían las piernas y jadeaba como una vieja cafetera. Pero seguí. Ya que estoy aquí, habrá que terminar, me dije. Y volví a recorrer el mismo trazado sabiendo, ahora sí, que la cuesta del 8 al 9 me iba a dejar tieso. Miré el contador de fuerza. Estaba por debajo de la línea roja. Miré el crono… implacable. Se me escapaban los segundos a un ritmo escandaloso.

Terminé. Llegué en la reserva porque, aunque parezca que no, siempre queda un poquito más. Miré el crono … 39’51”. “Listillo”. “Eres un listillo”, le dije. 

Bip, bip, bip”. Me contestó.

“Ya lo sé”. “Yo también te quiero”.


Y entonces me fui a ver la Catedral de Justo. Y allí dentro entendí unas cuantas cosas sobre el esfuerzo. Pero esa historia os la cuento mañana.

sábado, 1 de abril de 2017

II DUATLON POR EQUIPOS CIUDAD DE AVILA





Se ha celebrado hoy la segunda edición del Duatlon por equipos Ciudad de Ávila, organizado por el club Triávila y en el que además se disputaba el campeonato de Castilla y León.

Os dejo a continuación un enlace con algunas fotos de los competidores:

martes, 21 de marzo de 2017

10 KM LAREDO 2017: SILENCIO, SE VUELA

Imagen:el diario montañes


Marzo. Laredo.

Se estaba acercando la fecha y dada la implacable regularidad con la que pasan los días, acabó por llegar.

Viernes por la tarde. Ángel y yo salimos de Ávila. Dos de los veintiún abulenses apuntados a la carrera. Un viaje plácido en el que tenemos tiempo de ponernos al día de nuestras cosas. También de nuestros planes para la carrera. Hablamos de ritmos, de marcas, de tácticas, aun sabiendo que los dos vamos a hacer lo mismo: salir al cien por cien desde el primer metro sin ahorrar nada. Y disfrutar.

Llegamos a Laredo ya de noche. No nos sorprende ver a gente corriendo… ¿Gente corriendo? ¡¡Alfonso y Rilo a cuatro el mil!! ¡A por todas desde el principio! ¡Quién dijo miedo!¡Apurando el último entrenamiento! ¡Comprobando el circuito! ¡Creando el pánico entre los rivales!

Compartimos cena (hidratos, faltaría más) con un nutrido grupo de corredores abulenses en animada charla sobre todos esos temas que aburren hasta la muerte a todos los que no son corredores: las carreras, los marcas, los otros corredores, las zapatillas, los entrenamientos, más zapatillas, la carrera de mañana, fulanito, menganito y zutanito y… más zapatillas.

El desayuno en el Hotel Cosmopol es otro momento importante del fin de semana. Allí está reunida casi toda la élite de la carrera y, entre todos ellos, de mesa en mesa, charlando tanto con los mejores corredores como con los más populares, uno de los más admirados y queridos atletas: Sergio Fernández Infestas, organizando una última salida para “activar” el cuerpo a escasas horas de la competición.

Ese trotecillo de veinte o treinta minutos cuyo objeto depende de cada uno. Activar el cuerpo, aplacar los nervios de la espera, soltar las piernas o compartir un rato con otros  atletas. El caso es estar entretenido esas horas previas.

A los “buenos” se les ve concentrados, metódicos en sus costumbres y muy acostumbrados a ser el centro de atención del resto de la gente.

Y los demás, cada uno a su nivel, casi igual. Aquí se viene a correr o “a volar”, como reza el eslogan de la carrera: SILENCIO, SE VUELA. Porque esta carrera ya tiene el honor de considerarse, entre los corredores, como la más rápida de cuantas se celebran en nuestro país y eso llama a la élite, pero sobre todo, muy sobre todo, llama a todos los corredores, desde aquellos de están muy cerca de los primeros, sin llegar a ser profesionales, hasta los que ansían bajar de una determinada marca.

Si no se hace marca en este recorrido ¿Dónde se puede hacer?
Un trazado completamente llano, sin apenas curvas, a nivel del mar, con un altísimo nivel de competición, en horario de tarde… ¿falta algo?

Falta que llegue la hora, salir y correr.

Y a ello vamos.

Con una hora de antelación ya hay corredores calentando. En seguida la zona de salida es un hervidero de atletas trotando, estirando y compartiendo los últimos minutos previos a la carrera. Y mucha gente tomando posiciones en la salida.

La salida.
Un problema de difícil solución.
Este año, como ya ocurriera en otras ediciones, hubo caídas. Caídas que han afectado tanto a atletas de la élite como a otros de menos nivel.

