martes, 15 de junio de 2010

SE ACABÓ LA TEMPORADA



La rodilla ha dicho basta. El aviso de la semana anterior al 5000 del Campeonato Regional iba en serio. Una semana después de competir, salí a rodar un rato y me tuve que volver a los cinco minutos con mucho dolor. Así que es hora de parar. Tenía previsto seguir corriendo carreras a la vez que entrenaba de otra manera, con menos carrera y más “deporte alternativo”, pero me parece que no va a ser posible. Creo que debo parar del todo un par de semanas y después dedicarme a mantener la forma lo mejor que pueda a base de bicicleta, gimnasia y elíptica y, si puedo, salir a correr algún día.
El problema de mi rodilla se está empezando agravar “por simpatía” de la otra. Al fin y al cabo las dos han corrido lo mismo y empiezo a sentir las mismas molestias en la izquierda que en la derecha, con la que empecé.
No se me olvida el diagnóstico del médico ni el tratamiento. Tengo muy presente la frase que me dijo respecto a la forma de afrontar el atletismo desde el momento en que me exploró. Mientras me explicaba qué hacer y cómo hacerlo me dijo “sé higiénico en tus actividades”, haciendo referencia a que debía hacer aquello que no me produjera dolor y evitar todo lo que me dañara la rodilla. A lo largo de todo este año he sido muy consciente de ello y he cumplido escrupulosamente con el consejo… en el ámbito del deporte. Pero ¿Qué pasa con el resto de las actividades cotidianas? Pues pasa que si me pongo a jugar al balón con mis hijos, me fastidio la rodilla. Y decidir dejar de jugar con ellos es más difícil que decidir dejar de hacer series.
En resumen. Unos días de descanso y a ver qué tal evoluciona la cosa.

miércoles, 9 de junio de 2010

DE VEZ EN CUANDO PASAN ESTAS COSAS MIENTRAS SE ENTRENA


Perdonadme el vicio, pero me ha gustado esto de compartir mi música.

Lo de hoy es especial. Venid conmigo de entrenamiento. Imaginaos una extensa llanura, praderas sin árboles, algunas vacas pastando. Una vía de tren en el horizonte. Voy corriendo bien abrigado, es invierno y hace mucho frio. El cielo está muy cubierto. Empieza a nevar. El silencio es absoluto. Solo. No hay nadie en kilómetros a la redonda. De pronto comienza a sonar esta canción en mis auriculares. Reduzco el paso, casi me paro. Aprieto las manos contra los oídos para no dejar escapar ni una nota.
Tres minutos.
Vuelvo a correr.
Ha cambiado el día.
He olvidado todo lo que ha pasado esta mañana en el trabajo.
Se me acaba de “resetear” la cabeza.
La música es del grupo tradicional irlandés ALTAN, del disco “Island angel” y la canción "An mhaighdean mhara".

¿Alguien había oído hablar de este grupo? ¿Alguien había oído antes esta canción? ¿Cuántas como esta se perderán sin que tengamos oportunidad de escucharlas?

martes, 8 de junio de 2010

FIREDANCE

Ahora que he dado un paso más en el aprendizaje del manejo del blog, os voy a dar a conocer la música que me acompaña mientras corro. Evidentemente no voy a colgar todas las canciones, porque son muchas, pero voy a intentar que salgan algunas de las que más me gustan y más me motivan a la vez. Esta que aparece aquí, en primer lugar, corresponde a un espectáculo del que ya se han realizado varias ediciones llamado "RIVERDANCE". El primer disco que salió, en 1995 fue un exito rotundo. Mercedes y yo estabamos en Londres e intentamos ir a verlo, pero no fue posible. Años después vinieron a España, pero tuviueron que suspender la actuación de Madrid la misma tarde del concierto. Fue aquél fatídico dia en el que se quemó el Palacio de los Deportes. Otra vez nos quedamos sin verles.
Por fin, el año pasado tuvimos ocasión de ver la actuación en directo. La danza irlandesa es espectacular. Este video precisamente no tiene nada de irlandes. Es la excepción del disco. Se trata de la fusión de la música irlandesa y el flamenco.
Ya sabeis: RIVERDANCE, con música de Bill Whelan.

domingo, 6 de junio de 2010

¿QUÉ PASÓ CON EL 5.000?



48 horas “escuchando” los lamentos la rodilla y ha llegado el momento de tomar una decisión. Es sábado por la mañana y ya no puedo demorar más la cuestión. ¿Cuál es la manera de aprobar un examen? Ponerlo fácil, así que, como el examinador soy yo, esta es la prueba que debo superar: veinte minutos de carrera continua, a ritmo suave y cuatro series de 100 metros fuertes. Si me duele la rodilla no voy a Valladolid. Si no me duele, voy. Resultado del examen: me duele pero puedo correr. Estoy aprobado. Iré a correr.
Domingo 11:25. Línea de salida del 5.000. Seis corredores. Pocos para lo que me esperaba. Isaac Viciosa está del otro lado de la valla. Bromeamos un rato con él. Le pedimos que haga de liebre. Dice que hasta que no cumpla 50 años no vuelve a correr. Por fin los jueces nos indican que nos toca. Somos dos vallisoletanos, dos mirandeses un segoviano y yo. Desde el disparo, el más joven de todos se escapa. Intento seguirle pero no le aguanto más allá de una vuelta y media. Va por encima de mis posibilidades. Los demás se han quedado de inmediato, así que me esperan once vueltas en solitario. Hace mucho calor. Noto que aflojo el ritmo. No quiero mirar el cronómetro porque sé que la información que me va a dar no me va a dejar muy contento. No sufro. No estoy poniendo el corazón ni el páncreas, ni tan siquiera las glándulas suprarrenales, que también estaban convocadas para aportar su granito de arena. Nada. Pasan las vueltas. Mercedes y Ángel me animan a pie de pista. Me dicen que tire, pero no tengo con qué tirar, así que mantengo el ritmo. Quedan dos vueltas y doblo a uno de los corredores. Intento forzar en el último 800 paro no lo consigo. Entro en meta en segunda posición y primero de mi categoría.
¿Era esto lo que esperaba 22 años después? Me respondo con otra pregunta mientras me ducho: ¿Qué pasaría si viera ahora mi serie de televisión favorita de cuando era pequeño, “Perdidos en el espacio” o de algo más mayor “Espacio 1999”? Seguramente me llevaría una decepción tremenda. Sería como descubrir que todos los escenarios eran más falsos que un político, que los guiones eran un aburrimiento, los actores malísimos, etc.
Pues no es lo mismo pero algo así pensé al terminar. Este 5000 no era como un 5000 de los de antes. Faltaba mi gente del club y sus gritos en las gradas, mi Serafín de compañero, mi lucha por hacer mejor marca o mínima para un campeonato, mi pelea por dar unos puntos a “La Conce” y ganar al Canguro, al Marathón o al Moratalaz. Faltaban esas cosas y muchas más.
¿Decepcionado? No. En absoluto. El tiempo pasa y me considero un privilegiado por haber podido repetir la experiencia. Sé que otros muchos hubieran deseado hacerlo y no han podido, así que no puedo ni debo ni quiero quejarme.
Otra cuestión es la competición en sí misma. Siguiendo una de mis “máximas”, “se compite como se entrena”. Sé que sin hacer series en pista, sin forzar la máquina, sin hacer velocidad, no se puede competir en pista. Es una osadía. Conclusión: la carrera de hoy. Podía haber estado dando vueltas hasta la noche a la misma velocidad, porque he corrido el 5.000 igual que un 10.000 y, si me apuras casi la media marathón. Lento. Muy lento. Sin chipa, sin cambio.
Aún así gané mi categoría. Posiblemente si hubiera corrido alguien que me apretara un poco, algo más hubiera sufrido. Pero dar once vueltas solo sin que nadie te apriete o sin que nadie te sirva de referencia es un poco complicado.
Una cosa positiva es que para la próxima vez que corra ya tengo algo por lo que pelear: batir mi marca de la “Segunda Era”
Bueno y a todo esto ¿Y la rodilla?, os preguntareis. Pues la rodilla muy bien. No me ha dolido. ¿Por qué? Pues sencillamente porque he corrido más despacio que las series del otro día en las que sí forcé. A esta velocidad mi rodilla y yo somos tan amiguetes.