La salida está organizada en cajones en función del tiempo que cada uno se otorga en el momento de la inscripción. Y cada año hay más control para evitar que la gente se cuele en el que no le corresponde. Pero la calle es estrecha. Y la primera línea tiene una determinada capacidad. Quizá 20. Tal vez ni eso. Y los que no entran en primera línea, están en la segunda. Y lo que no entran en ésta, en la tercera y así sucesivamente. Y si un corredor que quiere hacer 33’ y que en su ciudad sale siempre adelante y siempre está entre los primeros aquí se ve en la quinta fila, entonces comienzan los nervios. Porque uno que corre en 35 tendrá que salir en la décima o decimosegunda línea ¡porque va a quedar por detrás del puesto 200! Y así sucesivamente. Total, que te ves con quinientas personas delante, pensando en salir como una flecha… y resulta que tardas veinte segundos en pasar por la línea de salida.

¿Solución? Comentarios aparte, que los ha habido para todos los gustos, la organización de la carrera tendrá que valorar el asunto. Si han llegado a la decimoquinta edición con este rotundo éxito de participación seguro que es porque saben cómo hacer las cosas, así que esta cuestión sabrán resolverla.

La carrera.
Tras la salida, uno se enfrenta consigo mismo rodeado de multitud de corredores, cada uno de ellos tratando de mejorar sus marcas. 2000 inscritos, 1619 llegados a meta, de los cuales 13 terminan por debajo de los 30 minutos, 78 por debajo de 32 minutos, 178 por debajo de 34, 248 por debajo de 35 ¡que es correr a menos de 3’30’’ por kilómetro!, 747 corredores, es decir, casi la mitad de los llegados a meta, lo hacen por debajo de 40’… esa es la carrera de Laredo. Una lucha contra el crono de todos los que tomamos la salida.

Por eso en Laredo, aunque hay un ganador, también hay muchos, muchísimos corredores que nunca, nunca, ganarán una carrera pero aquí superan su reto. Dicho de otra manera, de la manera que me gusta a mí verlo: aquí hay muchos ganadores. Por eso, entre otras cosas, muchos de nosotros repetimos un año tras otro, porque este ambiente de atletismo no es fácil encontrar en una carrera popular.
Los abulenses.

Veintiún inscritos, pero no todos tomamos la salida. Siempre hay alguna baja de última hora.
Un año más Luismi dio la cara y mejoró sus resultados anteriores, 30’24’’ para terminar en el puesto 20º, asentado definitivamente en la élite de la carrera.

Gran resultado también el de Borja, en el puesto 58 con 31’30’’. Le vi muy bien en la carrera solidaria de Ávila y desde luego, ratificó su gran estado de forma con una marca muy buena.

José Talavera, del Trote Borriquero en el puesto 99 con 32’37’’ , Iván con 33’13’’, Ángel con 34’45’’, igual que Nano. Ismael con 35’29’’, todos ellos en un gran nivel … de los que te permiten estar entre los primeros en cualquier otra carrera popular.

Javier Olivares con 36’04’’ penalizado en la salida al quedarse a ayudar a la gente afectada por la caída.

Juanjo Rilo tremendo marcón 34’43’’. Dani con 36’01 a pesar del tropezón del km 7, Miguel, que salió fatal y acabó fenomenal en 36’13, Alberto con 37’01’’ ex futbolista con una enorme proyección en  el mundo de las carreras, Alfonso con 37’10’’ y unas decenas de clientes más para sus Salming, porque cuando se sabe vender no se desaprovecha un momento. Juancar que después de llevar a Javi Guerra al límite en el rodaje de la mañana aún hizo 38’22’’, Nacho tremendo con 39’41’’ y Guille que a la chita callando y saliendo de un maratón camino de otro se permite el lujo de hacer 40’ 43’’.
(Pido disculpas porque a lo mejor me he dejado a alguien)

Y quedo yo.
Ya me habéis leído en este blog que todos los corredores, para cada carrera, tenemos tres tiempos: el que decimos que vamos a hacer cuando nos preguntan, el que pensamos para nuestros adentros que podemos hacer y el secreto mejor guardado: el tiempo con el que de verdad soñamos: Yo hace tiempo que no los oculto, bajar de 39’, 38’30’’ y 37’59’’. El primero, bajar de 39’ era un tiempo asequible viniendo de hacer 39’30’’ en Pinto. El segundo 38’30’’ era el límite máximo a lo que podía aspirar en mi forma actual y con el entrenamiento que hago. Bajar de ahí era imposible … y sin embargo, soñar es gratis: ¿podría bajar de 38’?