jueves, 3 de junio de 2010

MALDICION

15 de Mayo de 1988. San Isidro. Fiesta en Madrid. Estadio Vallehermoso. Se celebra la Copa de Madrid de atletismo. He estado cuatro años (¡cuatro años!) sin competir, recuperándome de mi lesión de rodilla, de mi segunda operación, dedicado más a los estudios que al atletismo. Pero he vuelto. Han cambiado muchas cosas durante este tiempo. Mucha gente ha abandonado por diferentes motivos. Mi club “La Conce” ya no es lo que era. Pero estoy de nuevo en la línea de salida de una carrera de 5000 metros en pista. Mi prueba favorita. Tengo las mismas sensaciones que hace cuatro años y se cómo se corren estas carreras: a tope desde el primer metro, aguantando el ritmo hasta el límite de las fuerzas y agonizando en las dos últimas vueltas. Diez minutos después de la carrera estaré de nuevo como una rosa, aunque diez minutos antes pareciera estar a punto del colapso. Así son las pruebas en pista.
Disparo de salida. Busco referencias de ritmo, pero estos rivales no son los habituales. Sufro, lucho y llego a la meta sin reservas. Me he quedado lejos de mi marca, pero he vuelto. No tardaré en estar de nuevo a mi nivel. ¿No tardaré?
¡Qué poco sabía yo entonces si tardaría o no! Han pasado 22 años y no he vuelto a competir en una pista de atletismo. Después de aquel 5000 no hubo otro. Fueron pasando los años y me dediqué a las carreras populares y al marathón, relegando la pista y olvidándola como parte del pasado, de otra época.
Dos años atrás volví a pensar en correr en pista, participar en el campeonato de España de veteranos, aprovechando que se celebraba en la misma localidad donde pasaríamos las vacaciones. Y, como si de una maldición se tratara, una fascitis plantar prolongó el desencuentro.
Hace unos días decidí que era el momento de intentarlo de nuevo. Este domingo, 6 de junio se celebra el Campeonato de Castilla y León de veteranos, así que le pedí al delegado de mi club que me inscribiera en el 5000.
Realmente no he entrenado nada para correr esa prueba, pero me da bastante igual. Quiero competir en pista. Así que voy a hacer cuatro series de mil fuerte y así cojo confianza.
Único entrenamiento de la semana: cuatro series de mil. Primera 3’ 26’’. Bien, me encuentro fuerte. Segunda 3’ 27’’. Bien, voy a forzar un poco más. Tercera 3’ 24’’. Bien, la última a tope. Salgo fuerte, paso el 500 en el mismo tiempo que las anteriores, cincuenta metros más adelante noto un fortísimo pinchazo en la rodilla derecha. ¡Aquí estas de nuevo! Solo doy un paso más. Me quedo cojo. No apoyo apenas la pierna, pero no pienso. Dejo la mente en blanco. No valen lamentaciones. Ya no. Ya sé lo que es esto y lo que significa. He estado siete meses corriendo y compitiendo. He hecho una media marathón, una carrera de montaña. Le he pedido a mi rodilla más de lo que debía y me ha dado carrete hasta hoy. Me he quedado a 450 metros de terminar el entrenamiento que me llevaba a la línea de salida de mi 5000.
No he descartado intentarlo, aunque durante todo el día he estado “conectado” a la rodilla y sé que no debo hacerlo. Pero la decisión la tomaré en el último momento. ¿Será posible que aquél 15 de mayo de 1988 corriera mi último 5000?

lunes, 31 de mayo de 2010

LA CARRERA POR EL MONTE DE LAS NAVAS


Extraordinaria. Ahora, con el paso de los años, recuerdo que las carreras con las que más disfrutaba eran los” crosses”, es decir, lo que en sus orígenes se llamaba el cross country, o lo que es mismo en versión española: campo a través. El necesario espectáculo que se exige al deporte de alta competición fue desvirtuando ese concepto y el cross comenzó a disputarse en hipódromos, en parques urbanos o en circuitos donde la topografía resultara favorable a la instalación de cámaras y la toma de imágenes amplias. Se acabó el correr “campo a través”. Años después (la cabra tira al monte) fue necesario dar un paso adelante que, como en muchas otras ocasiones, suele ser mirar atrás y ver qué se hacía hace años (ya sabéis, las modas que siempre vuelven) y se inventaron las “carreras de montaña”, algunas llevadas al extremo de subir por los lugares más abruptos y descender por los barrancos más empinados. Afortunadamente hay organizadores que mantienen la cordura y trazan el recorrido por caminos forestales o senderos más o menos regulares.
La carrera de las Navas del Marqués se enmarca dentro de esta categoría. Es un circuito magnífico para correr, aunque tiene subidas y bajadas de fuerte pendiente y también una zona de terreno muy irregular, verdadero campo a través.
El día fue excepcional. A las 10:30 de la mañana estábamos unos 250 o 300 corredores en la línea de salida, sin atascos, sin agobios, cediendo el paso en la línea de salida a los que se reconoce como más fuertes. Unos metros por el pueblo y en seguida entramos en el pinar, cuesta arriba continua y ya en fila india. Me sitúo tras un grupo de unos diez corredores que marchan juntos. No puedo darles alcance aunque en la primera bajada seria me alegro de ello porque necesito mucho terreno para ver donde pisar. El sendero está lleno de piedras sueltas y raíces de árboles que lo cruzan. Raúl Ranz (un día os hablaré de él) se adelanta en la bajada. Literalmente se tira como un kamikaze. Los que marchaban por delante de mí se me han escapado aún más. Intento recortar terreno porque el año pasado algunos se perdieron por el monte y puestos a repetir, prefiero ir acompañado. Me junto con Vicente, que sufre un bajón y subimos juntos hacia el pueblo. Otra fuerte bajada nos lleva a las calles y desde allí sufrimos juntos el tramo de más dureza del recorrido. Vicente tira de mí. Uno a uno damos alcance a todos los del grupo delantero. Entramos en el robledal, donde el terreno se vuelve muy irregular. Hay que ir muy atento a donde poner el pie. Estamos en la última parte del recorrido, llano y en suave descenso hasta el pueblo. Vicente y yo llegamos juntos a la meta. Una gran carrera. Estoy muy contento. He disfrutado muchísimo. En la meta los de la Cruz Roja tienen trabajo, hay torceduras de tobillo bastante serias. Luis Carlos del Caso sufre una de las más severas. Se torció el pie en la primera bajada y ha aguantado toda la carrera. Ahora que se le ha quedado fría la articulación tiene mucho dolor. Lo mismo le ocurre a una de las chicas que ha corrido en nuestro grupo.
En la plaza nos vamos agrupando los corredores a comentar la carrera. En general todos estamos satisfechos. Nos hemos juntado gente de Ávila, Segovia, madrileños de la capital y también serranos de Guadarrama, Cercedilla … que no se pierden una. Chusmari PIedelobo, Oscar, Pakele, Joaquín, Alejandro, Raúl… Mucho clásico de las carreras. También está Carlos Velayos con su cámara de fotos a inmortalizar el evento (el dia de antes se dió un paseo de ¡9 horas corriendo por la sierra!). http://elblogdeuncorredorpaquete.blogspot.com/
Queda apuntada para el año que viene.