En realidad, la marca era algo secundario. Prefería pasármelo bien, disfrutar del antes y del después de la carrera y, sobre todo, de cada una de las zancadas de la competición. El año pasado no pude hacerlo así que en esta ocasión trataría de hacerlo por partida doble.


Salí con Juan Carlos, al que encontré antes del primer kilómetro. Me encontraba un poco “espeso” pero sabía que estaba corriendo al ritmo que debía. En el km 2 y en el 3 me vine un poco arriba y me puse por delante de Juancar. En ese momento incluso adelanté a Sergio Fernández que acompañaba a Esther Pedrosa en un intento de record. En el km 5 pasamos en 19’15’’. 
Una cuenta rápida me dejó claro que no tenía mucho margen para tratar de estar por debajo del objetivo. Así que … como todo lo que sube, baja, pues me vine un poco abajo. 
Pero entonces, mientras Juancar se me escapaba sin poder remediarlo, Sergio me daba alcance. En ese momento me puse a rueda y conseguí recuperar el ritmo y, para mi sorpresa, mantenerlo. Solo volví a mirar el crono en el km 8: 30’46’’.  Estaría por debajo de 39’, pero ¿Cuánto? Esos dos últimos kilómetros en Laredo son espectaculares. 

Con tanto público animando, con multitud de corredores dejando el último aliento en la carrera y con las fuerzas que aún quedan, ese es el momento de exprimirse. Ese es el momento para el que se entrena. Ese es el momento en el que se gana uno la marca que se merece. Apreté. Y volví a apretar a falta de 500 metros. El crono de la meta marcaba 38’49’’, pero había tardado 19’’ en pasar por la alfombra de salida. Total 38’30’’. Justo la marca que sabía que era mi tope. Entonces … misión cumplida.

Me queda hablar de la post-carrera y curiosear por la clasificación. Lo dejo para otro día.

martes, 14 de marzo de 2017

CARRERA SOLIDARIA AHORA + QUE NUNCA 2017

Foto del polifacético Guillermo Buenadicha


Pasé la mañana del domingo de carrera… desde el otro lado, esta vez ayudando a la organización en lo que fuera menester.
No se cómo se lo pasaran de bien el día de la fiesta El Colegio del Santísimo Rosario, pero el domingo, el día de la carrera solidaria, el ambiente en el colegio era realmente fantástico: niños, madres y padres, profesores y las propias religiosas del centro colaborando en toda la logística de la carrera, repartiendo dorsales, confeccionando la bolsa del corredor, los voluntarios a lo largo del circuito, colocando vallas, resolviendo todos los problemas que inevitablemente surgen a última hora… en fin una fiesta.
Realmente todos los corredores deberíamos pasar un día por “la trastienda” de las carreras para que nos diéramos cuenta de verdad de lo que significa organizar una prueba de estas características. Tal vez así seríamos un poco más comprensivos con los pequeños errores que se pueden cometer. En este blog ya escribí al respecto hace años. 
El caso es que a partir de las diez y cuarto de la mañana los niños más pequeños fueron recogidos en la línea de meta por una profe del colegio y acompañados hasta la salida… algunos ¡realmente pequeños! Tal vez de mayores alguien les pueda recordar que su debut atlético tuvo lugar un domingo 12 de marzo en las empedradas calles de Ávila.
Después de los chupetines llegaron los prebenjamines y los benjamines, cuya fogosidad y entusiasmo es realmente difícil de contener. Solo con la ayuda de algunos padres fuimos capaces de sujetarles un instante para poder dar una apresurada  salida.
Y tras las carreras de los más pequeños llegó la de los “medianos”, los alevines, infantiles y cadetes, un muy numeroso grupo entre los que se mezclaban atletas de los clubes de Ávila con los alumnos de los colegios de la ciudad y del propio centro organizador y un poquito después tomaron la salida las familias. No fueron pocas las que se inscribieron y, desde luego, dejaron algunas de las imágenes más bonitas de la mañana. En particular quiero destacar un hombre  invidente que corrió  con un acompañante y su perro guía. Un ejemplo para los que nos acobardamos en seguida por cualquier inconveniente. Y también una joven pareja que corrieron juntos empujando el carrito de su bebé al que bajaron del mismo unos metros antes de la meta, hasta donde le condujeron para que entrara por su propio (y minúsculo) pie.
Y después los mayores. Casi cuatrocientos corredores en la línea de salida. A destacar la enorme representación de la Escuela de Policía Nacional, volviendo a épocas anteriores en las que su presencia en las carreras siempre era masiva.
Desde el inicio Borja puso tierra de por medio, en un gran estado de forma, no hubo nadie capaz de aguantar su fortísimo ritmo, a pesar de la complejidad del circuito, lleno de cuestas y tramos empedrados. Ya al paso por la primera vuelta su ventaja era muy importante sobre sus perseguidores, Hugo y Luis Miguel, un poco más atrás Eduardo y Alejandro y después Ángel y Diego. Tras ellos una buena representación del Ecosport con Sergio, Jesús, Alfonso… además los clásicos  “Zipi”, Roberto… siempre luchando en los puestos de cabeza en todas las carreras
En chicas Pilar ganó sin oposición con una muy buena representación de mujeres, cuyo número y nivel va en aumento cada competición.
Y al final casi tuvimos que correr en la entrega de premios porque el tiempo empeoraba por momentos sin que, de cualquier modo, desluciera una magnífica mañana de atletismo en nuestra ciudad.