viernes, 28 de mayo de 2010

UNA CARRERA POR EL MONTE

Hace ya 19 años me vine desde León a Ávila a trabajar en sus montes. Mi primer destino dentro de la provincia fue una sección territorial en la que nos correspondía la gestión de todos los montes públicos situados un ficticio triangulo con vértices en Barco de Ávila, Peguerinos y Arévalo. Dentro de ese territorio se encuentran los montes de Las Navas del Marqués, donde trabajé unos cuantos años en la mejora forestal de los mismos. Cortas, regeneraciones, tratamientos selvícolas, ordenación, repoblación, señalamientos, ocupaciones, deslindes… términos bastante ajenos para la mayoría de la gente, pero que forman la parte esencial de mi profesión y que me llevaban al monte de “El Alijar” y a la “Dehasa Boyal” de las Navas del Marqués con relativa frecuencia.
Después cambié de Sección y me centré en las repoblaciones, así que dejé de visitar montes arbolados y me dediqué a arbolar baldíos, con lo que no volví por las Navas en unos cuantos años. Precisamente a repoblar las pocas zonas que quedaban sin árboles en el término municipal.
Así las cosas, cuando hace dos semanas me enteré que se celebraba una carrera en esta zona y vi el trazado, no lo dudé. ¿Qué mejor forma que recorrer los montes que al trote por sus pistas?
El domingo por la mañana volveré. La carrera se disputa sobre un trazado de 10.900 metros con unos cuantos desniveles pronunciados y salida y llegada en el pueblo. Volveré a ver los pinos y robles del monte y tal vez tenga tiempo de adivinar algunos de los que se plantaron hace 15 años de acuerdo con mis proyectos. Y aunque no olvide que se trata de una competición e intente ir todo lo deprisa que pueda (ya sabéis, correré “con todo mi corazón y todo mi páncreas”), no dejaré de ir mirando a ambos lados del camino para reconocer las zonas que hace tiempo recorrí con otro objetivo.

domingo, 23 de mayo de 2010

UNA APROXIMACIÓN BASTANTE INÚTIL DE INTENTAR DE EXPLICAR LO INEXPLICABLE.

Mi amigo y compañero Juan Carlos (que estemos en distinta trinchera no quiere decir que no compartamos el mismo objetivo profesional, que puede resumirse en que en este país haya más árboles) dice que no nos entiende a los corredores.
Juan Carlos no es corredor, aunque bien podría llegar a serlo. Tal vez a él ni se le pase por la cabeza y se palmotee la barriga como gesto de abandono ante lo imposible, pero conozco casos mucho más inesperados que se han convertido incluso en maratonianos.
Juan Carlos dice que no entiende el esfuerzo, el sacrificio, el objetivo que perseguimos…
Yo no creo ser capaz de explicarlo, pero sí puedo intentar aproximarme un poco e intentar darle una respuesta.
Todas las personas necesitamos tener una afición, una ocupación, un “algo” que nos permita complementar el resto de las actividades cotidianas de la vida, el trabajo, la familia, etc. Algunos se apasionan con el futbol, por ejemplo, y necesitan todos los días una ración de su equipo. Cuando hay partido es fácil, cuando no lo hay, se mueve el banquillo. Lo saben bien los periodistas deportivos y en eso basan su trabajo. Otros se apasionan con el cine, con la literatura, con la montaña, con los coches, las motos, el mus, el coleccionismo de las cosas más diversas, la televisión, las revistas del corazón, las revistas del páncreas etc. Y a otros muchos nos da por hacer deporte. Unos juegan al tenis, otros nadan, montan en bici o comparten la actividad en grupo en deportes de equipo. Y llegamos a los corredores. El deporte más sencillo de practicar. Se puede hacer en solitario y en cualquier lugar: se pueden encontrar en las revistas e internet casos de personas que se han preparado en plataformas petrolíferas, en barcos etc, pero no creo que nadie supere a un amigo mío que entrenaba alrededor de una mesa de billar mientras preparaba oposiciones.
Y Juan Carlos insiste ¿Qué os lleva a semejante extremo?
La respuesta es la misma que le daríamos a alguien que preguntara por qué escalar una montaña de 8.000 metros, por qué cruzar el océano atlántico en solitario en un velero, por qué lanzarse en ala delta desde un acantilado. Pero también es la respuesta si nos preguntaran por qué hacer 3000 kilómetros en coche para ver a “atleti” disputar una final en Hamburgo, por qué comprar todos y cada uno de los productos con figuras o naves de la Guerra de las Galaxias o por qué perseguir a Hanna Montana durante sus tres días de estancia en Madrid.
¿Cuál es la respuesta? Hay varias formas de llamarlo según la intensidad: afición, pasión, “frikismo”…
En el caso del atletismo hay un elemento más y es la dependencia que el cuerpo adquiere con el tiempo de la práctica del ejercicio. Si un corredor está habituado a salir a diario y de pronto no puede hacerlo (una lesión, etc) se vuelve insoportable. Y no es una cuestión exclusiva de la cabeza, es también una reacción fisiológica. Es decir, los corredores necesitamos correr por un doble motivo: porque nuestra cabeza nos lo pide y porque nuestro cuerpo lo necesita.
Muchas veces esa doble vertiente de nuestro “yo”, digamos para simplificar “cuerpo” y “alma”, no están de acuerdo: el cuerpo está cansado y pide descanso y el alma (la cabeza) exige entrenar. Si ese día no salimos a correr, el cuerpo lo agradece (“¡ya era hora de que me dejaras descansar!”), pero la cabeza “ronronea” con cierto disgusto (”¡Mañana te enteras!”)
Entonces ¿Es un esfuerzo correr? ¿Es un sacrificio? Si. Es un esfuerzo y un sacrificio. Y más cosas. Pero tiene compensaciones. Yo diría que tiene múltiples compensaciones. No soy capaz de encontrarlas y resumirlas todas, pero he aquí unas cuantas:
- el esfuerzo realizado durante los entrenamientos permite adquirir una fuerza de voluntad muy útil para cualquier otro ámbito de la vida.
- la satisfacción de comprobar que eres capaz de asumir retos y alcanzar los objetivos, a pesar de que las dificultades.
- la capacidad de llegar a conocerse uno mismo, saber donde están tus límites.
- el conocimiento de tu propio cuerpo. (¿Alguien sabe del músculo “piriforme”? Espera que te duela tres días y verás de su importancia).
- el afán de superación. Los corredores siempre queremos más. O menos. Me refiero a correr más deprisa o lo que es lo mismo, hacer menos tiempo en las carreras.

Llegado aquí creo que esto es una aproximación bastante inútil de intentar de explicar lo inexplicable.
Juan Carlos: No me hagas más preguntas. Ponte unas zapatillas y sal a correr. Date dos semanas para superar el dolor de piernas, las agujetas y el sabor a sangre en la garganta. Si lo consigues, encontrarás las claves por ti mismo.

lunes, 17 de mayo de 2010

MEDIA MARATHÓN DE AVILA 2010

En el kilómetro tres. Foto de TODIRO (¡Gracias!)

Son las diez de la mañana. El Grande tiene un aspecto estupendo. Hoy hay atletismo en Ávila. Calentamiento suave, saludos a los corredores, muchos de ellos los habituales de aquí, pero también de otras provincias, ya que se celebra el Campeonato Regional de la distancia.
Salida cuesta abajo. Después volveremos por estas mismas rampas. Según se hayan medido las fuerzas se harán más o menos agónicas. En los primeros compases de la carrera ya se definen las posiciones con los africanos en primer lugar. Delante de mí a treinta o cuarenta metros veo agrupado “el Senado” de Ávila: Chusmari, Jime, Encabo, Alfonso, formando un numeroso grupo (¡Vaya carrera que hicieron los amigos!). Yo me quedo más atrás con Oscar, Roberto Piedelobo, Luis Carlos y un segoviano. Tengo muy claro que no debo forzar. Por más que me gustara ir con ellos no les aguantaría más allá de un par de kilómetros. Queda mucha carrera y voy a intentar respetar mi plan: pasar “los 10” en 39’.


La zona llana del recorrido por el sur de la ciudad se hace cómoda. Caen los kilómetros, aunque es difícil asegurar al ritmo al que vamos, porque los puntos kilométricos no están bien puestos. Oscar se marcha por delante. Llegamos a las primeras cuestas de la Avenida Juan Pablo II. Tercio de varas. El castigo es duro y las piernas se resienten. Kilómetro 8. Queda mucha carrera. Hay que mantener el ritmo, aunque ahora cueste el primer sufrimiento. Llegamos al parque San Antonio Terreno llano. Roberto se ha quedado atrás, solo somos tres en el grupo.


Kilómetro 10: miro el cronómetro 38:48. Voy sobre el plan previsto. Comienza el segundo tramo duro de la carrera, casi tres kilómetros de subida continua. Tercio de banderillas. Mis compañeros de viaje están más fuertes y se me van. Sigo su estela y voy adelantando corredores, pero ya marcho solo. Por fin giramos y lo que acabamos de subir toca bajarlo. Imprimo un ritmo más fuerte en un intento, un tanto inútil, de cazar a mis antiguos compañeros. No lo consigo pero sigo ganando puestos.