Lo más importante es que se consiguió el objetivo de recaudar una suma importante de dinero para la Cruz Roja y mantener la llama de la ilusión viva para el año que viene.

miércoles, 8 de marzo de 2017

10 KM DE PINTO 2017




En el kilómetro 5 miré el crono. Según lo que marcara estaría sobre el objetivo o no.

Los 10 kilómetros de Pinto era la primera competición que me tomaba verdaderamente como tal desde hace un año. Justo a estas alturas de 2016 me encontraba verdaderamente bien, haciendo buenos entrenamientos y corriendo con fuerza, pero una lesión en la rodilla me dejó parado. Ya no pude correr en Laredo. Después el viaje a Nepal y, al regreso cuatro lesiones encadenadas, me dejaron inactivo hasta diciembre. Cosas del correr.

Después de hacer la Carrera de Navidad, la San Silvestre Vallecana, la carrera 88 Torreones y los croses de Avila y el Regional de veteranos era hora ya de plantarse en una carrera y salir a competir a tope, sin más reservas que las derivadas de la incertidumbre de saber si podría llegar a la meta dignamente o  por el contrario, arrastrando  despojos y alma.

Los 10 km de Pinto era la carrera justa para hacerlo. Coincidiendo en la salida con la Media Maratón de la localidad y además en disputa del campeonato de Madrid de 10 km en ruta, eso garantizaba gente y ritmo en la salida.

Así que a las 9:30 de la mañana, en compañía de mi hijo Ángel, del que me despedí en la salida, con más frio del esperado y un molesto viento racheado, salí a competir.

Objetivo: bajar de 40 minutos.

El primer kilómetro, muy tumultuoso, lo sentí demasiado rápido. No quería mirar el crono porque mi intención era correr todo lo deprisa que pudiera. Y mirar el crono me condicionaba: tanto si iba muy deprisa como si, por el contrario, iba más despacio de lo previsto, no sería muy capaz de modificar el ritmo, así que… mejor dejarlo quieto.
En el kilómetro 2 me encontré con mi buen amigo Raúl Ranz, con el que hice unos centenares de metros. Me encontraba bien, aunque un poco temeroso: ¿No estaría corriendo muy deprisa? ¿Llegaría dignamente a la meta a ese ritmo?

Y así el 3 y el 4… hasta que la incertidumbre me pudo. Al paso por el km 5 no pude aguantar la curiosidad de saber a cuánto iría a mitad de carrera. Así que…

En el kilómetro 5 miré el crono. Según lo que marcara estaría sobre el objetivo o no.

19’15’’. Tantas carreras terminadas, tantas cuentas hechas sobre la marcha… no me resultó difícil saber por dónde andaba… a 3’51’’ el kilómetro. Si doblaba (no he doblado jamás, ni en mis mejores carreras) estaría en torno a 38’30’’. Si pinchaba… tenía un margen de un minuto y medio para cumplir el objetivo.

Quizá mirar el crono me condicionó. Quizá salí más deprisa de la cuenta, quizá una carrera de 10 km todavía se me hace larga para el entrenamiento que llevo acumulado. Sea como fuere, ahí terminaron las alegrías.  A partir de ese momento mi ritmo fue ralentizándose y mis sensaciones haciéndose menos positivas. No llegué a sufrir hasta el kilómetro 8. A partir de ese momento ya solo deseaba terminar la carrera. Se me hicieron muy largos esos dos mil metros finales. Y tanto que lo fueron porque paré el crono en 39’30’’. Es decir, 20’ 15’’ en el segundo cinco mil.

En cualquier caso el objetivo estaba cumplido.

He corrido más de 70 carreras de 10 kilómetros en ruta a lo largo de mi vida atlética. Algún día haré un estudio de las marcas que he realizado sobre esta distancia.

En cualquier caso esta carrera no es una más, es, otra vez, el principio. Espero poder encadenar unas cuantas sin más lesiones. De momento la siguiente ya está en el horizonte: Laredo.


Objetivo… bajar de 39 minutos.