Kilómetro 15, vuelvo a mirar el tiempo: 58:47. Se mantiene en pie el plan. Enfilamos hacia los bomberos donde el reten de guardia anima. Julio está entre ellos y me exige. Debería estar aquí corriendo. Por detrás me atrapa un madrileño y me pego a él. Creo que puedo seguirle, aunque va un punto por encima de mi ritmo, pero ya solo quedan cinco kilómetros y tal vez sea hora de darlo todo, corazón y páncreas incluidos. Entramos de nuevo por el parque San Antonio. Todo bajada hasta el Adaja. Me anima mucha gente. Así ha sido durante todo el recorrido y no saben todas las personas que lo han hecho lo que agradezco sus palabras. A la altura del Centro de Congresos noto un dolor muy fuerte en la cadera. Apenas puedo lanzar la pierna izquierda hacia adelante. Me sonrío y pienso “tiene guasa esto del cuerpo humano. Nunca sabes por dónde se te va a descoser”. Estoy en el puente y solo queda subir. Tengo fuerzas para hacerlo, pero prefiero reducir algo la marcha y no castigarme mucho. Me alcanza un corredor, pero en la puerta del Rastro yo he recuperado mis fuerzas y le adelanto para llegar a la meta en 1h 23’ 39’’ y en el puesto 38.
y… ¿la rodilla?. La rodilla ha respondido perfectamente. No me ha molestado nada. No he notado dolor ni me ha impedido correr como he querido y como he podido. ¿Seré una nenaza llorona? No lo sé. Pero lo que tengo claro es que si entrenando como entreno, sin machacar nada en absoluto, puedo correr en estos tiempos, creo que me merece la pena, en el intento de prolongar la vida útil de mis materiales todo lo posible.

He terminado muy contento por varios motivos. Primero por el ánimo de la gente. Es muy agradable ser reconocido y alentado en tu ciudad por tanta gente y con tanto cariño. Segundo por el tiempo: El otro día pronostiqué que podía estar en torno a 1h 24 y me pasé toda la semana pensando que había sido un poco osado. Pero lo hice aún mejor, quince segundos mejor. A estas alturas mi cuerpo y yo nos conocemos como si lleváramos toda la vida juntos. Tercero por las sensaciones: He acabado con fuerza y no me he exprimido a tope por temor a una distancia que se me antojaba muy larga, pero la he vencido. Cuarto: he subido al pódium y eso siempre es un estímulo. Quinto: de resultas del evento queda para la historia que soy subcampeón regional de media marathón de mi categoría (V45-50). Quede claro que en la región debe haber no menos de diez rivales de ese grupo de edad que me hubieran ganado. Sexto: mientras Mercedes no pueda correr todo esto queda ensombrecido.

Resultados:
http://www.laister.es/general.pdf

viernes, 14 de mayo de 2010

ACONTECIMIENTOS VERDADERAMENTE IMPORTANTES

Dos acontecimiento relevantes para evitar "el día de la marmota":
Primero: Esta mañana he tenido que quitar la nieve del limpiaparabrisas del coche antes de arrancar. 14 de mayo y así andamos. Hace un frio que pela y yo en zapatitos y chaleco, cuando a esta temperatura, este invierno, llevaba mis botas y jersey de a dos centímetros de grosor.
Vistas así las cosas me he tenido que meter en el armario de cuerpo entero a rebuscar algo de ropa de abrigo para correr, por lo menos mis guantes.
Segundo: hoy, después de casi dos años, me he vuelto a cruzar con mi amigo el zorro. Estaba más viejo -el tiempo pasa para todos- y más lento. También más gordo, síntoma que la crisis no le ha afectado en absoluto. Esta vez no se ha parado como otras veces. Ha seguido su camino hasta desaparecer entre unas rocas, no sin antes girar la cabeza y regalarme una de sus sonrisas. Me ha parecido intrerpretar un "hasta la vista, amigo" dibujado en su afilado hocico, pero estaba lloviendo y tal vez las gotas hayan distorsionado el gesto. Siempre ha sido bastante reservado y se ve que la edad le ha vuelto más prudente.
Seguro que nos volvemos a ver. Campeamos por el mismo territorio.